Por Armando Rocha, @armandorocham, Consultor en Comunicación política y Rafael G. Vargas Pasaye, @rvargaspasaye, Consultor político.

El proceso para enfrentar una crisis entraña tomar diversas medidas, sin embargo, en los manuales de Gestión de Crisis hay un denominador común: la designación de un vocero, que concentre la información y que sea la cara de la institución.

Las funciones que se le encomiendan a un portavoz, en medio de una crisis, son diversas, pero entre las que destacan están: mantener la unidad del mensaje; generar credibilidad y confianza en la opinión pública y la población afectada directamente por la crisis; así como atraer las críticas dirigidas a la institución o proyecto que representa.

Una crisis conlleva fuertes dosis de incertidumbre y riesgo, también, amenazas de diferente nivel tanto a la integridad de los miembros de la comunidad, como a las finanzas de la organización y, por supuesto, a la reputación de la institución.

La vocería del Gobierno de México para enfrentar la crisis del coronavirus recayó en el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, el Doctor Hugo López-Gatell, quien ha permanecido en las altas esferas de la Administración pública federal en varios sexenios.

El Doctor López-Gatell llamó la atención por su inesperada irrupción en la escena mediática nacional que, hasta antes de la crisis del COVID-19, dominaba de forma cuasi unipersonal el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quien desde que asumió el cargo en diciembre de 2018 mantiene contacto permanente con los medios de comunicación a través de una de sus principales tácticas de comunicación política: las conferencias de prensa matutinas diarias.

El subsecretario Hugo López-Gatell replicó las conferencias presidenciales para informar sobre las acciones del Gobierno federal emprendería para enfrentar la crisis del coronavirus. Las ruedas de prensa presididas por el también epidemiólogo empezaron el 27 de febrero en las instalaciones del Ministerio del que forma parte. Sin embargo, al día siguiente, mudó su comparecencia ante los medios de comunicación al mismo espacio donde Andrés Manuel López Obrador ofrece sus mensajes matutinos: el Salón Tesorería de Palacio Nacional (sede del Gobierno de México y residencia oficial del titular del Ejecutivo).

Con esta decisión se enviaron dos mensajes: la estrategia se maneja desde presidencia y el vocero tiene todo el respaldo del presidente. En términos de gestión y comunicación de crisis, esta decisión fue un error, pues un asunto técnico se llevó a la arena política.

Desde el inicio de la epidemia del COVID-19 en México, el vocero hizo a un lado la ciencia y privilegió la política, defendiendo al presidente de la República de las críticas hechas en su contra por la actitud que asumió al inicio de la pandemia (la minimizó). El portavoz oficial prefirió hablar de la “fuerza moral” del presidente López Obrador, que contravenirlo públicamente.

Verónica Fumanal señala atinadamente que lo ideal es que una vocería combine lo técnico y lo político, pero no que supedite lo primero a lo segundo.

Porque cuando el portavoz técnico politiza su responsabilida­d, se debilitan los pilares de su credibilidad. Y como dice Steve Wilson: “Si nadie le cree, a nadie ha de importarle lo que diga por más que se esfuerce”. Es el caso del vocero mexicano.

Hugo López-Gatell, quien incluso fue llamado el “rockstar” del gobierno por una revista de la prensa rosa, en más de una ocasión antepuso el argumento político por encima del razonamiento científico, y se extralimitó en sus funciones de vocero técnico, realizando posicionamientos públicos a favor de integrantes del gabinete federal que estaban siendo exhibidos en los medios de comunicación por un presunto enriquecimiento inexplicable.

No se debe soslayar además su postura ambigua sobre el uso del cubrebocas con tal de no contravenir la postura al respecto del presidente López Obrador, quien, a lo largo de la pandemia, no lo ha utilizado públicamente salvo algunas excepciones; ni la decisión de privilegiar el infotaintment convirtiendo sus ruedas de prensa en auténticos talk shows en un intento por humanizar al personaje, que en realidad lo frivolizó.

López-Gatell ha sido un vocero eficiente políticamente, pero ineficaz técnicamente. Es hábil, está preparado y tiene experiencia, pero en él ha pesado más la propaganda que la ciencia.

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