Entrevista a Roberto Starke, Socio Director en Diez-Infomedia y Fundador de StarkeLabs.

Tras más de tres décadas dedicado al mundo de la consultoría corporativa y política, con decenas de empresas nacionales y multinacionales y candidatos y funcionarios en su lista de clientes, Roberto Starke decidió separar ambas actividades y formar hace un año y medio en Buenos Aires StarkeLabs, una consultora dedicada en exclusiva a la consultoría política. La intensidad de la vida política de Argentina y del resto de países de la región durante este último año, ha confirmado que fue una buena decisión y le ha vuelto a demostrar que la consultoría política es una profesión que se aprende con la experiencia porque “es mucho de arte y poco de ciencia”.

Por Inés Royo, @inroyo

El pasado 27 de octubre se celebraron elecciones legislativas en Argentina para renovar la mitad del Congreso y dos tercios del Senado. Las elecciones tuvieron lugar bajo la sombra del “fin de ciclo”, el “fin del kirchnerismo” o “el fin de la era Cristina”. ¿Está Argentina realmente en un fin de ciclo?

Después de diez años lo que muestra la opi­nión pública es cierto cansancio en torno a la figura de Cristina Fernández de Kirchner y el kirchnerismo en general. El kirchnerismo es un movimiento que nace con Néstor Kirchner y sus seguidores, los K, están intentando que sobreviva cuando acabe el mandato de Cristina y las próximas elecciones presidenciales de 2015. Ya se están empezando a plantear dos temas fundamentales: la sucesión de la Presidenta, ya que ella no puede ser electa por tercera vez, y una transición de poder muy complicada. Hay varios factores que no acompañan al kirchnerismo como hace 6 o 7 años, como una economía pujante o una coalición política sólida alrededor del lide­razgo de Cristina. Esa coalición está “haciendo agua” hoy en día, entre otras cosas porque la cuestión económica deteriora la lógica de gobierno y la gobernabilidad. Por ello, el pe­ronismo (el movimiento de gobernadores e intendentes que han acompañado a Cristina en los últimos años) comienza a percibir que se acerca el fin de ciclo.

¿Qué es el peronismo?

El peronismo es un movimiento con visos históricos muy fuertes que no tiene una definición concreta. Dentro de esa coalición se incluyen muchas personas de diferentes sectores que, en general, se reúnen alrededor de la idea de que el país puede ser go­bernado por ellos, debe ser gobernado por ellos y son los únicos que deben gobernarlo. El peronismo es una cultura política en torno a una serie de valores, estilos y conductas que gran parte de los políticos argentinos han adoptado. Se pueden llamar radicales, socialistas, neoliberales, pero todos ellos pe­ronistas porque se parecen en estilos, en conductas y en valores.

A pesar del clima de fin de ciclo, aunque perdió apoyos en lugares clave, el Gobierno mantuvo la mayoría en ambas cámaras, ¿cómo interpreta estos resultados?

Los resultados de las últimas elecciones muestran el cansancio de los ciudadanos pero la principal conclusión es que ni la oposición ni el oficialismo ganaron ni per­dieron las elecciones. Yo diría que salieron los dos bastante bien parados. El Gobierno mantiene sus mayorías, aunque más estrechas, pero las mantiene, y eso es algo muy importante para los últimos años de gobierno. Y la oposición ha logrado avanzar en los distritos más importantes (Capital, Provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza), las zonas urbanas más pobladas del país. De esta elección han surgido dos grandes grupos: la oposición, con más votos que antes y con muchos liderazgos, y el oficialismo, con también muchos votos pero un solo liderazgo. Sin embargo, ese liderazgo único hoy está en duda y se plantea el gran dilema político que es la sucesión de Cristina.

En Argentina casi tres meses antes de las elecciones se celebraron elecciones primarias (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias –PASO) para elegir a los re­presentantes de cada partido o coalición. ¿Realmente funcionan y son útiles?

Las primarias en términos teóricos suenan muy bien pero en la práctica han demostrado que se transforman en una primera vuelta que determinan la segunda, la elección definitiva. Las tendencias de la primera suelen confirmarse o aumentar en la segunda, como ha ocurrido en las elecciones del pasado octubre en relación a las primarias de agosto. Las PASO por ahora no terminan de ser muy funcionales para la democracia y, en general, no dan o no brindan el resultado que se esperaba.

