Por Pablo Vázquez Sande @vazquezsande Profesor de Comunicación Organizacional en la Universidad de Santiago de Compostela

Aunque la inclusión de contenidos políticos en programas televisivos característicos del entretenimiento va camino de cumplir su cuarto de siglo de existencia en España, la presencia de los candidatos en estos espacios es un fenómeno más reciente que no puede entenderse sin ligarlo al auge de la personalización y la humanización de los políticos, tendencia vinculada a la campaña permanente.

En este sentido, las dos últimas elecciones en este país (20 de diciembre de 2015 y 26 de junio de 2016) vinieron precedidas de un desembarco nunca antes conocido de los líderes de los partidos en formatos que tradicionalmente les resultaban ajenos ya que los políticos no eran favorables a mostrar su faceta más íntima y privada.

Sin embargo, este recurso, que más que una técnica parece haberse convertido en una estrategia, se presenta con una vertiente original como son las referencias que los propios candidatos han comenzado a incluir en su discurso con respecto a su implicación en este tipo de formatos. Esta cuestión se aprecia a la perfección en los cuatro programas de “Dos días y una noche” que Antena 3 emitió durante el mes previo a las elecciones de 2016, dado que los líderes de Podemos, Ciudadanos, PSOE y PP aludieron explícitamente a la intervención de políticos en espacios consagrados a aspectos más íntimos como este de Susanna Griso.

Es lo que podría denominarse “metapolitainment”, una especie de estadio superior al “politainment”. Con este neologismo se pretende incidir en el hecho de que son los propios candidatos quienes ponen el foco sobre su participación en estos espacios, modificando los parámetros de consumo mediático anteriores en los que no se abordaban sus sensaciones sobre estos formatos. Por el contrario, en la última campaña española Pablo Iglesias no dudó en asegurar en el programa de Grisso que cree que “a todos los políticos nos pasa: si en lugar de hacernos preguntas convencionales, de repente nos preguntas por otro tipo de cosas, nos relajamos más y estamos súper a gusto”; Albert Rivera se apoyó en las tesis del necesario equilibrio en contextos de “celebrificación” del político -los cambios a nivel individual o, más precisamente, el proceso por el cual la gente común o las figuras públicas se transforman en celebridades, según Oliver Driessens- con afirmaciones como “la gente no quiere tanto un supermán o alguien que lo haga todo bien sino a gente que sea capaz de tener una mínima empatía y luego de tomar decisiones”; mientras que Pedro Sánchez apuntó que “los medios dan la oportunidad de conocer más a la persona que al político”. Incluso Mariano Rajoy, habitualmente más reacio a este tipo de contenidos, reconoció estar “más cómodo hablando de otros temas” después de ser interpelado por sus hijos o su esposa.

Asimismo, dentro del “metapolitainment” también podrían encajar las intervenciones que candidatos como Iglesias o Sánchez realizaron con respecto a cuál debe ser el papel de su vida privada en su construcción discursiva. “Para cuidar tu vida privada no hay que hablar de tu vida privada”, opinaba el líder de Podemos, frente al del PSOE, que sostuvo en relación al rol de su esposa que “hay que darle mucha más normalidad a las cosas”.

Por tanto, al margen de los efectos que puedan provocar estos contenidos (sería muy oportuno evaluar el impacto que, en términos de Sartori, promueven en cuanto a la subinformación, desinformación y emotivización), lo que sí parece haberse abierto es una nueva etapa en la comunicación política española al ser los propios candidatos quienes recalcan sus impresiones sobre este tipo de espacios y contenidos, al contrario de lo que ocurría en campañas anteriores.

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