Entrevista a Silvio Waisbord, profesor en la George Washington University y doctor en sociología por la Universidad de California

Silvio Waisbord (Argentina, 1961) es profesor en la George Washington University. Doctor en sociología por la Universidad de California, ha estudiado el sistema de medios y su evolución en América Latina así como la influencia de la globalización en los procesos de comunicación.

Por J. Pedro Marfil

En algunos países de América Latina, como, por ejemplo, Argentina, Vene­zuela o Ecuador, el desarrollo de legislaciones para regular el sistema de medios de comunicación ha despertado grandes polémicas. ¿Están justificadas dichas legislaciones?

Si la pregunta es si la legislación en abs­tracto está justificada, la respuesta es afirmativa. No podemos pensar sistemas de medios sin regulación, sin legislación. Si la pregunta, en cambio, es si las legislaciones específicas impulsadas y aprobadas en esos tres países se justifican, la respuesta es mas ambivalente. No hay duda que en Argentina hacia falta una ley de medios para ordenar un sistema caótico, legislado por una ley de la última dictadura militar y docenas de parches legales puestos en las últimas tres décadas. Asimismo, los cambios tecnológicos hacen necesarias actualizaciones legales constantemente. Di­siento en gran parte con las legislaciones recientes en Ecuador y Venezuela en tanto tienden a controlar determinados contenidos que no deberían ser regulados por ley. Pero aquí hay que distinguir entre el espíritu o calidad técnica de la ley y su ins­trumentación y fines políticos. Tema amplio, por cierto.

¿Son ahora los políticos más dependientes de los medios como “mediadores” y “mediatizadores” ante la opi­nión pública?

Siempre lo han sido y ahora aún más en tanto los medios ‘mediatizan’ en gran parte la relación social y ‘para social’ entre ciudadanos, políticos y entre ciudadanos y políticos. No hay otra institución con tamaña presencia en vincular públicos, de ahí que los medios tengan una importancia inusitada en la política. Cualquier político sin ‘medios’ – es decir, sin presencia mediática, tiene pocas opciones de ser conocido, votado o que sus ideas y aspiraciones logren conocimiento o credibilidad.

¿Considera que los políticos han sido capaces de adaptar su relato a los nuevos medios y canales?

Hay enormes variaciones y es difícil gene­ralizar. Algunos más que otros. Unos malentien­den las implicaciones de cada medio, otros piensan que saben sin entender demasiado de qué se trata. Unos consultan a expertos, otros actúan como si supieran comunicar. Hay una lógica de medios que también varía entre unos y otros (la televisión no es igual que la prensa escrita y esta, a su vez, no es Facebook) lo cual influye en gran medida en las accio­nes políticas y que no siempre se consi­dera.

El concepto de Public Affairs parece que cobra cada vez más protagonismo dentro del ámbito de la comunicación pública, ¿cree que los especialistas en asuntos públicos cobrarán más prota­gonismo en la arena política a partir de ahora?

Siempre lo han tenido, pero ocurre lo que decíamos antes: los asuntos públicos son, en parte, mediatizados y esto da lugar al surgimiento de expertos varios en diferentes aspectos de la comunicación. No todos los políticos escuchan, prestan atención o creen que los especialistas realmente valgan la pena o el gasto. Gene­ralmente no hay una relación horizontal equitativa entre política y expertos, por lo menos en los países que conozco mejor. Es un debate (o se prefiere un conflicto) cons­tante entre considerar razones políticas o razones técnicas de la comunicación.

Las facilidades de interconexión ciudadana que propicia internet ¿provocan un fortalecimiento de la democracia o, por el contrario, la vuelven más vulnerable ante manipulaciones?

Tema complejo, pero creo que es más difícil manipular cuando la gente escucha lo que quiere y no se encuentra con contenidos que lo cuestionen o sean diferentes. Ocurre que no todos los públicos son similares: algunos son ‘independientes’ y son más vulnerables a la persuasión y manipulación. Otros son más estables en sus creencias y rara vez modifican sus impresiones. Esta escisión entre públicos es importante en tanto los primeros están menos interesados en política, siguen de lejos las cosas, mientras los segundos son los que dominan el debate público, los que tiene opiniones más fuertes y gran interés en la política.

En su opinión, ¿ha habido una pérdida de calidad de los periodistas y, en consecuencia, del periodismo?

Nunca hubo tiempo maravillosos, pero hoy en día las presiones son enormes para producir periodismo de calidad – económicas, financieras, precarización del trabajo periodístico-. Si bien es difícil sacar conclusiones taxativas, creo que se hace un periodismo con menos recursos, lo cual repercute negativamente en la calidad. Hay excepciones honrosas, claro esta, de redacciones y periodistas más preocupados por la calidad y dueños y editores realmente convencidos de que el periodismo debe ser hecho con tiempo, recursos y gente capacitada.

¿Cuál debería ser la formación de los periodistas de calidad a partir de ahora?

Cada vez más se requieren diversos saberes y habilidades, por las transformaciones tecnológicas, la variedad de plataformas, o la precariedad del trabajo. Es irónico que en épocas difíciles para el trabajo periodístico se requiera más talento, conocimiento y especialización; lo cual implica que tanto editores y empresarios quieren producir periodismo de calidad. De lo contrario, sólo se precisaría gente que haga el trabajo mínimo.

Con la llamada ‘crisis de los medios tradicionales de comunicación’ y el auge de internet, ¿considera que los medios tradicionales (es decir, prensa, radio y televisión) han perdido su capacidad de influencia en la política?

No, no hay evidencia absoluta de que sea así tanto en países del norte como del sur. Todavía no estamos en un momento donde los medios tradicionales no importen, es una exageración decir eso. Hay una transición inusitada, estamos a caballo entre los medios masivos y los medios de nichos, medios viejos y digitales, pero es equivocado asumir que los medios tradicionales carecen de importancia. Por cada ejemplo de la presencia e influencia de los medios digitales se pueden ofrecer evidencias de la importancia de los canales y plataformas tradicionales.

¿Cuál es el mayor reto al que se enfrentan los medios de comunicación en la próxima década?

La búsqueda de la calidad, sostenibilidad económica, modelo de negocios, o ‘re-ima­ginar’ su relación con los públicos. También es todo un reto mantener su rele­vancia cuando ya no tienen el monopolio de la información y el entretenimiento y abundan oportunidades para que la ciudadanía se comunique e informe.

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