Por Myriam Redondo, @globograma Periodista, Doctora en Relaciones Internacionales

Sólo dos días después del referéndum con el que los británicos dijeron no a la Unión Europea, Charles Grant, experto del Center for European Reform, escribió un largo artículo sobre por qué Reino Unido había “perdido la batalla”. Entre otros actores, consideraba parcialmente responsable a la BBC por su empeño “lamentable” de conceder igual tiempo a las dos opciones enfrentadas y procurar ante todo que nadie pudiera acusarla de ser pro UE. Durante la campaña la gran institutriz británica había olvidado su obligación de informar y educar.

Era principios de junio. Cinco meses después, políticos y periodistas siguen enzarzados en el debate BBC-Brexit, pero además con giro inesperado en la discusión.

Primero el director de informativos de la cadena, James Harding, defendió en The Observer que el trabajo de la BBC no era presidir el proceso democrático, sino reportar, dar espacio a los argumentos e interrogar a los participantes. Como referencia mediática que es, la corporación ya está acostumbrada a que se observe exhaustivamente su cobertura: las protestas sobre su presunta parcialidad ante el conflicto en Oriente Próximo son un clásico. Lo distinto con el Brexit fue que incluso destacados periodistas de la casa reconocieron que no se había hecho un buen trabajo.

Las críticas quedaron en el aire para posarse en octubre en un amplio estudio de la Universidad de Cardiff sobre el tratamiento de las estadísticas durante la campaña. El análisis revela que sólo 1 de cada 5 datos ofrecidos fue realmente cuestionado, y que efectivamente la imparcialidad de la BBC se basó más en ofrecer el mismo espacio a las dos visiones que en escrutar cifras o declaraciones.

El He says, she says (él dice, ella dice) es un asidero para evitar acusaciones de sesgo. Se basa en reflejar lo que dice A contra B y B contra A sin molestarse en averiguar quién de los dos tiene razón. Esta trampa, que en los últimos años se ha extendido por el periodismo político y en la que ha caído hasta The New York Times, pareció repetirse con el Brexit.

Pero ya fuera porque las críticas terminaron calando en la entidad o porque sus periodistas se sintieron más libres de opinar tras el referéndum, ahora los que están irritados son los políticos tories que impulsaron la salida de la UE. Muchos se han desahogado en público sobre el supuesto proeuropeismo renovado de la BBC. El ministro de Asuntos Exteriores Boris John­son habla de “descaro”; el euroescéptico Iain Duncan dice que hay un “flujo de negatividad” constante; y su compañero de bancada Peter Bone ha llegado a pedir una investigación oficial.

Sobre todo, se critica la cobertura económica del proceso, que incluye el empleo de la palabra crisis y el seguimiento en términos catastróficos de la devaluación de la libra. Este es un fragmento de cobertura extraído por el diario conservador Daily Mail: “Hace un tiempo desde la última vez que tuvimos una crisis monetaria en estado avanzado -con todo el mundo en pánico porque la libra caía por los suelos-. Bien, ahora estamos teniendo una”.

La BBC mantiene que opera con responsabilidad e imparcialidad. Sus empleados subrayan la contradicción de que se les critique por una cosa y la contraria. Habrá que esperar a otro estudio académico para no caer en el “él dice, ella dice” y ver quién tiene razón con datos en la mano.

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