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	<title>mujeres archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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	<description>ACOP es un foro de intercambio de conocimientos, opiniones y experiencias sobre la investigación y la práctica de la comunicación política.</description>
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	<title>mujeres archivos - ACOP | Asociación de Comunicación Política</title>
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		<title>La “trampa 22” de la comunicación y el liderazgo político para las mujeres</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Mar 2020 21:59:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A Fondo]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El concepto “trampa 22” fue acuñado por el escritor Joseph Heller en la novela bélica homónima, Catch 22.</p>
<p>La entrada <a href="https://compolitica.com/la-trampa-22-de-la-comunicacion-y-el-liderazgo-politico-para-las-mujeres/">La “trampa 22” de la comunicación y el liderazgo político para las mujeres</a> se publicó primero en <a href="https://compolitica.com">ACOP | Asociación de Comunicación Política</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por Virginia García Beaudoux, <a href="https://twitter.com/virgbeaudoux">@virgbeaudoux</a>, Especialista en comunicación política con perspectiva de género, <a href="https://twitter.com/communicatioxxi?lang=es">@communicationxxi</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El concepto “trampa 22” fue acuñado por el escritor Joseph Heller en la novela bélica homónima, <em>Catch 22</em>. Alude a una situación paradojal de la cual una persona no puede escapar porque las condiciones o términos encierran una contradicción o mutua dependencia que no se puede resolver: a los jóvenes con frecuencia no los contratan por su falta de experiencia, y no tienen experiencia porque no los contratan. En la comunicación del liderazgo de las mujeres que se dedican a la política, existe una poderosa trampa 22 en la que se les induce a caer cuando las tareas de asesoramiento y consultoría se realizan sin perspectiva de género.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Afondo1B_N47.jpg.jpg" alt="" class="wp-image-13426" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Afondo1B_N47.jpg.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Afondo1B_N47.jpg-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Afondo1B_N47.jpg-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">No cabe duda: el liderazgo es masculino. Así lo establece uno de los estereotipos más extendidos y dominantes en nuestra cultura, que es también uno de los más injustos e imprecisos. Eso significa que no da lo mismo ser hombre o ser mujer en la política. A primera vista, se tiende a pensar que es un problema de América Latina; pero lo cierto es que en Estados Unidos y en numerosos países de Europa nunca conocimos una mujer jefa de Estado o de gobierno. Francia jamás tuvo una presidenta y solo una primera ministra; y en España hasta el momento ninguno de los grandes partidos acudió a las urnas siquiera una vez presentando una candidata. Existe un sesgo inconsciente de género que nos hace pensar que el liderazgo es masculino y que los hombres son líderes innatos. Cuando una mujer lidera, en cambio, debe dar pruebas reiteradas de estar en capacidad de hacerlo, porque desafía ese estereotipo tan arraigado que indica que el liderazgo tiene género y es masculino. Hemos establecido una identidad entre el liderazgo y las características que cultural y arbitrariamente determinamos que definen a “lo masculino” –por ejemplo, ejecutividad, asertividad, ambición, racionalidad, capacidad de dirigir, fortaleza-; y no así con lo que socialmente hemos estipulado que son los rasgos “propios de lo femenino”. Ese sesgo inconsciente, que incorporamos todas las personas en los procesos de socialización desde la infancia, resulta en prejuicios respecto de las habilidades para liderar que presumimos que tienen varones y mujeres, ubicando a las mujeres en situación de desventaja en las preferencias de la ciudadanía y de los votantes a la hora de elegir a quienes consideran seres idóneos para gobernar, legislar, y solucionar los problemas públicos y políticos. Es un estereotipo tan sólido, que hasta se ve reflejado cotidianamente en la comunicación a la que nos exponemos a diario: de 127 personajes con cargos políticos que vemos actualmente en series de televisión, solo doce son mujeres.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>No da lo mismo ser hombre o ser mujer en la política</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Lamentablemente, cuando se brinda asesoramiento en actividades de consultoría a candidatas y mujeres políticas, en reiteradas ocasiones no se tiene en cuenta ese factor crucial. Al igual que a los candidatos y políticos hombres, se les recomienda que enfaticen en su comunicación, en sus redes sociales y en sus apariciones públicas sus habilidades blandas de liderazgo, es decir, habilidades tales como la empatía, la escucha activa, la cooperación y la inteligencia interpersonal. En el caso de ellos, esa recomendación suele funcionar bien porque, erróneamente, se descuenta que los hombres líderes traen consigo por <em>default</em> y por naturaleza habilidades duras de liderazgo, tales como la ejecutividad, la capacidad de dirección, administración y planificación estratégica. Por lo tanto, cuando políticos y candidatos comunican públicamente destrezas y habilidades blandas, eso les suma valor, los hace verse como mejores y más completos líderes. Cuando ellos comunican estar en posesión de habilidades blandas de liderazgo, el sesgo inconsciente nos lleva a inferir automáticamente que además de las duras tienen las blandas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Erróneamente se descuenta que los hombres líderes traen consigo por <em>default </em>y por naturaleza habilidades duras de liderazgo</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En el caso de las mujeres, sucede todo lo contrario. No solo no se da por sentado que tienen habilidades duras para liderar, sino que cuando comunican habilidades blandas de liderazgo, la asunción automática e inconsciente de la ciudadanía es que lo hacen porque carecen de las otras, de las habilidades duras, y las blandas son lo único que pueden mostrar. Se asume que, por el mero hecho de ser mujeres, ya vienen “genéticamente” equipadas con habilidades blandas, pero en ningún caso se descuenta que poseen las duras, que son además las más valoradas. Para quienes, como en mi caso, reciban un correo una vez al mes en el que les ofrecen cursos y entrenamientos diversos para potenciar sus habilidades blandas de liderazgo, afirmando que ellas son la clave que garantizará el éxito a líderes y lideresas del siglo XXI, permítanme referirlos a los resultados de un estudio publicado en <em>Frontiers in Psychology</em> en octubre de 2018, r­ealizado por los investigadores Vial y Napier de la Universidad de Yale y la Universidad de Nueva York respectivamente, que evidencia que no asignamos el mismo valor a las habilidades duras y blandas. A la hora de evaluar atributos de liderazgo, las personas continuamos asociando el liderazgo y valorando más a las y los líderes que exhiben características como habilidad de análisis, de planificación, dirección estratégica, ejecutividad, competitividad, agencia y asertividad. En otras palabras, las viejas y bien conocidas habilidades duras de toda la vida. Las habilidades blandas se valoran muy positivamente también, pero únicamente en tanto y en cuanto vengan a complementar a las duras, a las que se considera primordiales y definitorias del liderazgo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Cuál es «la trampa 22» para las mujeres dedicadas a la política?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Si enfatizan en su comunicación las habilidades de liderazgo político blandas, que de antemano son las consideradas propias de su género, se asume que lo hacen porque carecen de las destrezas duras del liderazgo. Pero aquellas que en su comunicación contradicen la prescripción de género y exhiben c­omportamientos catalogados como “masculinos” a la hora de liderar, por ejemplo, comunicando ambición, orientación al poder, una tendencia a dirigir y ponerse al mando o a asumir riesgos, suelen ser percibidas negativamente y etiquetadas como mandonas, mujeres desagradables, mujeres atípicas y “raras” en las que no se puede confiar. El desafío para e­vitar que las mujeres caigan en la trampa 22 es la doble tarea de comunicar que cuentan con habilidades duras y blandas, brindarles un asesoramiento técnico que les permita comunicar de manera efectiva que están en posesión de ambos tipos de atributos de liderazgo: los duros y los blandos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Afondo1C_N47.jpg.jpg" alt="" class="wp-image-13428" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Afondo1C_N47.jpg.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Afondo1C_N47.jpg-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Afondo1C_N47.jpg-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Otro error frecuente, pariente cercano del que acabamos de catalogar, que se suele cometer en el asesoramiento con mujeres políticas y candidatas, es aconsejarles que en su comunicación enfaticen aspectos de sus vidas personales y cotidianas, que se muestren en actividades con sus familias, con el objetivo de generar cercanía emocional con la ciudadanía o el electorado. Esa indicación, que en numerosas ocasiones resulta efectiva para los hombres de la política, es un suelo peligrosamente resbaladizo para las mujeres. Una vez más, a causa de nuestros sesgos perceptuales inconscientes, cuando vemos, leemos o escuchamos a un hombre político, asumimos automáticamente que la política es “su” dominio, “su” reino, y que el espacio público es suyo desde siempre y les es tan natural como el agua al pez. Por esa razón, cuando comparten imágenes de sus vidas privadas, que los retratan como padres amorosos que se ocupan sus hijos, como compañeros considerados involucrados en las tareas de cuidado y del hogar, o en su día de compras en el supermercado, eso les suma, porque les aporta una cuota de cercanía humana.