El fact checking – comprobación de datos/hechos – ha irrumpido con fuerza en la campaña para las elecciones presidenciales del próximo 6 de noviembre en Estados Unidos. Se trata de un fenómeno que, de nuevo, llega de la mano de Internet y de la facilidad con la que permite acceder y contrastar la información.

El fact checking no es nada nuevo. Tradicionalmente ha sido realizado por los periodistas en su labor de contrastación y análisis de los mensajes emitidos por los equipos de campaña y los candidatos. La novedad reside en que ya no son únicamente los periodistas los que lo practican. Los votantes se saltan su intermediación y realizan sus propias comprobaciones. Y lo hacen de forma masiva: un reciente estudio realizado por Global Strategy Group and Public Opinion Strategies señala que el 64% de los votantes estadounidenses recurren a Internet para factcheckear las afirmaciones de los candidatos.

Webs especializadas como Fackcheck.org o Politifact.com han visto crecer su popularidad y presencia en los medios de comunicación. Y organizaciones como la plataforma progresista MoveOn.org y varios medios de comunicación han factcheckeado los debates ya celebrados en tiempo real. Incluso las campañas de Obama y Romney han creado sus propias páginas dedicadas a la contrastación. En el caso de la campaña de Barack Obama, esta labor la realiza el Truth Team, formado por miles de voluntarios.

En la misma línea se sitúa Adhawk, una App desarrollada por la Sunlight Foundation que proporciona información sobre quién ha financiado cada spot político al mismo tiempo que se emite por televisión.

En España, el fact checking se introdujo discretamente en las pasadas elecciones generales, cuando Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy se comprometieron a hacer públicos los gráficos que emplearon en el debate televisado después de que miles de personas se lo exigieran a través de una petición online.

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