Daniel Ureña@danielurena, socio & director general de MAS Consulting Group y presidente de The Hispanic Council.

Estamos a poco más de un año de las elecciones presidenciales de Estados Unidos del 8 de noviembre de 2016. Por delante, un intenso calendario lleno de debates, primarias y unas convenciones que llegarán en julio, antes de lo habitual, lo que ha hecho que los más de 20 candidatos a la nominación presidencial comiencen desde mediados de este año sus campañas. En los seis primeros meses ha habido de todo: renuncias, sorpresas y, cómo no, polémica. Pero no todos están teniendo el camino tan fácil o tan difícil como pensaban y ya hay algunos favoritos que tendrán que demostrar su poder para aguantar en la carrera durante el tiempo que resta.

En el Partido Demócrata son cinco las personas que aspiran a ser presidente: Hillary Clinton, ex secretaria de Estado y ex primera dama; Bernie Sanders, senador por Vermont; Martin O’Malley, ex gobernador de Maryland; Lincoln Chafee, ex gobernador de Rhode Island y Jim Webb, ex senador de Virginia. De los cinco, los dos primeros acaparan la atención de los medios de comunicación y la primera es la que parte como favorita en todas las encuestas.

Desde que Hillary Clinton anunció de forma oficial su candidatura el pasado 12 de abril, ha liderado todos los sondeos publicados. Según el promedio del portal Real Clear Politics, a día 18 de octubre, Clinton obtendría un 44,7% de los votos en las primarias demócratas, seguida por Sanders, con un 24% y en tercer lugar Joe Biden, vicepresidente del país, que ha estado en todas las quinielas hasta que, hace unos días, confirmó de forma oficial que no se presentaría su candidatura.

A pesar de que los números hablan por sí solos y no ha bajado del 40% en los últimos seis meses, no son la mejor marca de la ex secretaria de Estado. Clinton llegó al 64,2% de intención de voto el pasado mes de mayo, pero la polémica de sus famosos correos electrónicos no le deja vía libre para hablar de sus planes de futuro y sus intenciones como presidenta. En cada programa que participa, cada entrevista que concede y cada discurso que ofrece en cualquier estado del país, tiene que explicar por qué empleó un servidor de correo privado en vez del oficial cuando era canciller de Estados Unidos y, más allá, por qué borró miles de correos cuando se empezó a investigar esta causa a principios de año.

Sin embargo, Clinton vuelve a recuperar fuerzas semana tras semana y, desde el primer debate demócrata del pasado 13 de octubre, ha conseguido reforzar su imagen; un debate en el que se mostró coherente, dispuesta y convencida de sus ideas.

Dos factores podrían romper esta idílica campaña de Clinton: el senador Sanders y el vicepresidente Biden. Sanders está siendo la sorpresa de la campaña demócrata. Político de 74 años, declarado concienzudamente socialista y con más de 41 millones de dólares recaudados hasta el momento (la mayor parte con donaciones inferiores a 200 dólares), Sanders está consiguiendo convencer a los jóvenes, pero también a los mayores, con sus políticas en contra de la desigualdad. En este primer medio año de campaña no ha sobrepasado el 27% de intención de voto a nivel nacional, pero se mantiene favorito en New Hampshire, estado clave durante el proceso de primarias.

Otro posible competidor para Clinton hu­biera sido Biden. El vicepresidente, con un 49% de aprobación, por fin ha pronunciado que no se presentará a la contienda presidencial. Según muchos expertos, la razón para anunciar que no concurrirá a las primarias demócratas sería que ya llega tarde para hacerlo, ya habría perdido la oportunidad de presentarse como candidato en el primer debate y tendría la mitad de tiempo que el resto para conseguir la recaudación necesaria para hacer una campaña digna a nivel nacional. De haberse presentado y salir ganador, hubiera sido el quinto vicepresidente de EE. UU. en llegar a la presidencia, por la vía electoral.

