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	<title>Brexit archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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	<title>Brexit archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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		<title>Brexit, fin a medio siglo de euroescepticismo británico</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 Jan 2021 19:36:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A Fondo]]></category>
		<category><![CDATA[Brexit]]></category>
		<category><![CDATA[británico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Brexit es, posiblemente, uno de los capítulos de la historia europea reciente que mayor atención política, económica, mediática y social ha suscitado.</p>
<p>La entrada <a href="https://compolitica.com/brexit-fin-a-medio-siglo-de-euroescepticismo-britanico/">Brexit, fin a medio siglo de euroescepticismo británico</a> se publicó primero en <a href="https://compolitica.com">ACOP | Asociación de Comunicación Política</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por Alberto Cuena, <a href="https://twitter.com/Cuena_Vilches?ref_src=twsrc%5Egoogle%7Ctwcamp%5Eserp%7Ctwgr%5Eauthor">@Cuena_Vilches</a>, periodista, responsable de Medios y Relaciones Institucionales del Círculo de Empresarios y analista de política nacional y asuntos europeos. Presidente de JEF Madrid. Y Jorge Juan Morante, <a href="https://twitter.com/jjmorante?lang=es">@jjmorante</a>, doctorando en periodismo, politólogo especializado en comunicación digital y asuntos europeos. Presidente de UEF Madrid.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El <em>Brexit </em>es, posiblemente, uno de los capítulos de la historia europea reciente que mayor atención política, económica, mediática y social ha suscitado. No en vano, Reino Unido ha sido el primer país y, por el momento, el único que ha solicitado su salida del bloque comunitario. Y el primero, por tanto, en poner a prueba la solidez y fortaleza del proyecto europeo y su cohesión interna frente a un proceso que no ha estado exento de sobresaltos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sinónimo de liberación y empoderamiento soberano para algunos, pesadilla interminable para otros, es incuestionable que la complejidad e infinidad de aristas que caracterizan el <em>brexit </em>no hacen sencilla la tarea de dibujar una génesis nítida sobre el cómo y, especialmente, el porqué del divorcio consumado que ha tenido en vilo a más de 500 millones de personas durante casi un lustro.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Precedentes históricos. 47 años de tortuosa relación</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En 1953, Churchill señaló ante la Cámara de los Comunes que el Reino Unido no se iba a integrar políticamente con el resto de Europa (Churchill, 2016: 180). Entonces, “la mayoría de los británicos soñaba que mantendrían su poder e influencia debido a la relación con Estados Unidos y al peso de la Commonwealth” (Anchuelo y Steinberg, 2019: 170).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las crisis que vivió el país en la década de 1950 ejercieron como una cura de humildad y, en la década siguiente, formalizaron su primera solicitud de entrada. Sin embargo, deberían esperar a la dimisión del general De Gaulle, que vetó siempre su adhesión mientras fue presidente de la República francesa, para ser admitidos en 1973.</p>



<figure class="wp-block-gallery columns-1 is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex"><ul class="blocks-gallery-grid"><li class="blocks-gallery-item"><figure><img fetchpriority="high" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2021/01/Afondo2B_N56.jpg" alt="" data-id="14302" data-full-url="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2021/01/Afondo2B_N56.jpg" data-link="https://compolitica.com/brexit-fin-a-medio-siglo-de-euroescepticismo-britanico/afondo2b_n56/" class="wp-image-14302" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2021/01/Afondo2B_N56.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2021/01/Afondo2B_N56-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2021/01/Afondo2B_N56-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure></li></ul></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En 1975, poco tiempo después de su ingreso, siendo primer ministro el laborista Harold Wilson, ya se planteó un referéndum<sup>1</sup> para forzar la renegociación de sus condiciones de adhesión. En esa ocasión, ganó la permanencia con el 67,2% de los votos (Caillibot y Grumbach, 2019; Aldecoa, 2017: 70).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde ese momento, el Reino Unido ha analizado en torno a una lógica de coste-beneficio todas sus posibles participaciones en los avances de la integración europea, de tal forma que, prácticamente, solo estaban en el mercado único (Caillibot y Grumbach, 2019; Anchuelo y Steinberg, 2019: 171).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existen diversas fuentes que señalan que el sentimiento emancipador se empezó a gestar desde su ingreso en la CEE (Horsford y Haynes, 2019; Encuentros Complutense, 2019; Du Jour, 2019). George Osborne, ministro de Economía del Reino Unido durante el referéndum de 2016, comentó que desde su entrada a la UE, nadie le había explicado a los británicos las ventajas de la pertenencia, por lo que se favoreció un clima de opinión negativo hacia el bloque comunitario (Caillibot y Grumbach, 2019).<br>Esto permitió que el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP por sus siglas en inglés), obtuviera una considerable representación en las elecciones europeas de 2014 y 2019 (28 escaños de los 73 en juego, un 32% de los votos). Y durante las elecciones al Parlamento británico de 2015, para evitar una pérdida de votos a favor del UKIP, David Cameron prometió un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido<sup>2.</sup></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre el resultado influyeron numerosos factores: los efectos, todavía latentes, de la gran recesión de 2008, que la consulta se celebrara a raíz de una cuestión compleja (inmigración); la ausencia de información (y la desinformación inducida) sobre los beneficios de la pertenencia del Reino Unido a la UE; las divisiones en el Partido Conservador<sup>3</sup>; la ambigüedad de Jeremy Corbyn, entonces líder del partido laborista, a la hora de defender la permanencia en la Unión Europea; o que el entonces primer ministro, David Cameron, diera por sentado que se impondría la permanencia y decidiera no implicarse excesivamente en la campaña (Caillibot y Grumbach, 2019; Du Jour, 2019; Oliver, 2016).</p>



<h2 class="wp-block-heading">23 de junio 2016, una efeméride para el recuerdo</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El 23 de junio de 2016 los británicos decidieron en referéndum salir de la Unión Europea. Un exiguo margen del 51,9% inclinó la balanza a favor del divorcio. Una cita histórica en las urnas que dividió al país: por un lado, en términos estrictamente generacionales, buena parte de los jóvenes se mostraron partidarios de seguir en la Unión Europea, mientras que las personas de una cohorte generacional superior a los 50 años fueron más partidarias de la salida; por otro, entre regiones geográficas, las más proclives a la permanencia (Escocia, Irlanda del Norte, Gibraltar y Londres) y las más partidarias del <em>Leave </em>(Inglaterra y Gales)<sup>4</sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras la petición de salida por parte de Reino Unido, con la consiguiente activación del artículo 50 del Tratado de Lisboa el 29 de marzo de 2017, dio comienzo un arduo periodo de negociaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea para alcanzar un acuerdo de retirada<sup>5</sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El acuerdo de salida para la Unión Europea debía contemplar los compromisos de pago por parte de Reino Unido, la parte de los activos de la UE que le corresponden a la potencia británica, la protección de los acuerdos de ‘Viernes Santo’ (por los que se elimina la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda), los derechos de los ciudadanos y un período transitorio para hacer efectiva la salida (Everaert y Desmet, 2019; Anchuelo y Steinberg, 2019: 172-181; Du Jour, 2019).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una salida que se vio retrasada por el bloqueo del Parlamento británico a los acuerdos presentados, además de sucesivas prórrogas. Los acuerdos conseguidos por May y Johnson y la dificultad para que fueran aprobados por el Parlamento británico evidenciaron que la UE estaría más por la labor de negociar una retirada que el propio Reino Unido (Everaert y Desmet, 2019).</p>



<p class="wp-block-paragraph">El resultado de las elecciones generales británicas celebradas el jueves 12 de diciembre de 2019<sup>6</sup> facilitó que el parlamento británico aprobase el acuerdo de salida de la Unión Europea y que este se convirtiera en ‘ley’ antes del 31 de enero<sup>7</sup>. Un acuerdo que fue firmado por los presidentes de la Comisión y el Consejo Europeo, y posteriormente aprobado por el Parlamento Europeo. El 31 de enero de 2020 trascendió a los anales de la historia europea como la fecha en que Reino Unido abandonó definitivamente la UE<sup>8</sup>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Horizonte <em>postbrexit </em>y relación futura</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque el 31 de enero de 2020 se hizo efectiva la ruptura política de los vínculos entre Reino Unido y la Unión Europea, poniendo fin a 47 años de histórica relación, la pesadilla <em>brexit </em>no había terminado. Arrancaba un período de transición en el que las partes implicadas debían definir su relación económica y comercial antes de final de año con el objetivo de minimizar el impacto de la ruptura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Decía Kant que la inteligencia de un individuo se mide por el grado de incertidumbre que es capaz de soportar. Posiblemente esa incertidumbre sea la mejor forma de definir la tormenta negociadora que se sucedió a partir de ese momento, un <em>annus horribilis</em> marcado por el telón de fondo de una pandemia que trajo consigo el colapso sanitario y la mayor debacle económica registrada desde la II Guerra Mundial.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2021/01/Afondo2C_N56.jpg" alt="" class="wp-image-14304" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2021/01/Afondo2C_N56.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2021/01/Afondo2C_N56-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2021/01/Afondo2C_N56-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La COVID-19 dificultó sobremanera la consecución de avances sustantivos sobre el acuerdo económico y comercial en un corto periodo de tiempo, pues la irrupción de la crisis sanitaria transformó drásticamente las prioridades de la agenda política europea y británica. Sin embargo, tras sendas reuniones de posturas encontradas, hubo un punto de inflexión en el devenir de los acontecimientos que, a buen seguro, desestabilizaría el inmovilismo negociador: la victoria del candidato demócrata Joe Biden en las elecciones presidenciales de Estados Unidos c­elebradas el 3 de noviembre. Un hito que desbancaba a Donald Trump y, con ello, la esperanza del premier británico de abrazar un “rápido y ventajoso acuerdo comercial” entre Reino Unido y EE. UU., otrora prometido por Trump para azuzar la arrogancia de Johnson hacia la Unión Europea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así las cosas, Reino Unido encaraba los dos últimos meses del año 2020 siendo uno de los diez países del mundo más afectados por el coronavirus y uno de los cinco con más víctimas mortales, con una caída del PIB cercana al 23% durante el primer semestre, y un endurecimiento progresivo de las restricciones en todo el país. Se antojaba complicado contemplar un <em>brexit</em> duro en términos económicos y comerciales o, en otras palabras, una salida definitiva del club comunitario sin un acuerdo que definiera la relación futura entre las partes y paliara ligeramente el caos derivado a partir del 1 de enero de 2021.