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Las habilidades blandas se valoran muy positivamente también, pero únicamente en tanto y en cuanto vengan a complementar a las duras</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Les tengo una noticia: cuando vemos a una mujer política, el primer estereotipo que se activa y nos viene a la mente es el que reafirma que el espacio natural de las mujeres es el mundo de lo doméstico, de lo privado, e inconscientemente surgen preguntas y cuestionamientos tales como “¿será capaz de compatibilizar la cantidad de horas del día y de la noche que la política implica pasar fuera de la casa, con el cuidado de su familia y de sus hijos?”. Las mujeres, ya son familiares, cercanas y cotidianas, por lo que no necesitamos reforzar esa imagen en su comunicación. Todo lo contrario: nuestro desafío desde el asesoramiento técnico y la c­onsultoría política profesional es ayudarlas a posicionarse y a visibilizarse en el espacio público y político, comunicar para desafiar y cambiar el imaginario social dominante. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Si continuamos  al ritmo actual  cerrar la brecha  otros 95 años</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Recordemos, además, que los medios de comunicación dan un tratamiento diferente a las mujeres que a los hombres de la política: el trato que ellas reciben suele ser más familiar e irreverente, se realizan más comentarios acerca de sus vidas privadas y estado sentimental, se cuestiona con más frecuencia si están preparadas para el cargo que ocupan o pretenden, el tuteo en las entrevistas es más frecuente, en muchos casos las mencionan por sus nombres despojadas de sus apellidos, reciben más preguntas acerca de cómo se las ingenian para compatibilizar la carga doméstica con la del trabajo público, la vestimenta y apariencia de ellas recibe mucha más atención en los medios que la de ellos, y la edad de las mujeres políticas es un tema más frecuente de interés para los medios que la de sus colegas varones.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="863" height="494" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Afondo1D_N47.jpg.jpg" alt="" class="wp-image-13422" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Afondo1D_N47.jpg.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Afondo1D_N47.jpg-300x172.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2020/03/Afondo1D_N47.jpg-768x440.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"> Mis observaciones acerca de la “trampa 22” provienen de lecciones aprendidas en el territorio de la consultoría, acompañando codo a codo a mujeres políticas y candidatas electorales. Lecciones aprendidas después de haberme equivocado en diversas oportunidades por no haber tenido en cuenta la necesidad de incorporar la perspectiva de género en el diseño de sus estrategias de comunicación. Lecciones aprendidas después de haber cometido errores al asesorarlas por no anticipar que ellas, por el hecho de ser mujeres, recibirían un tratamiento diferente de la ciudadanía y de los medios. Lecciones aprendidas por ensayo y error después de haber tenido la oportunidad en los últimos años de asesorar y conocer a más de 3.500 mujeres de la política en países tan diversos como México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Panamá, República Dominicana, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Chile, Argentina y Uruguay. Sin importar si son candidatas o políticas en funciones; si ocupan cargos ejecutivos o legislativos, si son de partidos políticos mayoritarios o minoritarios, gobierno u oposición, representantes nacionales o de gobiernos locales, pertenecientes a mayorías o minorías étnicas, jóvenes o mayores; he podido constatar a través del día a día de sus experiencias que a su paso encuentran trampas y desafíos que se repiten una y otra vez, sin importar la latitud geográfica. Estereotipos, obstáculos, y trampas que la política las obliga a sortear a sola razón de su género, y que constituyen poderosas barreras para sus posibilidades de acceso y permanencia en cargos políticos.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Los medios de comunicación dan un tratamiento diferente a las mujeres que a los hombres de la política</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Las cuestiones a las que me refiero tienen consecuencias reales que perjudican a las mujeres en los escenarios políticos. A pesar de los avances, únicamente 19 de 193 países tienen una jefa de Estado o de gobierno, y apenas nueve tienen al menos 50 % de mujeres ministras en sus gabinetes. Según el reciente reporte 2020 del <em>World Economic Forum</em>, que mide las brechas de género en salud, educación, trabajo y política, aún resta mucho por hacer para lograr la paridad. Aunque la brecha en el ámbito de la política ha mejorado, el informe llama la atención sobre el hecho de que la política continúa siendo el área en la que, a pesar de los avances, se ha realizado el menor progreso hasta la fecha. En la actualidad, las mujeres ocupan solo 25,2 % de las bancas en las cámaras bajas de los parlamentos del mundo, y 21,2 % de las carteras ministeriales. Si continuamos al ritmo actual cerrar la brecha requerirá otros 95 años, es decir, la vida de una persona longeva. Requerirá que mi sobrina Lola, de catorce años, goce de buena salud otros 81 años más para que en su vejez tardía pueda ser testigo de que la política, que ya hoy mueve sus opiniones y curiosidad, la incluye en igualdad de condiciones y oportunidades. Me pregunto y les pregunto: ¿es justa esa situación?, ¿es esta una conversación para estar manteniendo en la tercera década del siglo XXI? Lamentablemente lo es, aunque no debería serlo. Está en nuestras manos, en nuestras acciones y decisiones diarias, reducir esos 95 años hasta cerrar la brecha que nos permita lograr un mundo paritario. </p>
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		<title>El mejor de los mundos</title>
		<link>https://compolitica.com/el-mejor-de-los-mundos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 Mar 2019 08:00:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A Fondo]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[Túnez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Teresa Viejo @TeresaViejo Escritora, periodista. Embajadora de @unicef_es Un día Amelia Varcárcel, catedrática de Filosofía Moral y Política y miembro del Consejo de Estado de España, me aseguró mientras valorábamos la situación de la mujer que vivíamos en el mejor de los mundos posibles. Ella, reconocida por su aporte al feminismo, disolvió mi visión [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por Teresa Viejo <a href="https://twitter.com/teresaviejo?lang=es">@TeresaViejo</a> Escritora, periodista. Embajadora de <a href="https://twitter.com/unicef_es">@unicef_es</a> </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un día Amelia Varcárcel, catedrática de Filosofía Moral y Política y miembro del Consejo de Estado de España, me aseguró mientras valorábamos la situación de la mujer que vivíamos en el mejor de los mundos posibles. Ella, reconocida por su aporte al feminismo, disolvió mi visión catastrófica con aplastante lucidez: “No sabes lo que hubiera sido nacer mujer en la Edad Media”. A veces reconozco en mí cierto sesgo de negatividad que degrada el diagnóstico; ya me gustaría contar con la sabiduría de Amelia o la serenidad del filósofo indio Jiddu Krishnamurti cuando asegura que “observar sin evaluar constituye la forma suprema de la inteligencia humana”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En fecha reciente comenté la anécdota a Charles Powell, director del Real Instituto Elcano, quien suscribió aquel comentario: “Hay razones para el optimismo. Túnez, por ejemplo”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestra conversación me animó a observar qué estaba sucediendo en ese país árabe que, por una parte, abraza al Mediterráneo con ambición de apertura y por otra se comprime en el sándwich que forman sus vecinos Argelia y Libia. Por lo pronto conviene guardar los prejuicios en el congelador para entender la vanguardia que representa en otras sociedades árabes, pues tendemos a aplicar el método de análisis de Occidente olvidando que estas se mueven en un delicado triángulo: un patriarcado común, el dogmatismo de una religión que no se limita al terreno íntimo sino que impregna cada poro social y una tradición arcaica resistente al cambio. Me admira que en este escenario tan hostil lleguen a materializarse transformaciones, pero las mujeres tunecinas las están impulsando. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La fotografía de Souad Abderrahim celebrando brazos en alto su elección como alcaldesa de Túnez es difícil de olvidar. Sucedió la pasada primavera y marcó un tiempo nuevo para el país. Como autora de ficción tiendo a fantasear con los detalles que hilvanan la intrahistoria de las cosas pues ahí se fragua el verdadero relato, de modo que enseguida pienso en lo que podrían sentir los protagonistas de un acontecimiento, a dónde van su cabeza y sus recuerdos; en el caso de Souad sospecho que quizá volvió a la celda a donde le recluyó como castigo su militancia, en los años 80; o a ese día en que decidió desterrar el velo para asumir la dirección de una empresa farmacéutica -tal es su formación-, pues su uso provocaría recelos en el trato con directivos de otros países. Tiendo a barajar a quién dedicaría su elección, como si de un premio se tratara, y a compartir el orgullo de haber derrotado a Kamel Idir, su mayor adversario y expresidente de un equipo de fútbol. Ganar por goleada a un futbolero da juego a la metáfora.