Con un favorito claro, o no, los demócratas tienen que hacer frente a otros cinco debates más, uno por mes, hasta la primavera de 2016 (además del ya celebrado en octubre): el 14 de noviembre, el 19 de diciembre, el 17 de enero, el 11 de febrero y el 9 de marzo. El 1 de febrero comenzarían las primarias en Iowa hasta el mes de junio y la semana del 25 de julio presentarían al candidato nominado en la Convención Nacional Demócrata de Pennsylvania, donde arrancaría la campaña presidencial para noviembre y donde debería presentarse al candidato a vicepresidente (cargo que, según muchas voces, podría ser para un hispano). Tras ello, cuatro debates más, esta vez a nivel presidencial, el 26 de septiembre, el 9 y 19 de octubre y uno para los candidatos a vicepresidente, el 4 de octubre.

El factor Sanders podría dar alguna sorpresa de última hora, pero todo apunta, salvo gran sorpresa, a que Hillary Clinton será la nominada demócrata a la presidencia de Estados Unidos y, en caso de ganar, se convertiría en la primera mujer presidenta de la primera potencia mundial.

Grand Old Party (GOP)

En el otro bando las cosas no parecen estar tan claras. El Partido Republicano cuenta con 15 candidatos a la nominación, más dos que ya han renunciado, y, contra todo pronóstico, los outsiders son los que están protagonizando la campaña y liderando las encuestas. Los tres más destacados son el magnate Donald Trump; el neurocirujano, Ben Carson, y la ex ejecutiva de HP, Carly Fiorina; y, junto con otros tres políticos “tradicionales”: el ex gobernador de Florida, Jeb Bush, el senador del mismo estado, Marco Rubio, y el senador por Texas, Ted Cruz, son los únicos que sobrepasan el 5% en intención de voto para las primarias republicanas, según las encuestas.

Sin duda, la mayor sorpresa de esta campaña es la figura de Donald Trump, primero en los sondeos con un 23,8% de intención de voto de media, según Real Clear Politics, a 18 de octubre de 2015. Su atípico discurso, sus insólitas propuestas (entre ellas crear un muro que divida a EE.UU. de México) y sus formas, están impactando negativamente sobre el Partido Republicano y favoreciendo cada vez más al Demócrata. Con cada una de sus intervenciones, generalmente seguidas de polémica, Trump está anulando al resto de candidatos con su omnipresencia en los medios y desviando el debate a cuestiones que le benefician a él y aleja al GOP de los hispanos, comunidad clave para las eleccio­nes presidenciales, mostrando una imagen más radical del partido. Pero, quizá el mayor efecto de Trump en esta campaña es que está obligando al Partido Republicano a repensar su posición: la de convertirse en un partido antiinmigrante o la de posicionarse al lado de los hispanos (los más atacados por Trump), una realidad que no para de crecer en EE.UU. y una comunidad necesaria para llegar a la Casa Blanca.

Junto a Trump, tampoco aparecían como favoritos en las quinielas a principio de año, el doctor Ben Carson y la ex ejecutiva Carly Fiorina. Carson, segundo en las encuestas con un 21,3% de intención de voto de media, no deja de escalar posiciones gracias al apoyo de ciertos sectores religiosos, clave en estados como Iowa. En las últimas semanas, el declarado apoyo de la comunidad evangelista le está acercando cada vez más a Trump y movilizando al resto de candidatos. Por su parte, Fiorina se convirtió en la revelación del primer debate republicano del pasado mes de agosto. La única mujer candidata en el Partido Republicano demostró tener un fuerte plan de política exterior y la valentía suficiente para enfrentar cara a cara a Trump, hasta el momento “intocable” durante la campaña. Tras el debate comenzó a subir en las encuestas hasta el 6,5% de intención de voto, cuando meses antes no superaba el 3%.

Además de los tres outsiders, tres nombres reconocidos de la política y del Partido Republicano también se sitúan en las encuestas como grandes favoritos: Jeb Bush, Marco Rubio y Ted Cruz. Los tres coinciden en su origen o estrecha relación con el mundo hispano, una fortaleza que no están dejando de aprovechar en sus discursos (algunos de ellos en español); también en sus propuestas; en su experiencia a nivel legislativo o ejecutivo, y en su juventud, aunque Bush ya sobrepasa los 60 años.