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mucho se ha abundado a lo largo de estos meses en la pérdida de músculo económico y demográfico de la Unión como bloque geopolítico (cerca del 16% del PIB y el 13% de la población), pero cabe recordar que la salida de la UE supone la renuncia de facto a un mercado único de 450 millones de personas y pone al albur de los mercados a una potencia extraordinariamente dependiente del exterior. El Reino Unido importa un 53% de sus productos a la Unión Europea, mientras que cerca del 47% de las exportaciones británicas son intracomunitarias, según un estudio reciente del Círculo de Empresarios elaborado a partir de datos de la Oficina Nacional de Estadística de Reino Unido (ONS), el FMI, Oxford Economics y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, tras varios órdagos y una negociación <em>in extremis</em> entre los equipos negociadores europeo y británico, liderados por Michel Barnier y David Frost, respectivamente, el 24 de diciembre de 2020, en vísperas de Navidad, Reino Unido y la Unión Europea alcanzaron un acuerdo sobre su relación futura<sup>9</sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El acuerdo supone la salida de Reino Unido del mercado único europeo, si bien garantiza un intercambio de mercancías sin aranceles ni cuotas al comercio. Ahora bien, se restablecen las aduanas entre ambas partes, con un incremento en la carga burocrática que afectará la fluidez en el tráfico y transporte de mercancías y el negocio de muchas empresas. Asimismo, al eliminarse la libertad de movimiento de personas entre ambos, se precisarán visados para la circulación. Lo mismo sucede con el movimiento de servicios, aunque entidades financieras británicas han establecido sedes en la UE para poder seguir operando. Las compañías aéreas británicas, por su parte, podrán operar vuelos entre Reino Unido y la Unión Europea. Sin embargo, no podrán realizar vuelos entre ciudades de la UE, con excepciones como <em>Iberia </em>o <em>Vueling</em>. Los transportistas británicos y europeos podrán seguir operando entre las dos entidades, pero deben mantener las mismas condiciones en materia de seguridad, condiciones laborales o derechos de los pasajeros.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2021/01/Afondo2D_N56.jpg" alt="" class="wp-image-14306" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2021/01/Afondo2D_N56.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2021/01/Afondo2D_N56-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2021/01/Afondo2D_N56-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El Reino Unido sale también del programa Erasmus, uno de los mayores logros en materia de cooperación educativa y cultural europea del que se han beneficiado hasta la fecha más de 10 millones de estudiantes de distintas partes del viejo continente, y que el premier británico tildó de ‘demasiado caro’ en rueda de prensa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El principal obstáculo en las negociaciones estaba en las cuotas de pesca, apenas un 0,1% del PIB de Reino Unido, pero con gran simbolismo en la arena política. A pesar de que Londres esperaba recortar las cuotas europeas en un 60% o 70% en tres años, finalmente se ha alcanzado un periodo transitorio de cinco años y medio durante el que los derechos de acceso recíproco a la pesca en las aguas de la otra parte permanecen inalterados.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Lecciones aprendidas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El efecto arrastre de las consecuencias de la gran crisis económica y financiera de 2008, ejemplificado en la fractura del contrato social, las enormes cotas de desigualdad, el desempleo juvenil y la respuesta descoordinada a la avalancha de los flujos migratorios, constituyeron, sin duda, la mejor puerta de entrada para el virus del euroescepticismo en Europa a lo largo de la última década.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No son pocas las voces que han tildado el <em>brexit </em>de fracaso estrepitoso, una suerte de estandarte de esa frustración euroescéptica. No es menos cierto, sin embargo, que la estrategia de comunicación coordinada seguida por los 27 frente a Reino Unido sirvió para “reforzar un modelo de unidad a la hora de negociar desde la perspectiva europea”, tal y como apunta Susana del Río (2017:76).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si se hubiera demostrado que los partidarios del <em>brexit </em>tenían razón al prometer una vía de escape rápida e indolora con las ventajosas condiciones económicas de pertenecer a la UE y sin contrapartidas de ningún tipo (pleno acceso al mercado único, la no libre circulación de personas…), el virus euroescéptico hubiera mutado al eurófobo y se hubiese extendido como la pólvora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Asimismo, la Unión Europea parece haber aprendido la lección sobre la factura del mal manejo de una crisis de envergadura. Así lo han demostrado las instituciones europeas durante la pandemia sanitaria; la UE ha mutualizado deuda por primera vez en su historia, además de impulsar una triple red de seguridad (MEDE, BEI y SURE) que dotará de liquidez a Estados, empresas y colectivos sociales vulnerables hasta que termine la crisis del coronavirus. Del mismo modo, pese al desabastecimiento inicial de material sanitario, el acceso concertado, en situación de equidad, de los 27 a las vacunas frente a la COVID-19 ha sido un éxito de primer nivel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En lo tocante a Reino Unido, sería poco riguroso negar el impulso británico al mercado común y a la ampliación comercial con la incorporación de los países del este, si bien es cierto que siempre obstaculizó la armonización política, social y fiscal de la Unión. Quizá su salida sea una oportunidad para la integración europea. Por otra parte, plantear la restauración de fronteras y aduanas en un mundo cada vez más globalizado e interdependiente económicamente puede redundar, quizás, en una suerte de independencia pírrica, donde las limitaciones comerciales en un escenario <em>postbrexit </em>sean mayores que las existentes durante su pertenencia al club comunitario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por último, en lo relativo a su modelo territorial, surgen algunas paradojas. Por un lado, debido a la cláusula del <em>backstop</em>, o salvaguarda irlandesa, recogida en el Acuerdo de Retirada, Irlanda de Norte, pese a pertenecer a Reino Unido, no tendrá frontera física con la República de Irlanda y eso supondrá, de facto, su continuación en el mercado común europeo. Así ocurre también con Gibraltar. En cuanto a Escocia, profundamente europeísta, su primera ministra, Nicola Sturgeon, ya ha anunciado que, en cuanto termine la pandemia, reactivará las negociaciones para un nuevo referéndum que les permita independizarse definitivamente de Reino Unido y reintegrarse en la Unión Europea. Así las cosas, veremos si la carta jugada por Reino Unido no tiene un coste de oportunidad demasiado alto.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Fuentes de información:</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Aldecoa, Francisco (2017). <em>El proyecto de la unidad europea. De la idea europea a la Unión Europea como potencia global</em>, Colección Descubrir la Historia, EMSE EDAPP Editorial, Barcelona (España).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Anchuelo, Álvaro, Feás, Enrique y Steinberg, Federico (2019a). <em>“Presentación”</em> en Anchuelo, Álvaro, Feás, Enrique y Steinberg, Federico, (Coord.), <em>La Unión hace la fuerza. Europa ante los desafíos del siglo XXI</em>, Deusto, Editorial Planeta, Barcelona (España), Págs. 7-18.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Anchuelo, Álvaro y Steinberg, Federico (2019b). “El <em>Brexit</em>: guía para perplejos y descarriados” en Anchuelo, Álvaro, Feás, Enrique y Steinberg, Federico (Coord.), <em>La Unión hace la fuerza. Europa ante los desafíos del siglo XXI</em>, Deusto, Editorial Planeta, Barcelona (España), Págs. 170-188.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Caillibot, Thierry y Grumbach, Romain (Productores) y Albert, Eric y Johnson, Thomas (directores) (2019). <em>Brexit</em>: <em>TheBackstageof a Divorce</em>, documental, Francia: GalaxiePresse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Churchill, Winston S. (2016). <em>Europa Unida. Dieciocho Discursos y una Carta</em>, Ediciones Encuentro, Madrid (España).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Du Jour, Point (Productor) y de Halleux, Alain (director) (2019). <em>Brexit, Europa contra la pared</em>, documental, Francia: ARTE.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Encuentros Complutense (2019). <em>Brexit: ¿El muro al final del puente?</em>, Universidad Complutense de Madrid (España), disponible en <a href="https://www.youtube.com/watch?v=ACGcqUTYI_Q">https://www.youtube.com/watch?v=ACGcqUTYI_Q</a> [Fecha de consulta: 18 de octubre de 2019]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Everaert, Hans (Productor) y Desme­t, Lado (director) (2019). <em>Brexit a Puerta Cerrada</em>, Bélgica: Films ofrecord y Menuetto Film.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Horsford, Lynn (Productor) y Haynes, Toby (director) (2019). <em>Brexit: UncivilWar</em>, Reino Unido: HBO y Channel 4.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Oliver, Craig (2017). <em>Unleashing Demons. The Inside Story of Brexit</em>, editorial Hodder &amp; Stoughton Ltd, Londres (ReinoUnido).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Río Villar, Susana del (2017). “Democracia representativa y ciudadanos en el proceso de integración europea”, en <em>Pliegos de Yuste: revista de cultura y pensamiento europeos</em>, ISSN 1697-0152, 1 18, 2017-2018, págs. 71-76.</p>



<pre class="wp-block-preformatted"><sup>1</sup> Ver “Britain's 1975 Europe referendum: what was it like last time?” en <a href="https://www.theguardian.com/politics/2016/feb/25/britains-1975-europe-referendum-what-was-it-like-last-time">https://www.theguardian.com/politics/2016/feb/25/britains-1975-europe-referendum-what-was-it-like-last-time</a>
<sup>2</sup> Ver “Cameron promete un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la UE” en <a href="https://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/22/internacional/1358889606.html">https://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/22/internacional/1358889606.html</a>
<sup>3</sup> Incluso algunos de los que apoyaron la permanencia no tenían claro qué hacer con el acuerdo conseguido por David Cameron con la UE antes del referéndum.Algunos proponían votar por la salida para renegociar el acuerdo y conseguir más ventajas (Oliver: 2017: pág. 97)
<sup>4</sup> Ver “EU referendum morning briefing: the result” en <a href="https://www.theguardian.com/politics/2016/jun/24/eu-referendum-result-what-we-know-so-far">https://www.theguardian.com/politics/2016/jun/24/eu-referendum-result-what-we-know-so-far</a>
<sup>5</sup> El acuerdo de salida implica negociar los términos de separación entre Reino Unido y la Unión Europea, no la relación futura.