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Charles Powell: «Hay razones para el optimismo. Túnez, por ejemplo»</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">  Triunfó ella y 47 concejalas dentro del país que las había votado. Vo-ta-do y no colocado a dedo para cumplir el expediente, porque esa es la democracia que empodera de verdad a la mujer y la faculta para transformar el mundo alrededor. En esas elecciones de las que pronto se cumplirá un año, Túnez se encontró por primera vez con listas paritarias garantizadas por su Ley Electoral –las candidaturas de sus partidos deben conformarse con un 49,3 % de mujeres-, algo de lo que carecen viejas democracias como la del Reino Unido. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La siguiente pregunta pasa por averiguar cómo se llega hasta ahí, a ese oasis para quienes en el mundo árabe tienen que pedir permiso para casi todo, pues las primaveras árabes se han saldado con más luces que sombras; e indagando desemboco en la fecha de su independencia de Francia –año 1956-, en la que el primer presidente de la República Tunecina, Habib Bourguiba, rubricó un nuevo Código Civil con medidas como abolir la poligamia –el único país árabe que lo recoge por ley- y el repudio, fijar la edad mínima para contraer matrimonio en 17 años -con el previo consentimiento de la mujer- y aquel impulso modernizador por el que se rechazaba públicamente el uso del velo islámico, al que él mismo se refirió como “ese trapo odioso”.  </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>La fotografía de Souad Abderrahim celebrando brazos en alto su elección como alcaldesa de Túnez es difícil de olvidar</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo nada tan revolucionario como empujar a las niñas al colegio. Sin la educación a la que accedieron las hijas de las clases humildes no puede entenderse el país de ahora, porque la oligarquía intelectual puede dotar de andamiaje intelectual a un movimiento pero la maquinaria del mismo debe de ser transversal y profundamente popular. «Antes de la independencia, las mujeres se quedaban en casa, usaban el velo y, básicamente, no tenían derechos. Lo que disparó el cambio fue la alta tasa de acceso a la educación y la urbanización, y una importante clase media en la que los padres enviaban a sus hijas a estudiar», declaró la profesora de Sociología de la Universidad de Túnez Dora Mahfoud, al programa The Compass de la BBC a comienzos de 2017. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, cuidado con elevar a Bourguiba a los altares pues la beatificación no está hecha para los políticos: el presidente provenía de un mundo conservador y reaccionario y a él volvió pasado el tiempo; simplemente entendió que debía de subirse al carro del progreso tras producirse la independencia, para validar la misma en el contexto internacional donde Túnez debía de alcanzar credibilidad. A cambio la sociedad tunecina avanzó en años lo que otras emplearon décadas, o incluso siglos. Esta característica es común a países, no solo árabes, cuya necesidad de refrendo les conduce a decisiones aperturistas que no hubieran suscrito si la fortaleza de su sistema se lo hubiera permitido. La debilidad conduce al pacto entre diferentes y a la búsqueda denodada del consenso. <em>Quid pro quo.</em></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Voluntad política más educación: aquí las variables de una ecuación llamada a dibujar el nuevo escenario del mundo árabe</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Aquel germen permaneció larvado y las mujeres pulieron sus armas hasta el momento de desenvainarlas, porque hoy siguen pleiteando. De hecho, y a pesar de haber legalizado el aborto ocho años antes que en Estados Unidos (se aprobó en 1973 hasta los tres meses de gestación, por cualquier motivo y a petición expresa de la mujer; se aplica en la sanidad pública y es gratuito), divorciarse (algo extraño en los países árabes), o alcanzar hace dos años un derecho tan lógico como humano como es el de casarse con alguien de otra religión –históricamente los hombres sí podían hacerlo-… su lucha por las libertades y la igualdad es denodada: por ejemplo, en una herencia ellas reciben la mitad de lo que reciben los varones, quienes -lo anoto con gran sorpresa- están eximidos de cumplir pena alguna por violar en el seno del matrimonio hecho que no se considera delito, como no lo es el tráfico de mujeres para la explotación sexual aunque la prostitución esté legalizada (en cuatro grandes ciudades del país). No necesito elucubrar largamente para deducir que muchas de estas normas recogidas por la Constitución proceden de una interpretación ortodoxa de la sharia (la legalización de los matrimonios mixtos fue contestada con virulencia por los sectores religiosos), por lo que el debate entre política y religión resulta encarnizado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Voluntad política más educación: aquí las variables de una ecuación llamada a dibujar el nuevo escenario del mundo árabe. Ambas son indisolubles y se realimentan, pues cualquier avance necesita la valentía política para traducirlo a un marco normativo que lo valide y de un sistema educativo paritario, abierto a las ideas y flexible a la crítica, e­ncargado de formar a la sociedad presente y futura (en Túnez la educación es pública y gratuita). Sobre ellas, no obstante, planea una incógnita difícil de desactivar: los tentáculos de la ley islámica, máxime cuando los límites entre lo público y lo privado se confunden; porque si bien Iglesia y Estado llevan sesenta años separados y la República es laica, la costumbre se vuelve un perro de presa que se defiende a mandíbula batiente ante cualquier reforma.</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/03/Afondo1B_N36.jpg" alt="" class="wp-image-11880" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/03/Afondo1B_N36.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/03/Afondo1B_N36-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/03/Afondo1B_N36-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El mundo árabe no posee exclusividad en este mal. Occidente hizo sus deberes para desactivarlo pues el cambio está en el ADN de la vida, y si los humanos asumimos que nadie sale indemne del paso de otras ideas por nosotros, tampoco las sociedades permanecen inanes al rodillo del tiempo. El actual presidente tunecino, Béji Caïd Essebsi, lo argumentó cuando explicó a las autoridades religiosas que el Islam no puede estar en contra de la libertad y la igualdad pues “el Corán debe de leerse en su conjunto. Su interpretación debe de ser de acuerdo a la realidad actual y no con una lectura patriarcal”. Nada que objetar ante su elocuencia. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Quisiera rescatar, por pionera, su Ley contra la Violencia de Género que entró en vigor en 2018, pues la violencia contra la mujer está considerada una de las lacras del país, en especial en el seno familiar. La Ley, calificada uno de los mayores avances en los derechos de la mujer del mundo árabe, castiga con penas de veinte años (incluso cadena perpetua) a quienes mantengan relaciones sexuales con menores de 16 años. Si la joven tiene entre 16 y 18 años, el detenido se enfrentará a cinco años de cárcel, teniendo en cuenta que antes podía evitarlo si se casaba con la víctima. A su vez recoge multas económicas por acoso sexual incluido el verbal, algo a la orden del día, y amplía la edad de madurez sexual femenina de los 13 años a los 18 años. Un texto revolucionario en una sociedad que, en contraste, mantiene el uso masculino de sus cafés (salvo excepciones turísticas) y donde buena parte del ocio femenino se produce de puertas para adentro. El abismo entre lo que sucede dentro y fuera de casa se aviva cuando la tradición colisiona con la educación igualitaria de hombres y mujeres.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>La mujer y el cambio caminan juntos, aunque para activarlo se necesita fortalecer un liderazgo</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Como Embajadora de Unicef he comprobado lo disruptiva que puede ser la educación. No hay nada más eficaz, por mucho esfuerzo de integración que realicen las autoridades, que las madres educando en igualdad a sus hijos e hijas, pues el modelo que interioriza la infancia se reproduce en edad adulta revirtiendo lo nocivo de algunas situaciones. “Antes se queda un ruiseñor sin canción que una mujer sin conversación”, cuenta un viejo refrán español que ilustra esa habilidad de las madres para socializar con la palabra, dar alas a la imaginación y contextualizar las situaciones más difíciles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La mujer y el cambio caminan juntos, aunque para activarlo se necesita fortalecer un liderazgo que, como el de las políticas tunecinas, reivindique lo femenino allí donde antes “mandaba” lo masculino. En una de las últimas entrevistas que concedió el psiquiatra y académico de la RAE Carlos Castilla del Pino antes de fallecer, compartió conmigo su preocupación por la actitud femenina frente al poder porque, según él, aún no había sabido perfilar su lugar: “El papel que ha encontrado se asemeja mucho al que tenía el hombre. La diferenciación que debía de haber introducido en sus relaciones con el otro sexo no la veo”.  