Por Sandra Clemente, @sandra_clemente, Periodista. En colaboración con European Campaign Playbook

¿Quién fue el ganador y qué consecuencias políticas tiene?

El socialista António Costa ganó las elecciones legislativas en Portugal, tras haber alcanzado una histórica mayoría absoluta, en concreto 117 de 230 de los diputados del Parlamento nacional.

Con este resultado, el actual primer ministro podrá llevar a cabo sus políticas sin depender de sus antiguos socios, el Bloco de Esquerda (BE) y el Partido Comunista Portugués (PCP), los cuales estuvieron entre los grandes afectados de la noche electoral, pasando de 19 a 5 y de 12 a 6 diputados, respectivamente.

La contundente victoria no la pronosticaba ninguna de las encuestas antes del día de las elecciones, las cuales daban un empate entre el Partido Socialista, de centro-izquierda, y el Partido Socialdemócrata (PSD), de centro-derecha y el otro gran partido del sistema político portugués que se quedó con sólo 76 diputados.

Aviso a navegantes: una de las anécdotas del sistema de partidos portugués es que el nombre de los partidos políticos no suelen corresponderse con lo que significan en otros países europeos y en los Estados Unidos.

El otro gran vencedor de la noche electoral fue André Ventura, líder de Chega, el partido populista y de ultraderecha, tras pasar de 1 a 11 diputados, convirtiéndose así en el tercer partido en número de diputados.

En la derecha, también hay un ascenso muy fuerte del partido Iniciativa Liberal (IL), cuyo nombre hace justicia al ideario, de uno a ocho diputados.

A la izquierda del tablero político, el partido ambientalista Pueblo, Animales y Naturaleza (PAN) pasó de cuatro a un diputado y el Livre, que se autodenomina izquierda verde europeísta, mantuvo un diputado.

¿Qué temas formaron parte de la campaña electoral?

Lo más interesante es empezar por lo que se quedó fuera de la campaña: la Unión Europea y la política exterior, especialmente el escenario de guerra inminente en Ucrania.

La feroz campaña electoral jugó un papel decisivo en los más de 30 debates televisados entre los distintos mandatarios, con elevados índices de audiencia. El debate más intenso fue el que sostuvieron António Costa y Rui Rio, presidente del PSD, y que pareció decisivo para hacer girar a una parte del electorado hasta este último candidato. Al menos así lo decían las encuestas de los días siguientes que daban al PSD por delante del PS.

La bajada de impuestos fue un tema recurrente, con los socialistas defendiendo, de forma prioritaria, el descenso del impuesto sobre las personas físicas (IRS) y el partido de centro-derecha defendiendo la bajada del impuesto de sociedades (IRC) como medida urgente.

También entró en el debate la subida del salario mínimo, el modelo de sanidad (totalmente público o con colaboración público-privada), la sostenibilidad de las cuentas de la seguridad social, la emigración, el tamaño y el rol del Estado en la economía o el cambio climático, entre muchos otros. Al tratarse de un sistema semi-parlamentario, una parte importante del debate giró en torno a la política de alianzas.

Por un lado, el PSD acusó al Gobierno de querer repetir la coalición que lo había derribado, repitiendo una receta fallida; por otro, el PS acusó al PSD de querer formar una coalición con la extrema derecha. Rui Rio aseguró no aliarse con el partido de extrema derecha Chega y que haría viable un gobierno de minoría socialista, si este fuera el partido más votado.  Todo esto se complicó cuando António Costa prometió abandonar la política si perdía.

¿Cuál fue el mensaje electoral ganador?

Como dijo una mujer entrevistada la mañana siguiente al día de las elecciones en un café de Lisboa, “después de la pandemia, la gente quiere la paz”. Y sí, este era el gran dilema de esta elección: ¿Los portugueses querían estabilidad o cambio?

La respuesta fue clara: optaron por la estabilidad al dar a su primer ministro un mandato más amplio para continuar con su agenda política, sin cortapisas por parte de sus socios.

¿Qué ocurre ahora?

El Presidente de la República portuguesa hará una ronda de conversaciones con los partidos representados en el Parlamento y, teniendo en cuenta los resultados electorales, nombrará al primer ministro. Suele nominar al líder del partido más votado, o con más diputados, y esta vez no debería ser diferente al nominar a António Costa, secretario General del PS y primer ministro del país desde 2015.

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