<sup>6</sup> Ver “¿Qué brexit nos queda?” en <a href="http://agendapublica.elpais.com/que-brexit-nos-queda/">http://agendapublica.elpais.com/que-brexit-nos-queda/</a>
<sup>7</sup> Ver “El brexit se convierte oficialmente en Ley” en <a href="https://www.lavanguardia.com/internacional/20200123/473091220252/brexit-convierte-oficialmente-ley.html
">https://www.lavanguardia.com/internacional/20200123/473091220252/brexit-convierte-oficialmente-ley.html
</a><sup>8</sup> Ver “Brexit: el fin del principio” en <a href="http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/powell-brexit-el-fin-del-principio">http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/powell-brexit-el-fin-del-principio</a>
<sup>9</sup> Ver "Trade and cooperation agreement between the European Union and the European Atomic energy community, of the part, and the United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland, of the other part" <a href="https://ep00.epimg.net/descargables/2020/12/26/97a59798049bd7299d8c9bf50548a119.pdf">https://ep00.epimg.net/descargables/2020/12/26/97a59798049bd7299d8c9bf50548a119.pdf</a></pre>
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		<title>El protocolo del adiós</title>
		<link>https://compolitica.com/el-protocolo-del-adios/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Mar 2020 21:41:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencia]]></category>
		<category><![CDATA[Brexit]]></category>
		<category><![CDATA[Reino Unido]]></category>
		<category><![CDATA[Unión Europea]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La salida de Reino Unido de la Unión Europea ya es un hecho</p>
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<h2 class="wp-block-heading">La salida de Reino Unido de la Unión Europea ya es un hecho</h2>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por Diana Rubio, <a href="https://twitter.com/driecel">@driecel</a>, Consultora en protocolo y eventos. Directora de <a href="https://twitter.com/protocoloimep">IMEP</a>.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dentro de este contexto, tienen un lugar protagonista de manera indirecta el ceremonial y el protocolo, herramientas estratégicas desconocidas para muchos, pero necesarias para dar solemnidad y potenciar la comunicación no verbal de instituciones públicas y privadas. Sin embargo, son los símbolos y concretamente las banderas, en quienes han recaído la histórica labor de escenificar el mensaje de la salida de Inglaterra de la Unión Europea. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos emblemas estatales, se encuentran exhibidos a modo representativo de las naciones que conforman la Unión Europea, en sus diferentes sedes, colocadas en orden según el alfabeto de cada nación, el cual se inicia por el país que preside en ese semestre la Comisión, colaborando en la tarea de dar formalidad a los espacios y hacer reconocibles hacia la ciudadanía, quienes conforman esta organización. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La retirada de banderas de Reino Unido en la Unión Europea y viceversa, han dado lugar a multitud de especulaciones acerca del apoyo o no de esta causa y de diversas fórmulas que como se puede comprobar a continuación, comunica mensajes muy diferentes. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Tendencia1B_N47.jpg" alt="" class="wp-image-13460" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Tendencia1B_N47.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Tendencia1B_N47-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Tendencia1B_N47-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La Unión Europea ha optado por obviar cualquier protocolo preestablecido a la hora de tratar las banderas de sus estados miembros, sin cuerpo militar presente ni himnos que valgan, utilizando en su lugar a dos funcionarios de la organización para retirar la bandera inglesa de la fila en la que están representados todos los países miembros. En el exterior de las sedes, han arriado las banderas del país de la misma manera, sin pompas ni boatos posibles, lo que puede derivar en una muestra de aflicción, de que no es momento de celebraciones, sino de analizar la situación y poner un punto y aparte. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En el caso de Reino Unido por el contrario, optaron por una gran fiesta donde a través de un videomapping, una cuenta atrás que nos recordaba a la de nochevieja daba lugar a la aparición estelar de la bandera de la Union Jack entre vítores y celebraciones por todo el país. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el más significativo y fiel a lo establecido en normativas y tradiciones protocolarias ha sido el acto llevado a cabo en Gibraltar, dominando la solemnidad propia de respeto a la banderas, a las que se les rinde honores a la hora de arriarlas o izarlas. En este territorio, arriaron la bandera de la Unión Europea mientras sonaba el himno de la UE para posteriormente izar la bandera de la Commonwealth, con los acordes de fondo del himno inglés, <em>«Good save the Queen»</em> en el que la corrección ha sido un valor en alza. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Como curiosidad, cabe recordar que el himno de la Unión Europea es el denominado “Himno de la alegría”, una peculiaridad digna de tener en cuenta en un momento donde resalta todo lo contrario. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Por tanto y como se puede observar, las opiniones acerca del <em>brexit </em>son dispares y dan lugar a muchas reflexiones, siendo estos actos protocolarios en mayor o menor medida llevados a cabo en este proceso de ruptura un claro ejemplo de la situación actual que este procedimiento ha comenzado una nueva etapa llena de preguntas, incertidumbres y emotividad. </p>
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		<title>La historia y el recorrido del brexit</title>
		<link>https://compolitica.com/la-historia-y-el-recorrido-del-brexit/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Jan 2020 17:03:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A Fondo]]></category>
		<category><![CDATA[Boris Johnson]]></category>
		<category><![CDATA[Brexit]]></category>
		<category><![CDATA[elecciones británicas]]></category>
		<category><![CDATA[Reino Unido]]></category>
		<category><![CDATA[Theresa May]]></category>
		<category><![CDATA[Unión Europea]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las elecciones británicas del pasado diciembre arrojan la primera certeza tras años de incertidumbre: el Reino Unido será el primer país en salir de la Unión Europea y lo hará al finalizar enero.</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por Carlos Canino, <a href="https://twitter.com/ccanino?ref_src=twsrc%5Egoogle%7Ctwcamp%5Eserp%7Ctwgr%5Eauthor">@ccanino</a>, economista y jurista</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las elecciones británicas del pasado diciembre arrojan la primera certeza tras años de incertidumbre: el Reino Unido será el primer país en salir de la Unión Europea y lo hará al finalizar enero. Este hito nos da la excusa perfecta para hacer un balance de cómo hemos llegado aquí e intentar así aprender algunas lecciones de este largo y tedioso proceso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En junio de 2016 los británicos decidieron a través de un referéndum que el país debía dejar de ser un Estado miembro de la UE. La campaña oficial euroescéptica consiguió obtener la confianza de una exigua, pero suficiente mayoría de los ciudadanos. Su mensaje de <em>Take back control</em> a pesar de su sencillez o, más probablemente, a causa de ella, resonó con fuerza en el electorado, que vio en el <em>brexit </em>una oportunidad para dar solución a muchos de los problemas que les angustiaban.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No era para menos. Frente al mensaje de la campaña pro-UE, casi reducida a insistir en el daño económico que sería dejar la Unión, la campaña del <em>brexit </em>era una máquina de repartir optimismo. El Reino Unido con el <em>brexit </em>no solo ganaría control pleno sobre sus leyes, su política migratoria y su dinero, sino que además compensarían cualquier posible perjuicio económico de la salida de la UE con la firma de innumerables nuevos acuerdos comerciales con EE. UU., China, Australia y quien hiciera falta, ahora sin necesidad de pedir permiso a Bruselas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>El <em>brexit </em>compensaría cualquier posible perjuicio económico de la salida de la UE con la firma de innumerables nuevos acuerdos comerciales</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Para sorpresa de la opinión pública y, de hecho, también de los propios euroescépticos, <em>Leave </em>ganó la consulta. De repente, todas esas promesas que se hicieron de forma irreflexiva, muchas de ellas incompatibles entre sí y para las que no había nada remotamente parecido a un plan, debían llevarse a cabo. La incapacidad del Partido Conservador de aceptar la existencia de esas incompatibilidades y <em>trade-offs</em> que negaron durante la campaña será lo que bloqueará la política británica durante tres años.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2B_N45-1.jpg" alt="" class="wp-image-13255" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2B_N45-1.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2B_N45-1-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2B_N45-1-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Cerrarse las puertas a uno mismo</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El revés sufrido por el gobierno de David Cameron con el resultado del referéndum de 2016 le llevó a dimitir inmediatamente. Theresa May salió victoriosa de la subsiguiente carrera por el liderazgo <em>tory </em>y en julio de ese mismo año le relevó al frente del Nº10 de Downing Street con una misión clara: cumplir el mandato de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Pero una cosa es el qué, que estaba más o menos claro, y otra muy distinta el cómo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De las intervenciones de May durante la campaña del <em>brexit </em>se podía ver que era, como mínimo, consciente de que dejar la UE implicaba ciertas renuncias y por ello acabó votando <em>Remain</em>. Para el sector euroescéptico de su partido (el European Research Group o ERG) el mero reconocimiento de que el <em>brexit </em>no fuera del todo perfecto ya era un problema, pero que votara <em>Remain </em>sería un pecado que May jamás podría purgar dijera lo que dijera e hiciera lo que hiciese.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Medios y políticos euroescépticos comenzaron una campaña de presión abrasadora presionando a May para que iniciara cuanto antes el proceso de salida. Estaban eufóricos por su victoria, tenían prisa y cualquier día que pasara sin avances lo percibían como señal de la falta de compromiso de May con la causa.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>El objetivo era que el Reino Unido estuviese fuera de las fronteras comunitarias, con una clara frontera con la UE</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En enero de 2017 la Primera Ministra dio en Lancaster House el que, en perspectiva, es probable que haya sido el discurso más influyente en todo el proceso del <em>Brexit </em>y el segundo mayor error de May. En él fijó las líneas maestras de la negociación y la propuesta del gobierno para la relación futura entre el Reino Unido y la UE. Con el objetivo de calmar las presiones euroescépticas y mostrar su nuevo pedigrí <em>brexiteer </em>se comprometió a que el Reino Unido saldría no solo de la Unión sino también dejaría de participar en el Mercado Único y abandonaría la Unión Aduanera. Una relación más distante con la UE que la que tienen actualmente países como Suiza, Ucrania e incluso Turquía. Una <em>ex-remainer </em>comprometiéndose a un <em>brexit </em>objetivamente duro. Una ventana de Overton a la inversa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Arrastrada por presión euroescéptica y aún sin un plan claro más allá de saber lo que no quería, en marzo May pidió a los Comunes iniciar el proceso del Artículo 50 del Tratado de la Unión Europea que prevé la salida de un Estado miembro, quienes lo aprobarían con una abrumadora mayoría con el apoyo tanto de los Conservadores como los Laboristas y con esta activación empezó a correr el plazo de dos años que da el Tratado para llegar a un acuerdo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2C_N45.jpg" alt="" class="wp-image-13257" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2C_N45.