La verdadera revolución, la auténtica primavera árabe, debe de conducir a las políticas de esos países a defender su “papel mujer”, es decir luchar por las libertades en el ámbito público y en aquel mal llamado íntimo que, sin embargo, trasciende a toda la sociedad. No en vano en Occidente compartimos con ellas un nudo gordiano: la discriminación laboral no se produce tanto en referencia al sexo como a la maternidad. En Estados Unidos casi el 50 % de las ejecutivas no son madres, frente al 14 % de los varones. Helen Fisher, la investigadora norteamericana, recogía en su libro “<em>El primer sexo</em>” las palabras del analista de tendencias de mercado Arnold Brown cuando explicaba que la “mejor preparación para los negocios es la maternidad”. La declaración debe leerse desprovista de ideología, ciñéndola al contexto a­ntropológico que pondera la flexibilidad, la cooperación, el consenso, la intuición o el ingenio femeninos. En ese sentido la voz reivindicativa de las mujeres tunecinas se alza para clamar conciliación, permisos de paternidad, horarios flexibles y libertades en el seno del matrimonio…, difícilmente serán los hombres de su país quienes los reclamen porque su poder ha estado tradicionalmente ligado al silencio de la mujer. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>La visibilidad y activación de la mujer como motor del cambio otorga a la sociedad más equidad, más solidaridad, valores y una actitud ética</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Durante este acercamiento al interesante escenario tunecino me ha venido a la memoria el fenómeno africano de Ruanda, un país obligado a reconstruirse tras la devastación de la guerra hutus-tutsis y el genocidio del 94, cuyo dramático saldo fue la aniquilación de los hombres jóvenes. Con una población del 60 % de mujeres no extraña que la mayoría de las parlamentarias lo sean, bien por motivos demográficos y porque su Constitución reserva una cuota femenina del 30 % de los escaños. Así, en 2017, Ruanda ocupó la cuarta posición del informe mundial donde el Foro de Davos recoge los datos relativos a la eliminación de la brecha de género. De nuevo marco legislativo y educación dándose la mano. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En pleno siglo XXI pensar que la estructura del poder es inamovible resulta obsoleto, como lo es defender que la mujer deba de encajar en ella obligándola a adaptarse a sus normas y actuando de forma masculina. Esto obliga a un ejercicio semántico del concepto “poder” en la política, la empresa y la sociedad, que integre la diferencia y promueva un intercambio enriquecedor. Algo parecido a lo que realizan las mujeres tunecinas en una denodada lucha por la paridad. ¿Y eso es todo? ¿En esto consiste la fórmula exportable al resto de los países de la zona? ¿Qué encontrarían de ventajoso sus vecinos Libia o Argelia para seguir sus pasos? No hay respuestas simples a preguntas complejas. </p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="863" height="578" src="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/03/Afondo1C_N36.jpg" alt="" class="wp-image-11882" srcset="https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/03/Afondo1C_N36.jpg 863w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/03/Afondo1C_N36-300x201.jpg 300w, https://compolitica.com/wp-content/uploads/2019/03/Afondo1C_N36-768x514.jpg 768w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, seguir masculinizando la política o la empresa aboca a perpetuar un patriarcado que en el mundo árabe hunde sus raíces en la tradición de la sharia; en cambio la visibilidad y activación de la mujer como motor del cambio otorga a la sociedad más equidad, más solidaridad, valores y una actitud ética. Humanismo, en suma, del que se benefician hombres y mujeres. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta suma de señales que es la vida diré que mientras escribía este texto conocí a Cristina Gallach. Cristina es la Alta Comisionada para la Agenda 2030 en España; una mujer poseedora de una privilegiada visión del mundo tras su paso por los tres grandes organismos internacionales -ONU, OTAN y UE-. Afinaré más: la única mujer que ha ostentado cargos de responsabilidad en los tres. Durante nuestra charla desmenuzamos los Objetivos de Naciones Unidas para el 2030, hablamos de Europa, de la condición de la mujer… y en un instante de la conversación fluyó la siguiente confidencia: “¿Sabes algo, Teresa? Somos afortunadas, vivimos en el mejor de los mundos posibles”. </p>
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		<title>Un país llamado igualdad</title>
		<link>https://compolitica.com/un-pais-llamado-igualdad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Apr 2018 04:58:48 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Susana Moreno, @susamoreno Dra. Profesora en la UCJC Que abran paso los gobiernos del mundo con tareas pendientes sobre la igualdad en sus sociedades: una nueva primera ministra está llamando a la puerta. Y lo hace con una fórmula definitiva para cerrar la brecha salarial. La rojiverde Katrin Jakobsdóttir quiere convertir a Islandia en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por</strong> <span class="DestacadoB">Susana Moreno,</span> <strong><a href="https://twitter.com/susamoreno?lang=es">@susamoreno</a> Dra. Profesora en la UCJC</strong></p>
<p>Que abran paso los gobiernos del mundo con tareas pendientes sobre la igualdad en sus sociedades: una nueva primera ministra está llamando a la puerta. Y lo hace con una fórmula definitiva para cerrar la brecha salarial. La rojiverde Katrin Jakobsdóttir quiere convertir a Islandia en el país más igualitario del mundo. Y para ello cuenta con una profunda convicción, voluntad política y herramientas tan poderosas como el presupuesto y la legislación.</p>
<p>El ariete de su flamante mandato ha sido la puesta en marcha de una ley que prohíbe que los hombres puedan cobrar más que las mujeres en trabajos de la misma responsabilidad y categoría. Esta norma, pionera en el mundo, elimina la discriminación no solo por razón de género sino también de etnia, nacionalidad o sexualidad, y afecta a 1.200 organismos públicos y compañías privadas de más de 25 empleados, que deberán enfrentarse a sanciones económicas si no se ajustan a la paridad salarial. El 80 % de la fuerza laboral islandesa -unos 150.000 trabajadores- se verá beneficiado por esta rotunda iniciativa que supone un coste para las empresas de entre el 0,1 % y el 0,3 %. El impacto de la medida desbarata la tibieza de leyes anteriores en las que se contemplaba la igualdad salarial, pero al tiempo se desatendía la realidad del país nórdico donde las mujeres cobran una media del 17,5 % menos que los hombres.</p>
<p>Con iniciativas como la de Jakobsdóttir, Islandia se mantiene por noveno año consecutivo a la cabeza de los países más igualitarios del planeta, según el Informe Global de la Brecha de Género que elabora el Foro Económzundial. Pero para la primera ministra éste es solo el inicio de un largo camino plagado de tantos logros pasados como retos futuros, en pos de la igualdad. La propia Jakobsdóttir ya manifestó en su toma de posesión que convertirse en la segunda mujer que encabeza el gobierno islandés en toda su historia no es algo de lo que presumir, sino una absoluta falta de equidad ya que ella debería haber sido, según sus palabras, al menos la decimoquinta. “Para rectificar esta injusticia tendría que haber otras quince primeras ministras después de mí”, manifestó.</p>
<p>Antes de que esta política ecologista, pacifista y feminista de 42 años ostentase la jefatura del gobierno islandés, otra mujer, Jóhanna Siguroardóttir lo logró en el año 2009. Estaba casada con otra mujer, tenía dos hijos, y fue la primera jefa de gobierno del mundo perteneciente al colectivo LGTB+. Asumió un mandato provisional para suceder al dimitido Geir Haarde, que se mantuvo hasta las elecciones de 2013.<br />
Ambas han seguido los pasos de Vigdis Finnbogadottir, una madre soltera que fue elegida presidenta de Islandia en 1980, cuando las jefas de Estado designadas por las urnas eran una curiosa excepción. La BBC cuenta en un artículo que los islandeses estaban tan acostumbrados a ver a esta exprofesora como mandataria, que cuando se anunció por televisión que Ronald Reagan ocuparía la Casa Blanca, un niño le dijo a su madre: “Ese señor no puede ser el presidente, ¡es un hombre!”.</p>
<p>Pero no solo Islandia ha demostrado ser una nación pionera por ser el primer gobierno en tener a una lesbiana a su frente en 2009, y ahora a una ecologista. También demuestra ser un ejemplo mundial al tratarse del único país donde se ha juzgado a sus políticos por la crisis financiera de 2008 y en el que sus ciudadanos se han negado a cargar con las deudas de los bancos. Estas valientes decisiones están respaldadas por un activismo femenino que se remonta a 1850 cuando esta pequeña isla fulminó el sistema de los derechos de herencia y los convirtió en igualitarios para hombres y mujeres.</p>
<p>La carrera por la igualdad superó otra meta en 1915 cuando las mujeres pudieron votar, cinco años antes que en los Estados Unidos, y volvió a escribir otro hito en la historia cuando las islandesas dejaron sus puestos de trabajo en octubre de 2017 para exigir la eliminación de la brecha salarial. Estas tímidas conquistas sociales han conseguido presionar a los gobiernos y han convertido a Islandia en el único país que ha revertido el 70 por ciento de sus diferencias de género.</p>
<p>La popularidad de la primera ministra comenzó a germinar en 2009 cuando ocupó el Ministerio de Educación, Ciencia y Cultura, hasta el año 2013. Desde esa atalaya, Katrin Jakobsdóttir aumentó el presupuesto para convertir cualquier manifestación artística en una oportunidad de empleo y de creación de riqueza. Gracias a aquella medida, Islandia es unos de los países que mayor número de ilustradores aporta al mercado de los videojuegos, y más escritores al mercado literario. Además, un 80 % de los jóvenes de esta pequeña isla norteña estudian solfeo y tocan un instrumento. A día de hoy, la cultura es la principal fuente de ingresos del país, solo por detrás de la exportación de bacalao.</p>
<p><strong>EL PROGRAMA DE KATRIN JAKOBSDÓTTIR</strong></p>
