Por Sebastián Rodríguez, @sebastianrodpe,

Consultor político Fundador de European campaign playbook

La tarde del domingo 24 de abril estuvo llena de una mezcla de emoción y nerviosismo en Francia y el resto del mundo. Europa fue la ganadora de la noche electoral en Francia ya que los resultados revelaron una cómoda victoria para Macron con el 58,2% de los votos. Una victoria que fue recibida con alivio tanto en Bruselas o Berlín, como en los Campos de Marte.

El contexto en el que se desarrollaron las elecciones en Francia proporcionaba un terreno fértil para la narrativa nacionalista-populista de Le Pen: aumento en el costo de vida de todos los franceses, salida de una recesión inducida por una pandemia global, una transición hacia una economía más verde y más justa y, finalmente, una guerra en el continente.

Y, sin embargo, Macron presentó la candidatura más europeísta de la historia de Francia, favoreciendo propuestas que siempre son difíciles de transmitir, como una mayor cooperación e integración con la Unión Europea.

Esa misma noche, el primer ministro populista esloveno Janez Janša sufrió una derrota electoral, coronando así una mala noche para los anti-europeístas. Todo esto sugiere que el nacional-populismo se encuentra en una trayectoria descendente en todo el continente, pero aún quedan desafíos por delante.

Por lo tanto, ¿qué lecciones debemos seguir los pro-europeos tanto en Francia como en el resto de Europa?

1 – Continuar construyendo coaliciones electorales

En Francia, la atención se centra ahora en las elecciones parlamentarias de junio. Las elecciones presidenciales pasadas han demostrado que la política francesa está profundamente dividida en cuatro sectores distintos: el grupo liberal liderado por Macron, la extrema derecha liderada por Le Pen, la extrema izquierda liderada por Mélenchon y el bloque de los que decidieron no ir a votar.

Esta fragmentación de la política hace increíblemente difícil obtener una mayoría en el parlamento. Por lo tanto, es crucial para la estabilidad de Francia y el progreso de la integración europea que se evite lo que los franceses llaman “cohabitation”, es decir, la con vivencia institucional entre un jefe de Estado (Macron) y un jefe de gobierno (de la mayoría parlamentaria) políticamente antagónicos.

La creación de una coalición entre La République en Marche y otros partidos pro-europeos permitiría el avance de numerosos programas de la UE y mantendría la respuesta europea común a la invasión rusa de Ucrania.

El uso de coaliciones pro-europeas ha surgido en muchas áreas del continente. El ejemplo más reciente fue en las elecciones generales eslovenas, que tuvieron lugar la misma noche que las elecciones presidenciales francesas. Un grupo de líderes políticos y partidos de ideología verde y liberal se fusionaron para formar un nuevo partido político, el Movimiento de la Libertad (Freedom Movement). Plantearon durante la campaña una plataforma pro-europea, verde y democrática. Freedom Movement logró ganar 41 de los 90 escaños en el parlamento. Este resultado puso fin al mandato del primer ministro conservador populista. No es una receta infalible, como se pudo ver en las recientes elecciones en Hungría, pero sirve como guía sobre cómo las coaliciones pro-europeas pueden funcionar.

Ampliar la base electoral: el voto rural

Macron logró ganar todos los grupos de edad con un apoyo particularmente fuerte en los grupos de edad 18-24 y 65+. El voto rural estuvo igualmente repartido, mientras que Macron ganó cómodamente en los principales urbanos. En París, por ejemplo, Macron obtuvo más del 85% de los votos.

No es un problema nuevo. En su libro “La France périphérique», publicado en 2015, el geógrafo Christophe Guilluy destacó la creciente brecha entre París y las ciudades ricas, por un lado, y, por otro, los pueblos pequeños y las comunidades rurales en declive. Identificando las tensiones políticas asociadas, Guilluy anticipó el ascenso de los chalecos amarillos y su protesta contra las élites parisinas.

Es por tanto crucial que los partidos pro-europeos reconozcan que existe un problema para transmitir su mensaje a los votantes que viven fuera de las grandes ciudades. Esta población tiene la sensación de estar siendo ignorada por las élites y percibe que su vida no ha mejorado por la pertenencia a la Unión Europea y del fenómeno de la globalización.

La lucha por el voto rural es, por tanto, clave si los partidos europeístas quieren seguir siendo una fuerza creíble en la política nacional. ¿Cómo conseguirlo?

En primer lugar, los partidos pro-europeos y sus líderes tienen que pasar más tiempo en las regiones rurales y menos tiempo asistiendo a eventos de think tanks en sus capitales.

En segundo lugar, es necesario priorizar los problemas que afectan directamente a este sector de la población, como la falta de oportunidades laborales, la despoblación o la necesidad de mejores infraestructuras.

Por último, es necesario explicar cómo la Unión Europea está i­mpactando positivamente a nivel local, ya sea creando nuevos puestos de trabajo o invirtiendo en agricultura sostenible.

Un ejemplo cercano es el de España, donde el gobierno de coalición creó un ministerio para el “reto demográfico” con el objetivo de devolver a esos lugares olvidados de la llamada “España vaciada” su protagonismo y así evitar que la población en estas zonas den su voto al partido de extrema derecha, VOX.

Luchar contra el abstencionismo

Tres de cada diez electores franceses decidieron no acudir a las urnas el pasado 24 de abril. De hecho, Córcega tuvo la participación más baja de cualquier región metropolitana francesa con una abstención de casi el 40%.

El hecho de que Le Pen ganara en las áreas donde hubo una menor participación sugeriría que la extrema derecha consiguió movilizar a sus votantes. También sugeriría que posiblemente la extrema derecha haya alcanzado su punto álgido en Francia.

Por lo tanto, es fundamental que los candidatos y partidos pro-europeos convenzan a sus votantes de votar para proteger la democracia y evitar que nacionalistas y populistas tomen el poder en Europa. Una mayor participación electoral no solo beneficiará a los partidos políticos pro-europeos, sino que también contribuirá a la legitimidad de las elecciones y a avanzar los valores europeos de democracia, libertad y Estado de derecho.

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