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2C_N45-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2C_N45-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /><figcaption>Theresa May</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">May cometió entonces su mayor error de cálculo político y decidió convocar elecciones en junio con el fin de ampliar la pequeña mayoría absoluta parlamentaria <em>tory </em>y poder negociar con un mayor margen de maniobra. La jugada le salió catastróficamente mal y, debido a una muy buena campaña del laborista Corbyn, acabó perdiendo la mayoría en el Parlamento. Su gobierno pasaría a depender ahora del Partido Unionista Democrático (DUP) de Irlanda del Norte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esas elecciones de junio el liderazgo de Theresa May será un auténtico via crucis que le acabará forzando a dimitir solo dos años más tarde.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera ministra, que hasta entonces solo había tenido que centrar sus esfuerzos en satisfacer las demandas del sector euroescéptico de su partido, tenía ahora que garantizar también el apoyo del DUP y la aceptación de quien no deja de ser su verdadero interlocutor en las negociaciones, la UE. Una triangulación, como veremos, imposible.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Trazando fronteras</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Se ha mencionado que la principal demanda del ERG, simplificando, es dejar de depender de las normas que vengan de Bruselas y poder firmar acuerdos de libre comercio por su cuenta. Para ello algo irrenunciable era abandonar tanto el Mercado Único (por la regulación) como la Unión Aduanera (por los acuerdos comerciales). Otra manera de verlo es decir que su principal objetivo era que el Reino Unido estuviese fuera de las fronteras comunitarias o, lo que es lo mismo, que haya una clara frontera económica delimitada entre el Reino Unido y la UE.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya tenemos el <strong>primer elemento</strong> de la triangulación de May: garantizar una frontera económica entre el Reino Unido y la Unión Europea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La UE en todo este proceso ha actuado la mayor parte del tiempo como un mero espectador a la espera de que Reino Unido tomara algún tipo de rumbo. Si bien ha mostrado su preferencia por una relación lo más cercana posible, el modelo de los euroescépticos lo aceptaría sin problema siempre que se garanticen dos cosas: la integridad del Mercado Único y el proceso de paz en Irlanda del Norte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Acuerdo de Viernes Santo, que puso fin a décadas de conflicto sectario entre nacionalistas y unionistas con centenares de víctimas, tenía como presupuesto la pertenencia de Irlanda y el Reino Unido a la UE para evitar la necesidad de los controles fronterizos en la Isla Esmeralda que tantas tensiones y dolor generaron. Irlanda y, por extensión, la UE jamás aceptarían un <em>brexit </em>que supusiera restablecer una frontera en la isla.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2E_N45-1.jpg" alt="" class="wp-image-13261" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2E_N45-1.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2E_N45-1-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2E_N45-1-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Segundo elemento</strong> de la triangulación: garantizar que no haya una frontera económica en la isla de Irlanda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El azar electoral quiso que justo sea el DUP, los más fervientes representantes unionistas de ese conflicto sectario en Irlanda del Norte, el partido de quien ahora dependía el gobierno <em>tory</em>. La razón de ser del DUP es defender a toda costa el carácter británico de Irlanda del Norte y evitar cualquier cosa que aleje Ulster del Reino Unido y lo acerque a Irlanda. Belfast no puede ser distinto de Finchley (Londres) y cualquier fricción entre Irlanda del Norte y Gran Bretaña será inaceptable. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Tercer y último elemento</strong> de la triangulación: garantizar que no haya una frontera económica entre Irlanda del Norte y Gran Bretaña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La campaña del referéndum permitía prometer todo esto y más, pero una vez en la realidad de las relaciones económicas internacionales Reino Unido solo puede satisfacer dos de los tres requisitos exigidos. La triangulación de May era, en realidad, un “trilema” imposible.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>La UE aceptaría el modelo euroescéptico siempre que se garantice: integridad del Mercado Único y proceso de paz en Irlanda del Norte</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de todo, tras mucho esfuerzo negociador, May acabó llegando a un acuerdo con la UE. Este no resolvía el “trilema”, sino que lo posponía para una negociación posterior. Se proponía mantener “temporalmente” a todo Reino Unido en la Unión Aduanera y a Irlanda del Norte en el Mercado Único hasta que se encontrara una solución a la frontera irlandesa, en lo que se conoció como el <em>“Backstop”</em> o salvaguarda irlandesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No funcionó. Los euroescépticos no aceptaron que Reino Unido fuera un “Estado vasallo” de la UE y no se creían la promesa de temporalidad al saber que la solución para la frontera irlandesa era inexistente. Los unionistas del DUP tampoco lo aceptaron por seguir Irlanda del Norte bajo regulación de la UE, pero el resto de Reino Unido no.<br>
A la oposición de propios se sumó la de extraños. Los Laboristas, por eso de ser la oposición, se opusieron a pesar de ser una propuesta casi idéntica a la suya y los Liberal Demócratas lo rechazaron en la esperanza de lograr un segundo referéndum. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Aún así May lo presentó a la Cámara de los Comunes convencida de que era la alternativa más realista para lograr la cuadratura del círculo. Tres veces votaron los Comunes su ratificación, tres veces fue rechazado. Una humillación política a May, que se vio obligada a pedir una prórroga para evitar una salida caótica sin acuerdo. Ver el <em>brexit </em>alejarse enfurece aún más al ERG y, sin salidas, May acaba dimitiendo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">No siempre se puede contentar a todos</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El rotundo fracaso de May, siempre bajo la sospecha de los euroescépticos de ser en el fondo una <em>remainer</em>, convenció al Partido Conservador de que solo un auténtico <em>brexiteer </em>podía sacarles de la encrucijada y Boris Johnson, quien fuera una de las caras más visibles de la campaña del <em>Leave</em>, se hizo con el liderazgo <em>tory</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La aritmética parlamentaria continuaba siendo igual de endemoniada y el “trilema” al que se enfrentó May seguía impidiendo a Reino Unido avanzar en ninguna dirección.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que cambió con Johnson es la retórica. Insistió en no temer una salida sin acuerdo y si la UE no cedía a su exigencia de quitar el <em>Backstop </em>agotaría el plazo y el Reino Unido se iría por las bravas, sin importarle el perjuicio que pudiera causar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La UE no se amilanó. Para la Unión renunciar a la salvaguarda irlandesa supone un riesgo inasumible para la integridad del Mercado Único y, para Irlanda en particular, ningún beneficio económico es más importante que la paz. No habría acuerdo sin algún tipo de <em>Backstop</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A quien sí le entró miedo es a la oposición y a los <em>tories </em>moderados, que aprobaron en los Comunes una ley que obligaba a Johnson a pedir una prórroga para evitar una salida sin acuerdo. Eso al primer ministro le supone un problema político mayúsculo porque todo su liderazgo se basaba en la promesa de una salida de la UE el 31 de octubre <em>“no ifs, no buts”</em>. Un retraso y perder con ello su imagen de <em>brexiteer </em>ultramontano no era una opción.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>La “solución” de Johnson fue así traicionar al unionismo norirlandés y dividir su país con tal de satisfacer las demandas de brexiteers</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Incumpliendo su palabra de que no negociaría con la UE si esta no renunciaba antes al <em>Backstop</em>, acudió a Bruselas y en un tiempo récord logró un nuevo acuerdo con la Unión. Los mismos medios y políticos euroescépticos que habían tumbado a May recibieron a Johnson casi como un héroe por haber logrado un acuerdo que se mostraba imposible si se quería respetar todas las líneas rojas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo logró Johnson resolver ese “trilema” irresoluble? Sencillamente, no lo hizo.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="453" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2D_N45.jpg" alt="" class="wp-image-13263" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2D_N45.jpg 453w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/01/Afondo2D_N45-235x300.jpg 235w" sizes="(max-width: 453px) 100vw, 453px" /><figcaption>Boris Johnson</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">El nuevo acuerdo del <em>brexit </em>libera a Gran Bretaña de formar parte de la Unión Aduanera y el Mercado Único, pero lo hace a costa de crear una frontera que parte en dos el Reino Unido. Irlanda del Norte estará indefinidamente bajo la regulación de la UE. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La “solución” de Johnson fue así traicionar al unionismo norirlandés y dividir su país con tal de satisfacer las demandas de <em>brexiteers </em>fundamentalmente ingleses. Algo que, en palabras de May, “ningún primer ministro podría aceptar” no solo fue aceptado, sino que fue aplaudido por la gran mayoría de <em>tories</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de haber cedido a casi todas las exigencias de la UE y logrado nada, Johnson fue recibido como un estadista por los suyos y el 22 de octubre presentó el acuerdo al Parlamento con la intención de aprobarlo a tiempo para cumplir el plazo autoimpuesto del 31 de octubre, pero los Comunes se rebelaron y exigieron más tiempo para debatirlo. Así, Johnson se acabó viendo forzado a pedir una prórroga e incumple otra promesa más.