<p>Jakobsdóttir se convirtió en la primera ministra de Islandia -y en la líder europea más joven- el pasado mes de octubre tras unas elecciones anticipadas y una coalición con el conservador Partido de la Independencia que no se había visto desde después de la II Guerra Mundial. Ese acuerdo de gobierno también ha incluido al Partido Progresista (centro), en un tripartito donde, a priori, no hay sintonía ideológica. Una de las piedras de choque más evidente está en la fiscalidad, ya que los rojiverdes liderados por la primera ministra pretenden aumentar los impuestos a los más ricos mientras que sus socios de la derecha propugnan lo contrario.</p>
<p>Con todo, Jakobsdóttir rehúye de la confrontación y busca el consenso. Así, ha cedido al Partido de la Independencia las carteras de Economía; Pesca, Agricultura e Industria; Innovación y Turismo, y Exteriores. A sus socios de gobierno del Partido Progresista les ha adjudicado Transporte y Gobierno Local, y Educación y Bienestar Social. Los ministerios de Sanidad y Medio Ambiente se quedan en manos de los rojiverdes, en un parlamento de 63 escaños donde el gobierno está muy fragmentado: 16 escaños son del Partido de la Independencia, once rojiverdes y ocho progresistas.</p>
<p>Este panorama no va a facilitar el cumplimiento del programa electoral de la primera ministra islandesa que, si bien está sobre todo respaldado por los votantes de 18 a 29 años y por las mujeres, contiene puntos tan polémicos como la nacionalización de sectores tan estratégicos como el de la electricidad o la industria pesquera. También pretende redactar una nueva Constitución cuya base sea la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la que se incluyan las propuestas que ya hicieron los ciudadanos en el año 2010 y que cayeron en saco roto cuando el anterior gobierno las consideró demasiado “radicales”. Ahora se ha propuesto volver a recoger esas sugerencias que los islandeses pueden enviar incluso a través de las redes sociales.</p>
<p>Otras promesas electorales que Ja­kobsdóttir está decidida a cumplir a pesar de sus socios de gobierno pasan por el desarrollo de las áreas rurales del país, el control del turismo (este país tiene 330.000 habitantes y en 2017 recibió 1,7 millones de turistas), el acogimiento de un mayor número de refugiados, aumentar el gasto público en educación, transporte y salud, e ir más allá de los Acuerdos de París reduciendo la huella ecológica con cero emisiones de carbono en el año 2040. Además, es contraria a la pertenencia de Islandia a la OTAN, lo que choca frontalmente con sus nuevos socios del tripartito.</p>
<p>En materia de igualdad, el partido rojiverde insistirá en una mayor participación de las mujeres en el parlamento -en la actualidad ellas suponen el 48 % de los representantes electos- y en la educación en igualdad con el refuerzo de medidas como las licencias compartidas de paternidad y la eliminación de la brecha salarial.</p>
<p>En su afán por defender los derechos humanos, el parlamento islandés acaba de chocar con la iglesia judía y musulmana. Plantean convertirse en el primer país de Europa que prohíba la circuncisión, salvo por motivos de salud. El proyecto de ley compara esta práctica con la mutilación genital femenina y propone penas de hasta seis años de prisión para quien la practique, si no es por razones médicas. El gobierno de Jakobsdóttir considera que los derechos del niño están por encima de las creencias religiosas de sus padres, y que se debería llevar a cabo la circuncisión cuando el propio individuo tenga edad para decidirlo. La promotora de esta iniciativa, Silja Dögg Gunnarsdóttir, del Partido Progresista, subraya además el peligro de este procedimiento que se lleva a cabo en hogares “que no son estériles, y por parte de líderes religiosos que no son médicos”.</p>
<p>Las comunidades judías y musulmanas consideran que se está pisoteando su libertad religiosa y que si finalmente se prohíbe la circuncisión en Islandia, esta práctica pasará a la clandestinidad o las minorías religiosas viajarán a países donde sí esté permitido. El presidente del Congreso Judío Europeo, Moshe Kantor afirma que este intento de erradicar la circuncisión procede de la ignorancia y que en realidad se trata “de enviar un mensaje de que los judíos ya no son bienvenidos en Islandia”.</p>
<p>La circuncisión ha sido motivo de acalorados debates en otros países europeos. En 2012 Alemania determinó que esta práctica solo podría llevarse a cabo por parte de profesionales de la medicina o expertos capacitados, mientras que los médicos en Dinamarca consideraron en 2016 que las circuncisiones eran “éticamente inaceptables” cuando se realizaban en niños por debajo de la mayoría de edad.</p>
<p>Frente a esta postura, la Academia Estadounidense de Pediatría concluyó en 2012 que la circuncisión masculina en el recién nacido previene enfermedades como herpes genital o cáncer, de manera que la decisión final debe dejarse a los padres y su contexto social o religioso.</p>
<p><strong>ISLANDIA EN FEMENINO</strong></p>
<p>En el país de las auroras boreales la baja después del nacimiento de un hijo es de nueve meses. Pero, contrariamente a países como España donde es la madre la que asume el cuidado de los hijos, en Islandia padre y madre han de acogerse de manera obligatoria a una baja de tres meses cada uno. Los tres meses restantes se negociarán entre ellos. De este modo no solo se obliga a los hombres a compartir el cuidado de sus retoños sino que elimina la discriminación en las empresas a la hora de contratar a mujeres en edad fértil, porque ellas no asumen toda la baja por maternidad.</p>
<p>Detrás de medidas como esta hay una larga historia de lucha reivindicativa ganada a pulso por las islandesas.</p>
<p>Antes del advenimiento del cristianismo en el año 1000, las mujeres en Islandia eran comerciantes, médicas, diosas o sacerdotisas, que disfrutaban del respeto en la sociedad. Después, dioses y diosas fueron reemplazados por un solo Dios, y las mujeres ya no tenían derecho a votar ni a formar parte del parlamento más antiguo del mundo, que data del año 930. Pero, lejos de conformarse con este cambio de estatus, las islandesas comenzaron una lucha que tuvo su primera victoria en 1914 cuando consiguieron el derecho legal a ser sacerdotisas protestantes, aunque este logro no sería real hasta 1974. Ya en 2012 Islandia tuvo a su primera mujer obispo.</p>
<p>En clave política, las primeras mujeres que lograron ser elegidas para el parlamento en 1922 no formaban parte de partidos políticos tradicionales sino de listas de mujeres que, años más tarde, se agruparían en la Alianza de Mujeres, con gran fuerza en la participación política del país. Desde esta plataforma las féminas reclamaban guarderías para niños que les permitiera a ellas adentrarse en el mercado laboral en condiciones de igualdad con los hombres. Esta lucha política contó con un fuerte respaldo social que logró paralizar el país el 24 de octubre de 1975 cuando el 90 % de la población femenina dejó sus puestos de trabajo y sus hogares para echarse a la calle en los que se conoce como el “día libre” de las mujeres. Esa manifestación provocó el cierre de comercios, bancos, oficinas y fábricas y logró que el parlamento aprobase la Gender Equality Act un año después, por la cual se consideró ilegal la discriminación de género en el trabajo y en la escuela.</p>
<p>Pero aún quedaba mucho camino por recorrer en pos de la igualdad salarial, tal y como se puso de manifiesto en las huelgas de 1985, 2005 y 2010 y en un grupo de Facebook irónicamente denominado “Consejos de belleza” en el que se sigue debatiendo sobre cuestiones de género.<br />
Paralelamente y desde el flanco de la educación se han desarrollado programas educativos tan arriesgados como polémicos. El método Hjalli, de la educadora feminista Margret Pala, se asienta en la separación de los alumnos por sexos, la prohibición de utilizar libros de texto y juguetes convencionales y la obligatoriedad de ir al colegio con uniforme. Esta fórmula encontró un buen numero de detractores en los años 80 que se preguntaban por qué segregar a los niños en la escuela cuando en el mundo real conviven juntos, pero hoy en día se aplica en una treintena de escuelas primarias y guarderías y ha sido premiado en multitud de ocasiones. La teoría de Pala es que los niños y niñas se comportan de manera distinta porque atienden a unos roles de su sexo que la sociedad les ha asignado desde la más tierna infancia. Y con la separación en el aula se consigue que las niñas sean más atrevidas e independientes (roles adjudicados a sus compañeros) mientras que ellos aprenden a cuidar de los demás o a llevar ropa de color rosa. “Así, unos y otras obtienen una educación que les compense de lo que no tienen y el otro sexo sí”, explica la ideóloga del método educativo. Cada día se asigna un tiempo para que niños y niñas convivan juntos y se relacionen sin que los pedagogos intervengan en los conflictos de género para que sean los alumnos los que lo solucionen por ellos mismos.</p>
<p>Con medidas adoptadas desde todos los sectores de la sociedad, Islandia va en la buena dirección, según su primera ministra, “pero todavía hay que trabajar mucho para llegar a una igualdad de género perfecta”. Luchar contra la violencia de género y la discriminación será una prioridad del gobierno de Jakobsdóttir, empezando por los partidos políticos y las instituciones de Gobierno.</p>
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		<title>Spindoctress y mujeres de la política</title>
		<link>https://compolitica.com/spindoctress-y-mujeres-de-la-politica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Jan 2018 15:07:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A Fondo]]></category>