Bush, con un 8% de intención media de voto, defiende un apellido histórico de la política estadounidense, pero desde su anuncio de candidatura no dudó en mostrar su propia identidad y su nueva visión, en la que juegan un papel fundamental los hispanos, la clase media y la política exterior. Rubio, con un 10,3% de intención de voto, está haciendo frente a las acusaciones de “inexperiencia” con ideas sólidas y concretas en el campo del empleo, las relaciones exteriores o la economía que, como su lema de campaña indica, le llevarán a crear el “nuevo siglo ame­ricano”. Y, por último, también con un 8% de intención media de voto, está Ted Cruz, el senador que fundamenta toda su campaña en una contundente idea: respetar y ser leal a la Constitución de Estados Unidos.

La clara ventaja de Trump frente al resto de candidatos está dando lugar a interpretaciones y comentarios de cara al futuro que van desde la idea de expulsarlo del Partido Republicano por el daño que está provocando hasta esperar a que pase el “efecto Trump”, ya que muchos desconfían en que pueda mantener este nivel de exposición durante un año más sin cansar a los ciudadanos y a los medios y en que logre convencer a los votantes a la hora de la verdad en las urnas.

Sin un claro nominado republicano, los candidatos tienen por delante un calendario con nueve debates más, sumados a los dos ya celebrados: el 28 de octubre, 10 de noviembre, 15 de diciembre, 6, 13 y 26 de febrero, 10 de marzo y dos sin confirmar fecha, uno en el mes de enero y otro en marzo. Además de que deberán hacer frente a un calendario de primarias que comienza el 1 de febrero en Iowa, continúa el 9 en New Hampshire, el 20 en Carolina del Sur, el 23 en Nevada y el Supertuesday del 1 de marzo, con elecciones en once estados de forma simultánea, seguido de decenas de primarias y caucus hasta mediados del mes de junio. Ya en verano de 2016, tendrá lugar la Convención Nacional Republicana, que se celebrará del 18 al 21 de julio en Cleveland, Ohio, donde se confirmará al candidato del partido y donde también se anunciará al compañero de fórmula como vicepresidente, para comenzar la campaña presidencial y participar en los cuatro debates anteriormente mencionados frente al candidato demócrata.

Novedades

Por la peculiaridad de algunos de los candidatos, las sorpresas de liderato no contempladas antes de que comenzara la campaña y la radicalidad de algunas propuestas, esta campaña presidencial de 2016 está siendo una de las más atípicas de las últimas décadas en Estados Unidos. Sin embargo, también está siendo novedosa en cuanto a las técnicas y herramientas de comunicación política que se están empleando que, como suele ser habitual, serán una gran influencia para las campañas de todo el mundo en los próximos años.

Por un lado, en esta campaña se han aumentado considerablemente el número de debates y de participantes en cada uno de ellos. A pesar de que el debate en EE.UU. siempre ha sido una herramienta que mostraba la transparencia y el buen funcionamiento de la democracia nacional, este año se está convirtiendo en una forma crucial de llegar a los ciudadanos, mostrar las propuestas de ma­nera detalla y conseguir los titulares de los diarios del día siguiente.

También será la primera vez en años que las convenciones nacionales se celebren en el mes de julio. Este adelanto dará mayor protagonismo a la campaña presidencial con los candidatos oficiales que tendrán tres meses para, además de seguir participando en debates, recorrer el país, conseguir recaudar fondos para su campaña y presentar sus propuestas en el mayor número de estados posibles.

En materia de comunicación, el uso de las nuevas redes sociales está también revolucionando la forma de hacer campaña. Snapchat, la red social que ha cautivado al público más joven, donde se pueden compartir imá­genes y vídeos por un período de tiempo no superior a las 24 horas, y Periscope, la plataforma que permite retransmitir en directo cualquier acto para que sea visto a través de un teléfono móvil, están siendo las grandes protagonistas. Poco a poco todos los candidatos de ambos partidos están accediendo a estas dos redes, además de los ya clásicos perfiles en Facebook, Twitter e Instagram, principalmente.

Queda un año para saber quién va a ocupar el despacho oval de la Casa Blanca, a partir del 20 de enero de 2017 y, a día de hoy, todo puede pasar. En los próximos doce meses puede seguir habiendo sorpresas, nuevos protagonistas, caídas y alzamientos de nuevos líderes que aspiran a convertirse en el Presidente de la primera potencia del mundo. Y, como siempre que hay cita electoral en Estados Unidos, la pasión y la espectacularidad no van a faltar. Comienza la cuenta atrás.

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