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Segundas partes que sí fueron buenas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, el haber logrado un nuevo acuerdo alteró la dinámica política. El elemento aglutinador de la oposición era el miedo a una salida sin acuerdo y ese riesgo ya no existe. Johnson aprovechó la división de la oposición y, culpándolos además de un nuevo retraso en el <em>brexit</em>, convocó las elecciones generales de diciembre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La campaña del <em>brexit </em>apeló a la sensación de los ciudadanos de que ya no estaban en control de su destino. Sin embargo, el debate político posterior solo agravó esa sensación. El <em>brexit </em>lo inundaba todo y cualquier otro tema social o económico era inmediatamente subsumido en el debate del <em>brexit</em>. La parálisis política ha sido total y el país entero, de uno y otro lado, está desesperado por dejar el tema del <em>brexit </em>atrás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los Conservadores lo sabían y su mensaje fue otra vez sencillo y poderoso: <em>Get Brexit done</em>. Cumplir por fin con el mandato del referéndum y quitarse el tema de en medio. Solo tres palabras. Acción y resultado. Si nos suena es porque ya lo vimos en el referéndum con el Take back control. Votar a Johnson era asegurar el <em>brexit </em>y acabar la discusión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta fatiga de la sociedad con el monotema del <em>brexit </em>es notoria y los <em>tories </em>no fueron los únicos que apelaron a ella, sino que todos los partidos la usaron en uno y otro sentido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los Laboristas consideraron que la solución pasaba por hablar lo menos posible del <em>brexit </em>en la campaña. Su mensaje se centraba en temas socioeconómicos y en revertir los recortes de los gobiernos conservadores. Evitaron el tema del <em>brexit </em>sabiendo, además, que su posición intermedia no satisface a casi nadie.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los Liberal Demócratas tomaron la dirección contraria a los <em>tories</em>. En lugar de acabar con el <em>brexit </em>llevándolo a cabo y avanzando, su único mensaje de c­ampaña era cancelarlo del todo y que Reino Unido siguiese en la UE.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta los nacionalistas escoceses de alguna forma también apelaron a la fatiga del <em>brexit</em>. Un segundo referéndum de independencia fue y sigue siendo vendido como la forma de garantizar que Escocia no será sacada de la UE por culpa de los ingleses.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El resultado de la campaña es conocido. Johnson, a pesar de obtener un apoyo popular casi idéntico al de May, obtuvo una abrumadora mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes gracias a la magia del muy particular sistema electoral británico. Con ello ha llegado la primera certeza en años y el nuevo Parlamento de Westminster aprobará por fin en enero el acuerdo de retirada de la UE de Johnson.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cuando despertó, el <em>brexit </em>todavía estaba allí</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, al igual que este melodrama político ha demostrado que los británicos no recuperaron el control tras el referéndum, tampoco es cierto que estas elecciones acaben con el <em>brexit</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El <em>brexit </em>no es un evento, es un proceso. La ratificación de este acuerdo es solo la primera piedra sobre la que se habrá de edificar una nueva relación entre los británicos y la Unión Europea, pero las negociaciones de verdad comienzan ahora. Visto el precedente, la UE puede estar tentada de asumir que Johnson será incapaz de mantener sus promesas de nuevo ante la más mínima adversidad y podrá torearlo fácilmente. Johnson, por su parte, corre el riesgo de pensar que negociar con la UE siendo Estado miembro es lo mismo que hacerlo desde fuera. Ninguna de estas posiciones es sensata y deberán tener claro ambos que su relación ya no será la misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del resultado de las negociaciones, que serán complejas y tediosas, dependerá el bienestar de 500 millones de ciudadanos. Serán necesarias grandes dosis de paciencia, profesionalidad y rigor técnico. Lo que no debemos olvidar es que si Johnson triunfó políticamente donde fracasó May, fue porque entendió que, a veces, es más importante el envoltorio que el contenido.</p>
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		<title>Brexit: Anatomía de un laberinto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Apr 2019 21:00:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A Fondo]]></category>
		<category><![CDATA[Brexit]]></category>
		<category><![CDATA[política británica]]></category>
		<category><![CDATA[Reino Unido]]></category>
		<category><![CDATA[Unión Europea]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por J. Pedro Marfil @JPedroMarfil Gerente de ACOP y profesor UCJC Intentar hacer un análisis de esta locura posmoderna que es el brexit es todo un reto. No viajaremos hasta la incorporación de los británicos en la UE allá por 1973 ni al rechazo inicial de Francia a integrar a sus vecinos. Reino Unido siempre [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><b>Por J. Pedro Marfil <a href="https://twitter.com/JPedroMarfil">@JPedroMarfil</a> Gerente de ACOP y profesor UCJC</b></p>



<p class="wp-block-paragraph">Intentar hacer un análisis de esta locura posmoderna que es el <em>brexit</em> es todo un reto. No viajaremos hasta la incorporación de los británicos en la UE allá por 1973 ni al rechazo inicial de Francia a integrar a sus vecinos. Reino Unido siempre ha percibido a la Unión como una institución prescindible en su devenir. La idiosincrasia británica y su carácter insular le hacen mantener ciertas reservas sobre la influencia del continente en su política doméstica. Baste recordar su rechazo al euro y a la unión bancaria, o a la participación en el espacio Schengen. <em>Europa sí, pero de británicas maneras</em>. Estos elementos no son baladíes. Valorar la política británica desde la óptica europea puede resultar sencillo, pero no preciso.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cameron y su promesa de elecciones.</strong> David Cameron arrolló en sus primeros comicios. No tanto en los resultados, pero sí en la sensación de que se acercaba una nueva época conservadora en Reino Unido después de trece años de laborismo en Downing Street. Tras una primera legislatura en coalición con los Liberal Demócratas, Cameron quiso atraer al electorado de derechas proponiendo un referéndum sobre la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Así liberaría una pulsión acallada en la opinión pública británica y consolidaría su liderazgo. O no. David Cameron ganó sus segundas elecciones en 2015 y fiel a su palabra convocó el referéndum. Liberad al Kraken…</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El problema de los referéndums. </strong>Así llegamos al referéndum. Una pregunta con respuesta sencilla ‘sí’ o ‘no’. Y este, es uno de los problemas, ya que los comicios de estas características simplifican demasiado los procedimientos más complejos. Todo esto en un entorno con unas dinámicas internacionales impresionantes que llaman cada vez más a la cooperación y colaboración entre los países para la generación de ventajas competitivas. Ahí es cuando se pregunta a los ciudadanos y son estos los que tienen que elegir. Se les traslada una decisión sobre la que ni si quiera saben a ciencia cierta dónde se dirigen. Salir de la UE podía ser un plan tentador, pero ¿a qué precio? ¿Con qué consecuencias? ¿De qué manera? Aunque las respuestas exactas en este caso fuesen <em>Remain a member of the European Union / Leave the European Union,</em> el problema es el mismo: elegir.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Valorar la política británica desde la óptica europea puede resultar sencillo, pero no preciso</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La campaña de polarización. </strong>Arrancó la campaña y como toda campaña que lleva a decidir únicamente entre opciones de suma cero –o nos vamos o nos quedamos, no hay término medio- la campaña se polarizó. Y mucho. Por un lado, los <em>brexiteers</em>, melancólicos sobre un Reino Unido que fue y que pareció desvanecerse en el pasado tras su cénit. Abrumado y coartado por una Unión Europea que cada vez exigía mayores cotas de soberanía a cambio de pequeños beneficios. Por el otro, los que querían quedarse. Los que aplicaban el peso de la razón sobre la emoción en el proceso. <em>Logos sobre ethos</em>. Pero el logos no emociona. Decía Philip Collins en el V Encuentro Internacional de ACOP (Bilbao, 2018) que el PIB no es algo inspirador. Y no le faltaba razón. Los <em>brexiteers</em> dieron en la diana con su mensaje enfocado a un importante sector de la población que sentía haber perdido el control sobre sus vidas. <em>Take Back Control,</em> decían. Si quieren ahondar sobre la campaña, no dejen de ver la película <em>Brexit</em> en HBO, con un Benedict Cumberbatch de nuevo estelar. </p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/04/Afondo1B_N37.jpg" alt="" class="wp-image-12082" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/04/Afondo1B_N37.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/04/Afondo1B_N37-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/04/Afondo1B_N37-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La política es cuestión de percepción. Siempre lo ha sido y siempre lo será. Esta jugó un papel fundamental en la campaña británica donde diarios sensacionalistas como el <em>Daily Mail</em> no dejan de advertir día sí y día también sobre el peligro que supone la inmigración en el país. Pero la inmigración no era un problema, lo era la aporofobia y el racismo. Londres es una ciudad cosmopolita en la que las culturas se mezclan y cada quien se esfuerza por hacer su vida mejor. Pero Reino Unido no es Londres. Mucha gente pensó que inmigración era sinónimo de terrorismo y paro; y olvidó que en ese concepto también cabe el capital extranjero, las fortunas rusas y de oriente medio o los petrodólares. Pero para el <em>Daily Mail</em>, aquí no estaba el problema. Reino Unido contaba con unas tasas de ocupación de ciudadanos europeos muy alta y, curiosamente, personal muy cualificado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el foco, de nuevo, no estuvo en ellos. Un sinfín de ejemplos que distanciaron, quizá demasiado, la realidad de la percepción a través de un relato mesiánico velado que respondía a las necesidades de muchos ciudadanos a los que la crisis había arrebatado la esperanza. El <em>brexit</em>, revertiría todos sus males, les haría retomar el control de sus vidas. Al frente, los agoreros del cataclismo. La salida sería el caos. Paparruchas. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>La inmigración no era un problema,  lo era la aporofobia y el racismo</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Por si este magnífico entorno no fuese lo suficientemente interesante, entra en escena Cambridge Analytica. El escándalo que condicionó la respuesta electoral de los ciudadanos británicos mediante la publicación de bulos y propaganda a través de Facebook. Millones de impactos sobre usuarios indecisos con una influencia determinante en el desarrollo de la campaña. No lo olviden. La diferencia entre quedarse o salir es únicamente del 2 % en el recuento final. De nuevo, el lado perverso de los referéndums. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cameron se borra, bienvenida Mrs. May.</strong> El resultado dejó a la Unión Europea en estado de choque y al menos, al 48,1 % de los británicos también. Cameron, que había defendido la permanencia de perfil durante la campaña, anuncia su marcha y deja paso a Theresa May, quien abogó en su momento por el <em>remain</em>. May pone en marcha un gobierno ajustado a la situación integrando a las figuras más polémicas de la campaña como Boris Jonhson o David Davies. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Para los <em>brexiteers</em>, lo que parecía que iba a ser una salida limpia como el corte de un bisturí, devino en una evolución traumática de las relaciones y un enconamiento del debate</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Expectativa, es siempre la gestión de la expectativa. Mientras los que abogaban por quedarse en la UE veían como su país caía en remolino emocional sin parangón en la historia británica contemporánea, también se daban cuenta que la vida sigue adelante. Los días son lluviosos en Middlesex y los gatos hacen de las suyas en Chelsea. El averno prometido, de momento, parece no llegar. Sin embargo, para los <em>brexiteers</em>, lo que parecía que iba a ser una salida limpia como el corte de un bisturí, devino en una evolución traumática de las relaciones y un enconamiento del debate. Los matices y las formas de marcharse son infinitos y el planteamiento de una salida imponiendo las condiciones a la UE, resultaron ser una quimera. De nuevo la gestión de la expectativa entró en juego y los conservadores se dieron cuenta de que no estaban siquiera cerca de tener un plan. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Respeto a la norma.</strong> Otro elemento singular que no debe ser pasado por alto es el escrupuloso respeto a la norma que los británicos se autoimponen. Reino Unido se rige por la <em>common law </em>o derecho consuetudinario. No tienen una constitución escrita como tal y sus leyes se fijan en función de las prácticas y costumbres de los ciudadanos. Este punto es importante para entender que no se haya planteado de manera sólida la posibilidad de dar marcha atrás en la solicitud de salir de la UE. Los británicos votaron y decidieron; y para ellos el respeto a esa decisión que emana de la soberanía británica es cuasi sagrado. Recuerden que volver a votar puede ser una perversión del sistema, el ciudadano podría preguntarse hasta cuándo votar ¿hasta que la respuesta satisfaga a los míos? De nuevo la perversión de los referéndums. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Gina Miller: los tribunales entran en escena.</strong> Si las principales leyes del país deben aprobarse en el parlamento ¿por qué una ley tan importante como la salida de la UE podría decidirla de forma unilateral el Ejecutivo? Esto fue lo que se preguntó Gina Miller, una ejecutiva de la City contraria a la salida. Mrs. Miller se puso manos a la obra y recurrió a los tribunales para hacer ver lo paradójico de la situación. Y en 2017 los tribunales le dieron la razón. May tendría que conseguir el respaldo de la cámara para aprobar el plan de salida de Reino Unido de la UE. De aquellos polvos, estos lodos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La UE, compuesta y sin novio.</strong> Reino Unido había decidido marcharse en un contexto en el que la crisis económica daba sus últimos coletazos, pero la política acababa de llegar. En el seno de la Unión llegó a temerse por un efecto dominó en el que otros países con pulsiones euroescépticas siguiesen el mismo camino que señalaban los británicos y se llegase a una desintegración europea. Sin embargo, la Unión hizo de la necesidad virtud y consiguió los consensos necesarios para mostrarse firme y fuerte. Los liderazgos representados por Merkel y Macron y el carisma de Junker consiguieron llevar el procedimiento con mano dura y guante de seda. Habrá quien siga preguntándose dónde están los grandes líderes. Bastaría con que abriesen los periódicos más a menudo. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El futuro es improbable y pensar no es suficiente: elecciones 20 J.</strong> En el guion de una buena película siempre hay elementos esenciales: personajes bien construidos, conflictos… y giros. En el caso del <em>brexit</em> muchos giros. En febrero de 2017 la primera ministra decide convocar elecciones para apuntalar su liderazgo y llevar a buen término el <em>brexit</em> – recordemos que meses antes los tribunales le han pedido que cuente con el apoyo de la Cámara. La medida es inteligente: la oposición está desarticulada y es un buen momento para aumentar el peso del partido conservador en la Cámara de los Comunes para poder aprobar el acuerdo sin problemas. Sin embargo – aquí viene otro giro – tras una campaña en la que Corbyn logra una remontada de diez puntos, los laboristas ganan terreno en una Cámara que se redistribuye y que obliga a May a pasar con los unionistas de Irlanda del Norte (DUP). Ir a por lana y salir trasquilado. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>A través de la ausencia de acuerdo, los partidarios del remain conservan posibilidades de permanecer en la Unión</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Ya estamos en 2018. Han pasado dos años desde la votación y es el momento de llegar a un acuerdo con la UE para la salida. El tiempo corre y May viene con un acuerdo bajo el brazo de Bruselas. Los negociadores de la Unión, con Michel Barnier a la cabeza han conseguido plasmar en un documento el trabajo mano a mano con los compañeros británicos. Toca pasar por el parlamento y se suceden las derrotas. <em>‘The ayes to the right, 202!’</em>. May recibe la contestación del parlamento y aparecen los oportunistas. Mr. Rees-Mogg, en la noche, diputado conservador da el salto y aprovecha para presentar una moción contra la primera ministra. Fracasa. En las siguientes semanas se suceden las derrotas del plan negociado con Bruselas y la moción de censura promovida por un indeciso Corbyn. Recuerden, en Reino Unido los Miembros del parlamento votan por circunscripción. Esto convierte a la cámara de los comunes en un avispero en el que el resultado de las votaciones debe negociarse voto a voto. </p>



<p class="wp-block-paragraph">A muchos puede que haya sorprendido que Rees Mogg, siendo conservador, presente una moción contra su primera ministra. Volvemos a las complejidades del sistema británico, allí es posible. El poder de las instituciones se ha configurado como uno de los elementos más fiables del Reino Unido. Sus siglos de trayectoria lo avalan, pese a que, según los analistas, el país esté viviendo una crisis constitucional sin precedentes. Puede que los miembros del parlamento pongan en un brete la situación, pero las instituciones se han mostrado capaces de soportar las envestidas. Es lo bueno que tiene el tantas veces defenestrado sistema, que está diseñado a prueba de malos dirigentes. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En este convulso contexto, se da la paradoja de que muchos partidarios de permanecer en la UE prefieran un <em>brexit</em> duro mientras un sector de los <em>brexiteers</em>, aboga por un <em>brexit</em> blando. El motivo es que, a través de la ausencia de acuerdo, los partidarios del <em>remain</em> conservan posibilidades de permanecer en la Unión. Mientras, en el segundo caso, pese a tener en mente inicialmente una salida más ambiciosa de la UE, una salida ‘blanda’ sigue siendo una salida. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Hagamos un breve inciso. Recuerden que poco antes del <em>brexit</em>, Escocia votó seguir perteneciendo al Reino Unido. El acta de Unión que sellaron ambos reinos en 1700 convenía que cuando Escocia lo solicitase, podría votar dicha cuestión (nota hecha para quienes buscan trazar símiles imposibles). Escocia es una nación europeísta, en la que los resultados del <em>brexit</em> dieron por apabullante mayoría el continuar en la Unión. En 2017, al cambiar sustancialmente las condiciones en las que la región permanece junto con Reino Unido, Nicola Sturgeon plantea la opción de un segundo referéndum. Entiende que uno de los motivos por los que la sociedad escocesa decidió permanecer en el Reino Unido era evitar su salida de la UE. Modificadas las condiciones, considera legítimo volver a plantear la votación. May se opone. Fin del debate. Por el momento. A esto hay que añadir otro elemento interno que vendría a convertirse en uno de los elementos más controvertidos del acuerdo: el control sobre la frontera física entre Irlanda del Norte e Irlanda. Este elemento ha acaparado las negociaciones entre la UE y el Reino Unido y podría suponer un punto de conflicto en el futuro. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Así pues, ya han pasado por la cámara el acuerdo inicial, un segundo acuerdo con ligeras modificaciones y… punto muerto. Los días pasan y el acantilado del 29 de marzo está cada vez más cerca. El parlamento llega a un consenso al fin al aprobar dos mociones en las que se muestra dispuesto a pedir una prórroga y en el que rechaza salir de la UE sin un acuerdo pactado. May pide al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, una prórroga de tres meses para poder desarrollar la salida. Tusk accede siempre y cuando se acepte el acuerdo en el parlamento. Y ahí entra en juego John Bercow, el speaker de la Cámara. <em>‘Order!’</em> Ya han llevado a votación dos veces el mismo acuerdo. ¡No se puede votar lo mismo ad <em>infinitum! </em>Debe haber cambios sustanciales en el mismo, pero ¿cómo introducir cambios en un acuerdo en el que la UE ya ha dicho que es su última palabra? He ahí la cuestión. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>La cifra de británicos que han solicitado una segunda nacionalidad se ha disparado y la caída de la inmigración a Reino Unido ha sido histórica</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">El Consejo Europeo de los días 21 y 22 de marzo fue tajante: la Unión Europea plantea dos escenarios. Si los comunes comunes no aprobaban el acuerdo, concederían una prórroga de apenas dos semanas, pero si el parlamento británico daba luz verde a la salida, la UE se mostró dispuesta a dilatar el adiós hasta el 22 de mayo. Justo antes de las elecciones al Parlamento Europeo que arrancarán el día 23 del mismo mes. La Unión se ahorraría la incómoda situación de mantener a un miembro sin ejercer su derecho al voto, o peor, ejerciéndolo y marchándose. Para Reino Unido, tener que votar en los comicios sería un escollo en sus caóticos planes de salida. Tras la ronda de consultas de May con Merkel y Macron, de nuevo sobre la bocina, tampoco se puede descartar este escenario con una nueva fecha límite: el 31 de octubre. Más tiempo para el vértigo de las emociones fuertes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe miedo a una salida salvaje, sí. Pero la oposición laborista también se debate entre aprobar el acuerdo o hacer caer a la primera ministra. Ya ven. No solo las filas conservadoras son complejas. May resiste. Como el junco, no cae. Tiene el mandato de las urnas y hará todo en lo que esté en su mano para llevarlo a cabo. Da igual que no le guste, da igual que dimitan sus ministros o que la cámara destroce sus planes. Incluso llegó a ofrecer su cabeza a cambio de lograr el acuerdo que desbloquearía la salida. A ella la eligieron para eso; y eso intentará hacer. El cargo es lo de menos, lo importante es el mandato. En Reino Unido, se deben respetar los usos y costumbres. </p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/04/Afondo1C_N37.jpg" alt="" class="wp-image-12084" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/04/Afondo1C_N37.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/04/Afondo1C_N37-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/04/Afondo1C_N37-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mientas estas líneas se escriben, las noticias se suceden y el futuro sigue siendo incierto. El <em>brexit</em> deja varias lecciones de interés. La necesidad de que gobiernos e instituciones cuenten con equipos profesionalizados y preparados que gestionen la comunicación desde un punto de vista estratégico para evitar, entre otras cosas, que la propaganda nociva de Cambridge Analytica surtiese efecto. El poder perverso de los referéndums y la necesidad de responsabilidad de los representantes públicos a la hora de poner en marcha iniciativas difíciles de gestionar. La comunicación política también es esencial para gestionar situaciones en las que la percepción se separa de la realidad y cuando las expectativas se elevan tanto que generan frustración y desconcierto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Está por ver si Reino Unido saldrá de forma abrupta y sin acuerdo con la nueva prórroga hasta el 31 de octubre. Cada semana, se suceden los gabinetes de crisis y los nones en los Comunes a cualquier alternativa aunque May no descarta conseguir la aprobación antes del 22 de mayo. Puede, también, que la salida llegue con calma llegue con calma en unos meses; o puede que todavía haya algún nuevo giro inesperado. En este preciso momento, una iniciativa popular para revocar el <em>brexit</em> tiene más de seis millones de firmas y será debatida en la Cámara de los Comunes. Todo es posible y puede que, hasta cierto punto, este texto sea inútil para dilucidar qué vendrá en las próximas fechas. Al menos, deseamos que sirva para comprender mejor cómo hemos llegado hasta aquí. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, la cifra de británicos que han solicitado una segunda nacionalidad se ha disparado y la caída de la inmigración a Reino Unido ha sido histórica. También es cierto que la tasa de desempleo se mantiene en mínimos históricos y que la economía británica sigue creciendo, aunque a un ritmo menor del esperado –como el resto de países de la Unión–. Estos son hechos. La percepción puede ser otra. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Bienvenidos al laberinto del <em>brexit</em>. </p>