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		<category><![CDATA[Imma Aguilar Nàcher]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Imma Aguilar Nàcher, @immaaguilar Consultora política. Estratega. Directora de @perfilpublico Primero de todo aclaremos este título. El término spindoctress existe desde un día de hace algunos meses en que se presentaba en Twitter una jornada sobre comunicación política, cuyo cartel registraba las seis fotografías de los ponentes en dicha jornada. Todos hombres. Reaccioné empleando [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por</strong> <span class="DestacadoB">Imma Aguilar Nàcher,</span> <strong><a href="https://twitter.com/immaaguilar?lang=es">@immaaguilar</a> Consultora política. Estratega. Directora de <a href="https://twitter.com/perfilpublico">@perfilpublico</a></strong></p>
<p>Primero de todo aclaremos este título. El término <em>spindoctress</em> existe desde un día de hace algunos meses en que se presentaba en Twitter una jornada sobre comunicación política, cuyo cartel registraba las seis fotografías de los ponentes en dicha jornada. Todos hombres. Reaccioné empleando este término que no es más que feminizar el vocablo anglosajón <em>spindoctor</em> y que define al consultor externo que aconseja a un político, una campaña o a un gobierno. Muchas mujeres y hombres de la política siguieron usándolo para visibilizar la presencia de mujeres en la consultoría política.</p>
<p>La política está llena de mujeres, cada vez más, pero esto no significa que su presencia en número creciente garantice un cambio o una aportación fundamental o complementaria. El aumento de la cantidad de mujeres está propiciado, además, por reglamento y legislaciones que imponen la inclusión de cuotas determinadas, lo cual garantiza la presencia pero no el desborde ni la feminización inmediata de la política. Hagámonos la pregunta de cuántas mujeres se necesitan para una verdadera transformación de la política, ¿el 50%?, ¿el 70%? ¿Todo? Yo creo que no.</p>
<p>Parece que no se trata de cuántas mujeres, sino de cuáles, de dónde o de para qué. El balance de las cuotas impuestas en la política no ha acabado de ser del todo positivo. Incluso en el caso en que sean mayoría las mujeres por la presencia inducida, descubrimos que los puestos de la decisión siguen estando en manos de los hombres. Se produce una extraña situación en la que las organizaciones políticas consideran que han cumplido el requisito y ya no es necesario hacer nada más. De hecho, los partidos con normas de paridad, no son los que más mujeres tienen en sus cúpulas. A veces, son los que menos.</p>
<p>Pero es que ni siquiera la feminización de la política depende de que haya mujeres, sino de la existencia de actitudes propiamente femeninas en las actuaciones públicas. Hace unos días en un seminario en el que expuse este mismo tema, mostré las fotografías de Dilma Roussef, Michel Bachelet, Cristina F. Kirschnner y Angela Merkel y ningún miembro del auditorio pudo afirmar en esas mujeres que introdujeran feminización a la política solo por su presencia. Sin embargo, cuando en la pantalla apareció la imagen sonriente y distendida de Justin Trudeau, también fue unánime su caracterización como personaje feminizador de la política.</p>
<p>Si nos fijamos en el comportamiento de las empresas, a las que siempre recurrimos cuando se trata de beber de las prácticas más eficaces en relación con la rentabilidad, éstas cuentan entre sus cuadros con mujeres que deciden. Y esto nos lleva a un silogismo: Si las empresas buscan la rentabilidad e incorporan cada vez más mujeres en sus organigramas, es porque las mujeres son rentables para las empresas. Si en política las razones que argumentamos para la inclusión de mujeres son la representatividad, la legitimidad y la justicia social, cabe ahora añadir también el motivo de la rentabilidad.</p>
<p>El enfoque de los escenarios electorales como una guerra conlleva que el que pierde, muere, con la derrota se acaba todo y la competición de fuerzas es más relevante que la estrategia. Frente a este enfoque, el de la política como juego, que significa que el que pierde puede volver a jugar, incluso aprende de los errores. La teoría de los juegos nos enseña el valor de los trucos, la técnica y la inteligencia por encima de la fuerza.</p>
<p>«El arte de la guerra» es el texto de referencia para entender y definir las campañas electorales. Podemos hacer todos los paralelismos entre unas campañas y otras: la rivalidad, las armas, las estrategias, los ejércitos, la jerarquía, la acción y la reacción&#8230; Pero este libro lo escribió un hombre (hay quienes dicen que un grupo de hombres). En esa guerra tuvo que haber mujeres cuya participación fue seguramente crucial, pero ninguna escribió «El arte de la guerra». Nunca quedó escrito cómo era la guerra que vivían las mujeres. Cabe suponer que estaba relacionada con la cooperación, el cuidado de las personas, la planificación del aprovisionamiento,&#8230;</p>
<p>Este ámbito de las mujeres es el ámbito de lo personal. Las mujeres en la historia hemos sido las protagonistas del ámbito privado. Las llamamos «amas de casa» en referencia a una supuesta jerarquía que les da el mando de lo familiar, lo personal. Los hombres, en cambio, protagonizan la vida pública. Es su medio. Cuando las mujeres llevan lo personal a lo público, la política cambia, se torna una política de las personas. Esta es la tesis sobre la feminización de la política, cuando lo personal -el particular espacio de las mujeres- entra de lleno en las decisiones y las acciones. La feminización de la política no es otra cosa que la colocación de las personas en el centro de la política.</p>
<p>El marketing político deriva de la importación de las técnicas de estudio de mercado de la economía y la empresa hacia el espacio político. Pero ¿realmente estudiamos nuestro mercado? ¿Sabemos lo que dudan, temen, desean o esperan los consumidores de la política? Seguramente, en la política, no hemos sido capaces de pasar de la orientación al producto a la orientación al cliente, el verdadero sentido del marketing. Conocer a los electores, saber qué quieren, estudiar sus necesidades, darle soluciones a sus necesidades es orientarse a las personas, es política de las personas.</p>
<p>Si comparamos una fotografía de los responsables políticos de principios del siglo XX con otra de nuestros días (principio del siglo XXI), los porcentajes de presencia de mujeres y hombres no ha variado tanto. En la última cumbre del G20, la fotografía oficial de familia ofrecía la sintomática presencia de 32 hombres y cuatro mujeres. Según el informe de UN WOMEN referido al empoderamiento político de las mujeres en Latinoamérica y el Caribe, solo cinco países tienen leyes de paridad, hay un 22,4% de ministras y un 27,6% de parlamentarias y desde hace unos días, ninguna mujer jefa de gobierno (Michelle Bachelet en Chile era la única hasta las elecciones de diciembre de 2017).</p>
<p>En el empeño de superar esta brecha de género tan importante que vive la política, hay dos formas de abordar el aumento de la presencia de las mujeres. Los guetos o las mezclas. En política se tiende a dar a las mujeres espacios propios separados de los hombres en un intento fallido de sumar. Desde mi punto de vista, se trata claramente de una división, no de una suma. Se observa un tendencia mayor a la «guetización» de los ámbitos políticos, como por ejemplo, asignando a las mujeres papeles enmarcados en zonas tradicionales relacionadas con lo femenino, es decir con el cuidado de las personas, como son los asuntos sociales, la educación, la cultura o la igualdad. Por contra, se reserva a los varones las materias de índole internacional, económica o política. Esa fórmula de asignación de lugares también se produce entre las mujeres que se ocupan de la comunicación o la asesoría política. Así pues, no es extraño que haya espacios exclusivos para <em>Mujeres de la Compol</em> en las reuniones, jornadas o congresos.<br />
La alternativa al gueto en el objetivo de gestionar la presencia de las mujeres en los espacios políticos es la mezcla. Para una consultora política como yo esta alternativa llevaría a la frase de «<em>Yo no quiero hablar en la zona de Mujeres de la Compol, yo quiero hablar donde hablan los hombres</em>» La razón es de lógica pura. En la sociedad occidental, las mujeres y los hombres no vivimos segregados, sino entremezclados. La mezcla es enriquecedora e incluso, más que una suma, puede llegar a ser una multiplicación.</p>
<p>Nos debemos a los datos y de ellos surgen algunas preguntas como ¿Llegan las mujeres a la meta si se les abre la puerta? ¿Cuántas llegan? ¿Todas las que pueden? ¿Todas las que quieren? ¿Por qué no llegan todas? ¿Por qué no pueden? Y la pregunta más conflictiva de todas: ¿Por qué no quieren? Las mujeres tienen que escoger muchas más veces que los hombres entre sus carreras profesionales o políticas y sus vidas personales. A veces las exigencias que se les hace son insoportables y pocas veces atendemos a lo que puede llegar a cansar una vida en esta competición constante y tan difícil de conciliar.</p>
<p>La neurociencia explica la configuración neuronal y cerebral de hombres y mujeres, distinta y enfocada a ámbitos completamente antagónicos de la actuación social de unos y otras. Por su lado, los estudios sociológicos han determinado que hombres y mujeres tienen comportamientos diferenciados cuando interactúan en las organizaciones. Según esto, prescindir de las mujeres es una pérdida de algunas de esas formas de actuar que proceden de la configuración cerebral de ellas y de la cultura acumulada de siglos de hegemonía femenina en el ámbito de lo personal.</p>
<p>A la pregunta de qué aportan las mujeres a la política respondería que madurez, espíritu cooperativo, estrategia y flexibilidad. Pero no solo eso, sino también -como vimos antes- representatividad, legitimidad, justicia social y rentabilidad. Un parlamento, un gobierno, un partido o un grupo político es más legítimo cuanto más se parece a la sociedad a la que representa. Y la sociedad cuenta con la mitad de mujeres que de hombres. De la misma forma que no tendría sentido un gobierno solo de mayores, o de jóvenes, o de campesinos, o de empresarios, carece de ninguna lógica representativa que el gobierno estuviera representado solo por hombres o por una mayoría de hombres. Desde mi punto de vista este es el argumento de mayor peso para la presencia paritaria de las mujeres en los equipos políticos.</p>