Desde el punto de vista comunicativo en las últimas elecciones se generó un gran debate acerca de la necesidad de regular la información compartida en internet o en redes sociales. Muchos candidatos han sufrido una fuerte campaña negativa online y otros se han “saltado la veda” de los dos días previos a la elección. ¿Es partidario de una regulación para los nuevos medios?

Creo que la regulación de las redes sociales es casi imposible. Hoy las redes sociales cons­tituyen la forma que tienen los ciudadanos de informarse y participar (no sólo votando el día de la elección). Tratar de encorsetar esa realidad me parece artificial y no creo que tenga ningún resultado concreto. En la ac­tualidad, se regula la campaña externa pero en redes sociales, suponiendo que haya interés de regularla, va a ser inútil. Las redes sociales se han convertido en Argentina en una herramienta fundamental para la política que obliga a los consultores a actualizarse, lo que supone un aprendizaje riquísimo.

La figura de CFK

Cristina Fernández de Kirchner tiene una imagen a nivel nacional e internacional de mujer fuerte, líder, con ideas claras. ¿Es realmente así?

Cristina tiene un liderazgo establecido muy firme. Los argentinos teníamos una expe­riencia pobre con respecto al ejercicio de la presidencia por parte de una mujer tras el gobierno de la esposa de Perón, Isabel de Perón, quien llevó adelante un gobierno en los 70 mediocre que desencadenó en el golpe del 1976 y la posterior dictadura. Cristina, en cambio, ha tenido a lo largo del tiempo un liderazgo mucho más claro, presencial y activo y se ha convertido en un punto de inflexión dentro de los liderazgos en Argentina. Esto es algo innegable, puede gustar o no Cristina, pero es un líder muy interesante. Se ha convertido en una mujer que conduce un proyecto de poder, que lo ha desarrollado con relativa eficacia en términos personales y me parece que, en general, es una mujer que reúne rasgos muy interesantes desde el punto de vista de la comunicación.

¿Es comparable al liderazgo de su marido Néstor Kirchner?

En mi opinión es más interesante que su marido. Néstor Kirchner era un hombre de cultura peronista, Cristina no lo es tanto, es una mujer que ha planteado sus dife­rencias con el peronismo desde el principio aunque forma parte de él y cree en él. Un sesgo ideo­lógico fuerte, junto con lo comunicacional y su control político firme, le han permitido gobernar con una presencia fuera de lo común y polarizando a la sociedad. Un sector de la población la adora y otro la odia pero, pese a los resultados de la última e­lección, le siguen acompañando un 30% de los ciudadanos. No sabemos cuánto tiempo la seguirán pero Cristina tiene hoy un tercio de la masa electoral a su favor. De acuerdo en que dos tercios no la acompaña en estos momentos porque están cansados o hartos, pero en su día puede que también la votaran. Gran parte de los argentinos sienten que es hora de cambiar y oxigenar el ambiente político. Por eso se habla de que el ciclo de Cristina se está agotando lo que no quiere decir que la vida política de Cristina se vaya a agotar.

Durante casi mes y medio, en plenas e­lecciones, la Presidente ha estado convaleciente por una operación grave. ¿Qué ha supuesto está “ausencia”?*

(*La entrevista fue realizada varios días antes de que la Presidenta se reincorporara a su actividad)
La enfermedad de Cristina supuso un importante traspié en el oficialismo. La ausencia de Cristina al frente del gobierno durante más de un mes mostró el enorme desorden que se produce cuando no tienen al líder. La au­sencia del líder produce un fenómeno que se llama “crisis de mando” y las crisis de mando suelen desencadenar en crisis políticas, por eso gran parte del oficialismo está ansioso por su regreso. Cristina volverá, no será la misma, va a ser mucho más sosegada en su estilo porque tiene que cuidarse, lo que no quiere decir que se plantee esa moderación en sus ideas. Tratará de mantener y continuar su proyecto político en el que cree firmemente, pero de forma diferente. Empezará despacio, pero mantendrá ese estilo al que nos tiene acostumbrados a lo largo del año y medio que le queda de gobierno. Esa Cristina distinta más una transición de poder complicada generan el alto grado de incertidumbre política que produce el “ruido” del panorama político actual en Argentina.

El consultor político

El año pasado abrió una empresa exclusiva para la consultoría política, StarkeLabs. ¿Tantas oportunidades de negocio hay en Argentina?