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		<title>La nueva distribución de escaños en el Parlamento Europeo tras el ‘brexit’</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 14 Feb 2018 11:57:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Brexit]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Si hay algo verdaderamente importante en el ámbito político es el papel que juega la comunicación, sobre todo en situaciones tan relevantes y decisivas como las reuniones y <strong>negociaciones de la Unión Europea con el Reino Unido</strong>. Tanto es así que ha sido la predisposición a dialogar de ambas partes la que ha permitido finalmente llegar a acuerdos como el del pasado 29 de enero, cuando se establecieron algunos de los términos para la transición de la salida del país británico de la UE, lo que puede que dure hasta el 31 de diciembre de 2020.</p>
<p>Pero, además, el ‘brexit’ ha provocado un intenso debate en lo que se refiere a la redistribución de escaños en el Parlamento Europeo. La principal propuesta que se presentó hace unos días en Estrasburgo establece que 27 de los 73 escaños de los que disponía el Reino Unido como Estado miembro de la Unión Europea, se repartirán entre los 27 países miembros de la UE. Así se indica en el ‘<a href="http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef=-//EP//TEXT+REPORT+A8-2018-0007+0+DOC+XML+V0//EN&amp;language=es" target="_blank" rel="noopener" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?hl=en&amp;q=http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef%3D-//EP//TEXT%2BREPORT%2BA8-2018-0007%2B0%2BDOC%2BXML%2BV0//EN%26language%3Des&amp;source=gmail&amp;ust=1518691326780000&amp;usg=AFQjCNHBaMr2GzTEe3zbFP7L9-3AROIH0w">Informe de la comisión de asuntos institucionales</a>’ que propone reservar los otros 46 escaños a futuros miembros de la Unión o a las listas electorales transnacionales, aunque esto último ha sido rechazado por los eurodiputados en el Pleno. Este nuevo reparto de escaños se ha traducido en una <strong>intención de reducción de asientos en el Parlamento Europeo</strong>.</p>
<p>En total, la institución cuenta en la actualidad con 751 escaños, el máximo que permiten los tratados constitutivos. Uno de los objetivos de esta propuesta es evitar la infrarepresentación de Estados con menos población (ya que la Eurocámara sigue el principio de ‘proporcionalidad degresiva’) y conseguir que los países con menos escaños ganen entre uno y cinco asientos. En el caso de España, por ejemplo, se pasaría de 54 a 59 eurodiputados a partir de 2019.</p>
<p>Como ha informado el Parlamento Europeo, esta redistribución <strong>sólo entrará en vigor una vez se haya efectuado la salida de Reino Unido de la UE</strong>, lo que se espera que se produzca en marzo de 2019, a las puertas de las próximas elecciones europeas que podrían celebrarse del 23 al 26 de mayo de ese mismo año, tal como propuso la conferencia de presidentes del Parlamento.</p>
<p>La principal disposición normativa por la que se guía esta propuesta de distribución de asientos entre los Estados miembros es el artículo 14 del Tratado de la Unión Europea (TUE), que en su apartado 2 establece que “el Parlamento Europeo estará compuesto por representantes de los ciudadanos de la Unión. Su número no excederá de setecientos cincuenta, más el Presidente. La representación de los ciudadanos será decrecientemente proporcional, con un mínimo de seis diputados por Estado miembro. No se asignará a ningún Estado miembro más de noventa y seis escaños”. Y además añade que será el Consejo Europeo, a iniciativa del Parlamento Europeo y con su aprobación, el que tomará una decisión unánime sobre la composición de la Eurocámara conforme a los principios dispuestos en este artículo.</p>
<p>Así las cosas, la propuesta debatida en el pleno de la semana pasada <strong>fue aprobada con 431 votos a favor</strong>, 182 en contra y 61 abstenciones. Tras este respaldo, la iniciativa legislativa se remitirá a los jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros de la UE, quienes deberán tomar una decisión unánime, y será el Parlamento quien dará su consentimiento final. Será éste uno de los temas analizados en una cumbre informal de los líderes de la UE el próximo 23 de febrero.</p>
<p><a href="https://www.facebook.com/ParlamentoEuropeo.ES/videos/1792911680759366/" target="_blank" rel="noopener" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?hl=en&amp;q=https://www.facebook.com/ParlamentoEuropeo.ES/videos/1792911680759366/&amp;source=gmail&amp;ust=1518691326781000&amp;usg=AFQjCNFcdVbfNetvoRujzhF1TjGuWYe9eQ">Vídeo del debate sobre la redistribución de escaños en el Parlamento Europeo (con traducción)</a></p>
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		<title>Comunicando Europa en una era convulsa</title>
		<link>https://compolitica.com/comunicando-europa-en-una-era-convulsa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Jun 2016 07:19:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A Fondo]]></category>
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		<category><![CDATA[Vicente Rodrigo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Vicente Rodrigo, @_VRodrigo Public Affairs Manager de Weber Shandwick y miembro fundador del colectivo Con Copia a Europa. Siempre hemos percibido a las instituciones europeas como la administración más alejada del ciudadano. Hoy, el desconocimiento se paga en el momento más crítico: los europeos ya nos planteamos sin tapujos si nuestros estándares de vida estarían [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://compolitica.com/comunicando-europa-en-una-era-convulsa/">Comunicando Europa en una era convulsa</a> se publicó primero en <a href="https://compolitica.com">ACOP | Asociación de Comunicación Política</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por </strong><span class="DestacadoB">Vicente Rodrigo</span>, <a href="https://twitter.com/_vrodrigo">@_VRodrigo</a> Public Affairs Manager de Weber Shandwick y miembro fundador del colectivo Con Copia a Europa.</p>
<p>Siempre hemos percibido a las instituciones europeas como la administración más alejada del ciudadano. Hoy, el desconocimiento se paga en el momento más crítico: <strong>los europeos ya nos planteamos sin tapujos si nuestros estándares de vida estarían más protegidos fuera de la UE</strong>.</p>
<p>No en vano, el segundo estado de mayor peso en el continente ha vivido una intensa campaña de confrontación entre las opciones de quedarse o irse. El Reino Unido ha inaugurado esta dinámica comunicativa sobre los perjuicios de la integración comunitaria, siendo testigos, de manera mayoritaria, de los informes y voces del establishment partidarios de poner un punto y aparte a esta Unión cuyo rumbo muchos desconocen.</p>
<p>Poco a poco, <strong>los Estados miembros viven un proceso de introspección que ha eliminado todo fervor por crecer a un rimo de 28</strong>. Europa está cambiando. Se abren nuevas dinámicas que requerirán procesos de observación y escucha. Los estados experimentan mutaciones drásticas en sistemas de partidos que en muchas ocasiones habían permanecido inalterables durante décadas. La perplejidad y las ganas de observarlo distraen la atención mediática y ciudadana sobre los asuntos de la Unión, al mismo tiempo que irrumpen o se consolidan fuerzas xenófobas o simplemente antieuropeas con un discurso que reta al más de medio siglo de integración en torno a Bruselas.</p>
<p>Pese a que muchos se quejan de que la UE es únicamente un proyecto económico, una amalgama de regulaciones en pro de las actividades financieras y al servicio de los negocios, nos encontrarnos en una etapa en que ni los inversores confían ni parecen apostar por la UE: las plazas financieras europeas aún no encuentran su acomodo en los mercados desde la fatigosa crisis que amenazó con tumbar al euro en 2012. Y el horizonte que abre la victoria del Brexit sólo aventura un camino de incertidumbres en este sentido.</p>
<p><strong>No cabe duda de que los procesos de comunicación de las instituciones comunitarias han fallado</strong>. Y no ha sido por falta de medios, equipos o recursos. Ni siquiera de ideas; la comunicación de la UE es innovadora y pedagógica e invierte recursos en infografías o vídeos, en redes sociales y en medios técnicos. Los equipos no son precarios, están especializados y tienen cubiertos todos los canales.<br />
En cuanto a las herramientas, existe saturación. Tanto los equipos de las instituciones comunitarias como los grupos políticos del Parlamento Europeo entienden el proceso de comunicación desde un ángulo integral que lo engloba todo. <strong>Se incorpora lo nuevo, pero no se prescinde de lo viejo: Snapchat convive con la nota de prensa</strong>. Los equipos, saturados, se esfuerzan en ser creativos para que el mensaje llegue al periodista. Y en cuanto a los resultados, los equipos se lamentan de que sus jefes les sigan pidiendo salir en la versión impresa sin darse cuenta de que un tuit viral puede ser mucho más efectivo. Muchos afirman desistir ya de que un periodista atienda sus notas de prensa y han optado por compartirles frases rápidas y fotos a través del WhatsApp.</p>
<p>Pero más allá del trabajo de despacho, <strong>los errores que comete la comunicación de la UE se hallan en lo estratégico. Falla, en primer lugar, la diversificación del mensaje. Y en segundo lugar, su renovación</strong>. Esta Unión está envejeciendo y lo hace a la luz del mismo espíritu con el que nació. Las sociedades han cambiado profundamente, los jóvenes se sienten fuera del sistema y, necesariamente, la Unión Europea significa una cosa bien distinta en 2016 que en los años 50 del siglo XX.</p>
<p>Falla la diversificación porque prima el mensaje único. Disponer de un relato sólido y único es imprescindible para cualquier proyecto, de eso no cabe duda, pero no es válido para un proyecto como el comunitario, cuya historia, especialmente la reciente, se viene forjando a través de diferentes crisis. Y <strong>el relato único no nos sirve al mismo tiempo para salvar el euro, para gestionar la llegada de los refugiados y para evitar el Brexit</strong>. “Europa se forjará en crisis”, sentenció a modo de presagio Jean Monnet, uno de los padres fundadores de la Unión.</p>