<p>En la revista Forbes, edición mexicana, se publicó un estudio que destacaba las cinco virtudes del liderazgo femenino: actitud de cambio, solidaridad auténtica, comunicación plena y activa, desarrollo organizacional e intenciones de mejora y ajuste. Yo las llamaría aportaciones al liderazgo. En política son un complemento perfecto a los atributos del liderazgo masculino: autoridad, firmeza, normativismo y jerarquía.</p>
<p>Según la neurología, en la inteligencia cognitiva reside o se derivan lo racional, la acción, el mando y la agresividad; mientras que en la inteligencia emocional encontramos las emociones, la creatividad, la colaboración y la empatía. El ser político no puede renunciar a ninguna de las dos áreas, la política no puede renunciar a las cualidades asociadas ni a lo masculino ni a lo femenino.</p>
<p>Queda puntualizar que cabe distinguir entre la presencia femenina en los cuadros políticos y las direcciones de instituciones y partidos y la de las mujeres asesoras, las <em>spindoctress</em>.</p>
<p>Cabe puntualizar que todas las aportaciones de las mujeres de la política son válidas tanto si hablamos de mujeres candidatas/políticas como si lo hacemos de mujeres en los equipos de asesoría de campaña o de gobierno. Sin embargo, hay algunas diferencias en lo cuantitativo. Si podemos afirmar rotundo que faltan mujeres en la política, podríamos decir que en la comunicación política son todavía menos. Además, la ausencia de cuotas o impulsos explícitos reducen la presencia de la mujer aún más en este ámbito, no tanto porque haya más o menos mujeres, sino por la invisibilidad a las que se las somete.</p>
<p>La famosa frase «es que no hay mujeres» ni es válida ya, ni nos la podemos permitir. Les puedo asegurar que la dirección de una mujer al frente de un equipo de campaña electoral cambia radicalmente el estilo de trabajo, las relaciones personales, la percepción de la candidatura; pero lo que no cambia es la capacidad del éxito de la empresa política ni el acierto mayor o menor de la estrategia.</p>
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		<title>Entrevista a Virginia García Beaudoux</title>
		<link>https://compolitica.com/entrevista-a-virginia-garcia-beaudoux/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ACOP]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Sep 2017 09:09:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevista]]></category>
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		<category><![CDATA[Communicatio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Directora de Communicatio. «Que las mujeres estén incluidas en los gobiernos y órganos de representación no equivale a que tengan poder» Por Diana Rubio, @driecel Consultora en comunicación política y protocolo. Ana cabrera, @traducompol  Asesora en Intangibles Corporativos, Comunicación institucional y Diplomacia digital. Fundadoras de @WomenCompol El sector de la comunicación política se encuentra en un [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Directora de Communicatio.</h2>
<p><strong>«Que las mujeres estén incluidas en los gobiernos y órganos de representación no equivale a que tengan poder»</strong></p>
<p><strong>Por</strong> <span class="DestacadoB">Diana Rubio,</span> <a href="https://twitter.com/driecel">@driecel</a> <strong>Consultora en comunicación política y protocolo</strong>. <span class="DestacadoB">Ana cabrera,</span> <a href="https://twitter.com/traducompol">@traducompol</a>  <strong>Asesora en Intangibles Corporativos, Comunicación institucional y Diplomacia digital.</strong> Fundadoras de <a href="https://twitter.com/WomenCompol">@WomenCompol</a></p>
<p>El sector de la comunicación política se encuentra en un constante cambio hacia las llamadas nuevas tendencias, sin embargo, existe un aspecto que aunque va teniendo algún avance, todavía necesita tiempo para establecerse: la igualdad entre sexos.</p>
<p>Conseguir visibilidad del trabajo de la mujer en la consultoría es uno de los objetivos de <a href="http://womencompol.com/">WomenCompol</a>, una plataforma que pretende colaborar en la consecución de un trato igualitario en cuestión económica y de reconocimiento hacia las mujeres. Esta labor contempla a varias consultoras como emblema de la lucha por la consecución de estos objetivos, siendo una de ellas la protagonista de esta entrevista.</p>
<p>Virginia García Beaudoux <a href="https://twitter.com/virgbeaudoux">@virgbeaudoux</a> es Doctora en Psicología, especialista en comunicación y psicología política. Es profesora de “Campañas Electorales, Propaganda y Opinión Pública” en la Universidad de Buenos Aires, Investigadora de CONICET, codirectora del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano, Consultora del PNUD, IDEA Internacional y del NIMD para capacitaciones en comunicación política para funcionarios de gobierno, candidatos y mujeres líderes. Dicta cursos de posgrado en programas de Comunicación Política del ICPS de la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad Complutense de Madrid, el Instituto Universitario Ortega y Gasset de Madrid; y el Master en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política de la Universidad Camilo José Cela.</p>
<p>Directora de <a href="http://www.communicatio.com.ar/">Communicatio</a>, consultora en comunicación estratégica, asesora a gobiernos, políticos, partidos y candidatos. Es fundadora del blog <a href="http://communicatio.com.ar/liderarcontacones/">#LiderarConTacones</a> y autora de 11 libros y numerosos artículos en comunicación política. Recientemente ha publicado <em>¿Quién teme el poder de las mujeres? Bailar hacia atrás con tacones altos</em> (Grupo 5, Madrid), una obra que deja entrever las dificultades por las que las mujeres deben pasar en un masculinizado mundo de la consultoría y la política.</p>
<p><strong>En su libro subraya que las mujeres que se atreven a ser líderes políticas en el mundo actual juegan en los mismos escenarios y espacios que los hombres, pero con otras reglas y en condiciones más desfavorables. ¿Qué significa ser una mujer ambiciosa en una sociedad todavía dominada por hombres?</strong></p>
<p>Significa que tendrás que saltar un obstáculo extra. Desde pequeños nos enseñan que hay cosas “propias de mujeres” y “propias de hombres”. Por ejemplo, que la ambición es natural en los hombres y una desviación en las mujeres. Durante las conferencias o capacitaciones a menudo realizo un ejercicio: pido a las y los asistentes que mencionen lo primero que les viene a la mente al escuchar “hombre ambicioso”. Las respuestas aluden a alguien con deseos de progresar, de hacerse un lugar, de construirse un porvenir. Luego les pido que repitamos, pero esta vez con “mujer ambiciosa”. La mayoría de las respuestas devuelven una mujer calculadora, fría, trepadora, manipuladora, egoísta, no confiable. Si eres una mujer ambiciosa tendrás que saltar una valla más que los hombres: la valla de ese prejuicio social y cultural.</p>
<p><strong>¿A qué dificultades se enfrentan las candidatas, ministras, alcaldesas, gobernadoras, diputadas, directivas de empresas, líderes sociales, juezas&#8230;? ¿Y las mujeres que nos dedicamos a la consultoría en comunicación política e institucional?</strong></p>
<p>Durante los últimos años, gracias al trabajo como consultora en comunicación, conocí y asesoré a casi un millar de mujeres en muy diversos países. Se trate de Argentina, Ecuador, Holanda o Suecia, encontré que uno de los obstáculos que más dificultan el acceso de las mujeres a posiciones de poder e influencia, es el estereotipo que indica que el liderazgo es masculino. Eso es consecuencia de lo que denomino “estereotipos espejo”. Si saliéramos a la calle y pidiéramos a las personas que mencionaran tres características propias de un líder, tres propias de los hombres y tres de las mujeres, veríamos que existe una superposición casi perfecta entre el estereotipo del liderazgo y el de lo masculino, mientras que ninguna entre el liderazgo y lo que creemos femenino. Es decir, según los guiones sociales, el buen líder es hombre. Este hecho tiene consecuencias reales: a Oxford le tomó 800 años nombrar una rectora mujer; de los 2.500 líderes políticos y financieros que cada año asisten a Davos el 85% son hombres y el 15% mujeres; por primera vez en 200 años de existencia Scotland Yard está liderada por una mujer; y las mujeres constituyen más del el 50% de la militancia de los partidos políticos pero menos del 16% de las presidencias o secretarías generales de los partidos están ocupadas por ellas. Esa concepción tan arraigada del liderazgo atraviesa todas las prácticas sociales y todos los ámbitos de actividad profesional. La consultoría y la comunicación política no son una excepción.</p>
<p><strong>¿Qué hace falta para que las mujeres alcancen una igualdad sustantiva, no sólo numérica, y ocupar posiciones de influencia y poder político y económico? ¿Y en concreto para España y Latinoamérica?</strong></p>