Desde hace muchos años tenemos una empresa dedicada a lo corporativo donde siempre tenían cabida clientes políticos. Decidimos abrir una consultora exclusivamente para la actividad política por dos motivos principales. El primero porque la actividad ha crecido mucho en nuestro país y la rea­lidad amerita que haya una organización dedicada a esto que incluya las técnicas y el equipo especializado necesario para desa­rrollar la actividad. Y el segundo me parece que no es del todo sano mezclar el asesoramiento a empresas y empresarios con lo político porque puede generar, especialmente para empresarios, una disfuncio­nalidad de los valores éticos. Atender en la misma consultora a políticos y empresarios puede generar conflictos y por eso consi­deramos que es mejor mantenerlas separadas.

En Argentina la profesión está más “li­berada” en el sentido de que una misma empresa puede trabajar con diferentes sig nos políticos e ideologías, ¿hay límites?

Nosotros trabajamos para una pluralidad de partidos y políticos. Tenemos límites, por ejemplo, nunca en mi caso trabajaríamos para un nacional socialista, un nazi; es importante marcar límites éticos. Cada persona y consultora se los debe marcar. Hemos trabajado para gente del ma­crismo, del Frente para la Victoria, del oficialismo, candidatos radicales o del centro progresista. En la medida en que los candidatos se adapten a las reglas democráticas y tengan legitimidad democrática, estaría dispuesto a trabajar para ellos.

Pensando en los jóvenes que quieren dedi­carse a la consultoría política, ¿qué formación o características considera imprescindibles?

Los consultores políticos, en líneas gene­rales, deben formarse en sociología, comunicación y ciencia política. Estas ramas le ayudan a uno a “armar la cabeza” en términos intelectuales para escudriñar la realidad en términos sociales y políticos. Esto es muy importante, pero no es suficiente. La consultoría yo la aprendí ejerciéndola, aprendiendo de maestros. Hoy para algunos yo lo soy, aunque no lo considero para tanto (risas), pero para todos lo importante es la práctica. Practicando es donde se acumula la mayor cantidad de experiencia en cuanto a los errores, que cometemos muchos y muy a menudo, los logros, las victorias o la aproximación con los candidatos.

¿La relación con el político, en el caso del consultor, su cliente, es una cuestión de conocimiento o de empatía personal?

La relación con un candidato no es científica, es personal, y con los años se termina conociendo el género de la raza política a la perfección. Los políticos tienen su lógica, su forma de actuar y pensar. Un consultor será más fuerte o más débil respecto a otros en la medida en que conozca mejor o peor a los candidatos. Se aprende de la práctica aunque también es una cuestión de empatía personal. A relacionarte y conocer a un candidato se aprende estando con ellos, pasando tiempo con ellos, crisis, problemas. Los políticos son seres humanos que tienen problemas como todos, solo que tienen una coraza artificial con la que aparentan que los problemas comunes no les afectan, pero no es así. Los consultores debemos estar junto a los clientes para darles la mejor atención y conocerlos mejor. Con mucha práctica se aprende a ello.

¿Qué es lo mejor y lo peor de la profesión?

Lo mejor para mí es que trabajo en un mundo que me gusta y que he analizado toda mi vida pero al mismo tiempo no estoy en la primera línea de la política, entre otras cosas porque no serviría para estarlo por mi carácter o por mi forma de ser. Los consultores somos personas que nos gusta estar detrás, hablando claro, nos gusta manipular la realidad política y es como realmente aprendemos. Creo que la profesión es mucho de arte y poco de ciencia. Y además ganamos dinero con ello, con lo que nos gusta más y lo hacemos con ganas. Lo peor son los malos momentos que toda profesión tiene pero quizás en ésta con mayor periodicidad: errores, pasos en falso, fallos comunes, etc. El problema está en que, cuando se cometen, involucran a muchas personas lo que implica una enorme responsabilidad.

La corrupción es una de las sombras que acompaña a la actividad política en la mayor parte de los países iberoamericanos, ¿cómo lidia con ello el consultor?

El tema de la corrupción depende del contexto cultural de cada país. Por ejemplo, en Argentina, en general, a la gente no le preocupa hasta que hay una crisis económica. La gente tiene la presunción de que los políticos roban. La premisa es que si roban y hacen su labor, está “ok”; pero si roban y no la hacen, está mal y la corrupción comienza a ser una preocupación y a subir en las encuestas como uno de los grandes problemas del país. En España es diferente, pero también creció la preocupación con la crisis económica. En mi opinión, la política se mueve en una zona gris muy sensible, cosa que no les exculpa de los escándalos por supuesto. Las culturas son parecidas pero si bien en Argentina damos por sentado que la corrupción es parte del sistema, el tema está en los grados que, como sociedad, admitimos o no.

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