<p>Y en efecto, los argumentos para gestionar las diferentes crisis no se han movido un ápice del discurso oficialista que nos tenemos bien aprendido: la paz, las bondades de la cooperación entre vecinos, el mercado interior, la movilidad. <strong>Es un mensaje familiar. Nos lo han contado demasiadas veces. Y enfrentarse a un mensaje de este tipo hace que se pierda la eficacia</strong>: no hay efecto sorpresa, apenas hay aprendizaje <strong>y lo que es peor: el relato europeo se ha institucionalizado</strong>, cubriéndose con ello de una capa gris que lo hace aún menos digerible. La institucionalización del mensaje conlleva la percepción de las élites versus los ciudadanos y hace más sólido el eterno “top-down”: el mensaje viene marcado desde arriba y es función de los ciudadanos asumirlo sin formar parte de la elaboración del mismo. La distancia jerárquica sólo se vence humanizando el mensaje, desdibujando el uso de los símbolos del poder.<br />
Del mismo modo que antes reconocíamos los recursos y los esfuerzos de los equipos de comunicación política de la UE, es preciso remarcar cierta carencia en dosis de ingenio y vitalidad. <strong>Es como si las propias instituciones sintieran hastío de sí mismas, o como si se hubieran acomodado en su zona de confort</strong>. Despertar del letargo el agónico discurso oficial pasa por declinarlo, por dotar a cada crisis de su propio relato, buscar villanos y héroes cuando haga falta, generar ilusión e intentar despertar emociones.</p>
<p>En cuanto a la renovación, ésta no se produce porque <strong>el relato lo monopoliza la misma élite que ha hecho del proyecto lo que hoy es</strong>. Para que conecte, el debate público debe buscar elementos de vinculación con los grupos sociales que lo reciben, que a su vez deben sentirse representados o reflejados en lo que se proyecta. Hay dos factores que impiden que esto se produzca: la escasa permeabilidad de las instituciones y su bajo interés por llegar a la sociedad civil que se encuentra fuera de la burbuja informada e interesada.</p>
<p>Los actos, conferencias y eventos organizados por instituciones o por asociaciones afines se ven plagados de lugares comunes que tratan de responder a los mismos “retos”, “encrucijadas” y “desafíos”, generalmente copados por antiguos representantes de las instituciones comunitarias y con escasa participación del público –por no mencionar la limitada interacción con los canales sociales.</p>
<p>En los últimos años, no obstante, se percibe cierta desburocratización en los procesos de comunicación de la Unión. Tanto en su trato con los periodistas que cubren los temas europeos como en la propia gestión de su comunicación corporativa. Debemos entender, en todo caso, que <strong>el profundo desarraigo que hoy viven los europeos respecto a las instituciones comunitarias no se soluciona únicamente con las dinámicas relativas al ámbito de la comunicación</strong>.</p>
<p>Como concluye Francisco Seoane Pérez en «Political Communication in Europe” (Palgrave Macmillan, 2013), existen elementos estructurales en la propia Unión que le marcan las carencias comunicativas y de vinculación con el ciudadano. Por un lado, el autor apunta la escasa politización, que se traduce en menor movilización e implicación activista; por otro, el diplomacy consensus, un acuerdo tácito entre las principales fuerzas políticas por que los avances cuenten con apoyos políticos mayoritarios que ha llevado a asumir con cierto buenismo y nula capacidad crítica que todo lo que viene de Europa es positivo en sí mismo. Con el tiempo, este consenso ha generado fricciones al surgir nuevos partidos que no han querido sumarse al mismo, pero también porque los ciudadanos han contestado cada vez más las posturas y políticas procedentes de Bruselas. Por último, el autor también señala el neocorporativismo y la gestión tecnocrática, elementos que impiden la formación de una efectiva comunidad cultural y política europea.</p>
<p>Al mismo <strong>tiempo, la comunicación que se planifica en Bruselas debe contentar, o al menos no molestar, a demasiadas partes al mismo tiempo</strong>, y eso le resta irremediablemente la agilidad y la capacidad de reacción y adaptación para ser lo suficientemente efectiva, estratégica e ingeniosa.</p>
<p><strong>La falta de contenido y el oportunismo mediático</strong></p>
<p>La Comisión Juncker, elegida tras las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, aprobó el “Better Regulation Package”. Su intención: reducir el número de asuntos sobre los que Europa decide. Así, Bruselas no sería percibida como el gigante burocrático que regula hasta las etiquetas de las botellas de aceite, sino que se centraría en aquellos asuntos donde verdaderamente puede aportar valor.</p>
<p>En la práctica, esto ha supuesto un significativo vaciamiento de contenido de las instituciones que pone en mayores aprietos a los equipos de comunicación para encontrar oportunidades mediáticas. Mientras la Comisión Europea adelgaza el dossier de propuestas legislativas, <strong>el Parlamento Europeo ha sorteado esta falta de contenido convirtiéndose en una Cámara más política</strong> que alberga tensos rifirrafes sobre cuestiones de actualidad en lugar de debatir y votar enmiendas técnicas sobre legislaciones concretas. En el corto plazo, este papel de foro romano le otorga más cobertura mediática: interesa más una discusión sobre los “Papeles de Panamá” que una nueva Directiva sobre la gestión de los residuos urbanos; en el largo plazo, sin embargo, se corre el riesgo de apenas causar verdadero impacto en la vida de los ciudadanos.</p>
<p>Hoy, <strong>la sensibilidad hacia la agenda mediática parece subordinar las obligaciones propias de una Cámara legislativa</strong>. Cada nuevo escándalo se salda con la apertura de una comisión de investigación, iniciativa que se gana el titular en todos los medios de comunicación pero de la que apenas se hace seguimiento y cuyas conclusiones son de escasa trascendencia. Diputados y asesores se lamentan de esta deriva tanto en Bruselas como en Estrasburgo. “En términos de comunicación sabemos dónde hay que ir y dónde hay que estar, pero corremos el riesgo de perder el fondo y, poco a poco, la capacidad regulatoria”, parecen indicar en consenso los equipos consultados.</p>
<p>No cabe duda de que la Unión Europea es el espacio con mayores derechos y libertades del mundo. Pero el futuro de la construcción europea precisa de compromiso ciudadano. Rescatando la idea de los deberes humanos del escritor José Saramago, “ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden”. <strong>El papel de los estrategas de comunicación que trabajan en la Unión Europea en la supervivencia de la misma es crucial</strong>. Su reto es ilusionar a la ciudadanía para que acuda masivamente a elegir a sus representantes en el Parlamento Europeo, para que conforme una opinión pública crítica y vigilante, para que se preocupe por mantener los estándares alcanzados y que contribuya a hacer de la Unión el proyecto emocionante y en continua construcción que algún día fue.</p>
<p>En la última década, la Unión Europea resiste. Lo hace frente a los movimientos en los mercados de inversores que han especulado gravemente contra la propia viabilidad económica y política del proyecto. Del mismo modo, trata de esquivar el auge en política de movimientos extremos y populistas contra el avance de la integración. Todavía es pronto para saber si superará la salida del Reino Unido o si esta crisis servirá de revulsivo para crecer aún más. Gestiona a cuentagotas, y con gran presión ciudadana, desafíos que apenas sabe encarar como la llegada masiva de refugiados pidiendo asilo político. Y sobre todo, reacciona unida frente al terrorismo más terrible contra lo que significan los valores, los derechos y el modo de vida que representa.</p>
<p>Será trabajo de toda una generación recomponer las grietas y fricciones para entusiasmar a los ciudadanos de un continente al que llaman “viejo”, pero que todavía tiene todo el potencial.</p>
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		<title>Brexit, el acomodo de Reino Unido en una UE en horas bajas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jun 2016 16:20:42 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Por <strong>Vicente rodrigo</strong>, <a href="https://twitter.com/_vrodrigo?lang=es">@_VRodrigo</a>, Public Affairs Manager, Weber Shandwick</p>
<p>Este mes de junio conocemos por fin el resultado de una de las más recientes fricciones entre la Unión Europea y el Reino Unido. <strong>No es, ni con mucho, la</strong> primera<strong> vez en que el debate público británico cuestiona la vinculación de su país a las instituciones comunitarias</strong>. Durante la campaña electoral de 1974, previa a la incorporación del Reino Unido a la Unión Europea, el laborista Harold Wilson prometió una renegociación de las condiciones de entrada del país a la por entonces Comunidad Económica Europea. Pese a los términos previamente acordados, las instituciones comunitarias hicieron las cesiones pertinentes para que Wilson ganase el sí en el referéndum, que se saldó con un 63% de los votos afirmativos.</p>
<p>El <em>premier</em> británico <strong>David Cameron</strong> ha decidido jugarse gran parte de su capital político en la cuestión del Brexit. Escorado por el empuje del eurófobo <strong>Nigel Farage</strong> en las urnas (en las últimas elecciones se hizo con el 12% de los votos), Cameron apostó por hacer del Brexit uno de los puntos centrales de su campaña electoral, comprometiéndose a negociar un marco diferente para el Reino Unido en la Unión. Una mayoría absoluta inesperada y una negociación europea por la vía rápida auguraba un camino fácil que, sin embargo, las encuestas no hacen más que complicar.</p>
<p>La retórica ha variado en tres principales escalas: la oficialista, a favor de la permanencia del Reino Unido en la UE y encabezada por el primer ministro David Cameron; la previsible crítica feroz de Nigel Farage, anclada en postulados que conducen a la polarización y al enfrentamiento, con una retórica dura, poco racional y poco objetiva pero con una gran capacidad de adhesión en un momento en que los británicos se preocupan por su futuro; y por último, la de mayor calado épico, encabezada por el conservador Boris Johnson, que postula su candidatura al liderazgo de los tories en caso de un estrepitoso fracaso de Cameron en esta contienda. Su campaña apela a la emoción, exhortando a los británicos ser “los héroes de Europa” frente a lo que considera un imperio muy alejado de los intereses de la City.</p>
<p>Se percibe, no obstante, y con más ahínco que en otras ocasiones, <strong>un hartazgo institucional</strong> y ciudadano ante lo que muchos consideran un -enésimo- trato de favor desproporcionado. El Parlamento Europeo ha recogido intensos debates con posturas muy críticas al Reino Unido desde prácticamente la mayoría de grupos parlamentarios. Por otro lado, <strong>el Brexit ha sido un tema paneuropeo que se ha debatido en los 28 Estados miembros y más allá</strong>; la maquinaria diplomática británica, por su parte, ha cuidado de que la imagen de su Gobierno no se vea perjudicada en terceros países, moderando su discurso en los países más europeístas.</p>
<p>El voto, en cualquier caso, lo determina esta vez la afluencia a las urnas; según las encuestas, <strong>el electorado más joven es el más europeísta, pero también el menos proclive a votar</strong>. Los sondeos de opinión coinciden en destacar la importancia del rango de edad correspondiente a los 18-35 años, un electorado de casi 16 millones de ciudadanos británicos. Una vez más, el factor generacional determina la forma en que los ciudadanos perciben a la Unión Europea en un momento de inquietud por mantener los estándares de bienestar.</p>
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