<p>La auténtica igualdad es sustantiva, no solo cuantitativa o numérica sino también cualitativa en términos de ocupación de posiciones clave en las empresas, los ministerios, las comisiones parlamentarias y todos los espacios donde se reparte el dinero, el poder y se toman decisiones. Que las mujeres estén incluidas en los gobiernos y órganos de representación no equivale a que tengan poder. En Europa en solo 3 de cada 100 empresas una mujer tiene la posición máxima de liderazgo. En 2017, solo 17 países tienen una Jefa de Estado o de Gobierno. Solo 17% de los ministros de gobierno del mundo son mujeres. Apenas 6 de 186 países tienen igual cantidad de ministras que de ministros. Únicamente en 12 de 193 naciones las mujeres ocupan 40% o más de los asientos en los parlamentos. De las 278 personas en el mundo que tienen la responsabilidad de presidir hoy un parlamento, sólo 53 son mujeres. Se necesitan más mujeres en la dirección de las cámaras legislativas, en las comisiones parlamentarias influyentes, presidiendo partidos políticos. Hay que impulsar sellos de igualdad en las empresas, mejorar el acceso de las mujeres a créditos que les permitan financiar sus campañas de la misma manera que lo hacen los hombres. Las candidatas a menudo no reciben el mismo apoyo financiero de los partidos políticos y tienen menos redes que sus colegas hombres para conseguir dinero. También hay que diseñar políticas públicas que alienten la co-responsabilidad doméstica, para que las tareas de cuidado no limiten las oportunidades de participación política de las mujeres. Hay que igualar las condiciones, nivelar la cancha para todas y todos los jugadores.</p>
<p><strong>¿Por qué se acepta como normal que a una mujer candidata le pregunten en las entrevistas de radio y televisión si está capacitada para la tarea, cómo hace para conciliar la vida profesional y la personal, si tiene hijos y cuántos, cómo afecta a su pareja y familia su actividad laboral, etc.?</strong></p>
<p>Los medios de comunicación no escapan a los estereotipos y a los dobles raseros. En reiteradas ocasiones la cobertura periodística resulta en una nociva despolitización de las mujeres porque empuja su imagen pública hacia el territorio de lo privado, acercándolas en la mente de los ciudadanos a asociaciones con lo doméstico y lo familiar, despolitizándolas. Eso les resta credibilidad y capital político. He sido testigo cuando a mis clientas en entrevistas de radio o TV les han preguntado si se harían una cirugía estética, si estaban realmente preparadas para la política, cómo se las arreglarían para tener un cargo importante y no descuidar a sus hijos, o cuál es el regalo más romántico que recibieron de sus maridos. La cobertura sesgada no es inocua: las investigaciones muestran que cuando los medios comentan la apariencia física o la vestimenta de las candidatas (de manera tanto positiva como negativa) o usan una retórica sexista, las mujeres son percibidas menos favorablemente en dimensiones como su confiabilidad o su calificación, descienden en las encuestas, así como también desciende la intención de voto hacia ellas.</p>
<p><strong>Los expertos de la comunicación política contribuimos a menudo a perpetuar esos estereotipos de género porque “vende” porque es lo que “la gente quiere” ¿Cómo las consultoras y los consultores de comunicación política podemos innovar y ayudar a construir campañas y líderes que rompan esos estereotipos? ¿Recuerda alguna campaña de candidata política que haya sido realmente innovadora en ese sentido?</strong></p>
<p>Tenemos que dejar de reproducir estereotipos. Por ejemplo, dejar de comunicar en las campañas que las mujeres candidatas son “más sensibles”, o que son ante todo madres. Por fortuna, contamos con muchas herramientas de comunicación. Por citar solo una, podemos recurrir a la “táctica de reencuadre”. Por ejemplo, se utilizó en 2015 en la campaña de la actual gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, en Argentina. Es el principal distrito electoral del país y nunca había sido gobernado por una mujer. Sus rivales la atacaron argumentando que era ingenua como “Heidi” y que alguien con esa imagen “no parecía” un gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Aplicando la “táctica de reencuadre”, en un spot televisivo la candidata decía:<em>“¿Sabes qué es lo mejor que me dijeron últimamente? Que no me parezco en nada a los gobernadores de la provincia. ¿Así que no me parezco a los que gobernaron todos estos años? Qué buena noticia, porque necesitamos algo muy distinto … ¿Así que no parezco un gobernador de la provincia? Entonces, empezamos bien!”</em>. Con Michele Bachelet se aplicó la misma táctica en la campaña para su primera presidencia, cuando la oposición empezó a instalar la idea de que una mujer era demasiado débil para gobernar. En un spot televisivo Bachelet les recordaba a los ciudadanos que la fortaleza no tiene género, como tampoco lo tienen la integridad, la convicción o la capacidad, y lo remataba invitando a los ciudadanos a reencuadrar el ángulo para mirar el asunto: “<em>Cambiemos de mentalidad. Al fin de cuentas, una mujer presidenta es un gobernante que no usa corbata</em>”.</p>
<p><strong>Los medios de comunicación juegan igualmente un rol vital en la construcción de la imagen de las candidatas políticas y de la agenda política, ¿cómo podemos concienciarles de que las mujeres políticas no son solo conjuntos de ropa y accesorios? ¿Cómo lograr que abandonen los dobles raseros y los estereotipos de género que tanto perjudican e impiden alcanzar esa igualdad sustantiva?</strong></p>
<p>Hay diversos programas e iniciativas en marcha. Desde 2014 he facilitado talleres y capacitaciones organizados por organismos internacionales como Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria (NIMD) o ParlAméricas, dirigidos a periodistas y comunicadores sociales. En ellos los invitamos no sólo a reflexionar sobre los sesgos en la cobertura de la actividad de las mujeres políticas, sino sobre todo a proponer soluciones. Los resultados de esas experiencias han sido positivos y esperanzadores. Por ejemplo, en el taller de NIMD en El Salvador, los periodistas elaboraron un <a href="http://communicatio.com.ar/crean-decalogo-sobre-tratamiento-periodistico-igualitario/">decálogo de recomendaciones</a> para difundir entre compañeros de profesión y estudiantes de periodismo. Entre ellas, proponen cuidar el lenguaje en las redes sociales, no invadir los espacios de la vida privada de las funcionarias o candidatas, respetar la identidad propia de las mujeres políticas y evitar referencias al estilo “la esposa de”. En el <a href="http://www.parlamericas.org/uploads/documents/Decalogo-SPA.pdf">taller que realizamos con ParlAméricas en Chile</a>, propusieron evitar no solo el lenguaje sino también las imágenes sexistas, consultar en igual proporción las opiniones de políticas y políticos en los espacios informativos, y evitar los comentarios acerca de la apariencia física o vestimenta de las políticas. En Argentina recientemente se han establecido unos <a href="http://www.telam.com.ar/notas/201707/196160-campana-2017-paso-cobertura-electoral-principios-informacion-federal-pluralista-equitativa-hernan-lombardi.html">principios para la cobertura de las elecciones en la radio y la TV pública</a>, entre los que se incluye la equidad de género y se solicita que se cuide el equilibrio en la cantidad de mujeres y hombres invitados a participar en los programas como expertos, candidatos y políticos; que se eviten el lenguaje y las imágenes sexistas; que no se les realicen a las candidatas preguntas que no se les realizarían a los candidatos; que no se hagan menciones de la vestimenta y apariencia física de las candidatas, así como comentarios al estilo “la esposa de” o cualquier relación que les quite mérito propio.</p>
<p><strong>En España y Latinoamérica, ¿hemos alcanzado los llamados “techos de nirvana”? ¿Es una utopía pensar que en un futuro próximo ese término será pasado?</strong></p>
<p>En mi trabajo profesional con mujeres políticas, encontré un obstáculo que no estaba descrito en los manuales, y para explicarlo decidí denominarlo “techos de nirvana”. Lo defino como el estancamiento o desactivación de las acciones que persiguen la igualdad, como consecuencia de una ilusión o falsa creencia: la ilusión de que la desigualdad se encuentra superada, que es un problema del pasado, que en nuestras sociedades actuales se han alcanzado las mismas condiciones para todos, que las mujeres “exageran” con sus reclamos. Te das cuenta que estás ante techos de nirvana cuando escuchas <em>“pero … ¿qué más quieren con todo lo que han conseguido?”.</em> Una típica situación en la que se manifiestan los techos de nirvana es, por ejemplo, cuando en una sociedad se obtiene algún importante logro parcial -tal como, por caso, la sanción de leyes de igualdad o de cuotas-. Cada vez que sucede uno de esos avances, con frecuencia se tiende a la desactivación o a la pérdida de vigor en la búsqueda de logros mayores por la igualdad porque se considera que el asunto está resuelto y cerrado.</p>
<p><strong>Como sabe, WomenCompol es una plataforma de mujeres de comunicación política e institucional que lucha por dar visibilidad y ofrecer apoyo a las profesionales de este campo. Como experta de comunicación política, ¿cómo las mujeres consultoras han cambiado la forma de hacer comunicación política?</strong></p>
<p>Toda la evidencia de la que disponemos actualmente, muestra que la diversidad de género en la toma de decisiones mejora los resultados. En 2016 se analizaron las 500 primeras compañías de la lista Fortune y se encontró que aquellas que tenían más mujeres en sus juntas directivas tuvieron 53% más de rentabilidad, 42% más de ventas y 66% más de rendimiento en el capital invertido. La correlación entre diversidad de género en las juntas directivas y mejor <em>performance</em> se encontró en todas las industrias, desde las de consumo hasta las de tecnología. La clave no son las mujeres per se, sino la diversidad. La consultoría y la comunicación política no son una excepción y se benefician y enriquecen cuando se incluye a las mujeres, porque al hacerlo se suman diferentes trayectorias, experiencias, perspectivas, nuevas aproximaciones a los problemas y desafíos.</p>
<p><strong>Muchas mujeres consultoras políticas se enfrentan al ninguneo o menor valoración por parte de los clientes por el simple hecho de ser mujeres ¿Por qué la consultoría política es un campo profesional tan masculinizado? ¿Cómo podemos cambiar esta situación?</strong></p>
<p>Creo que es un campo tan masculinizado como otros. No lo veo como la excepción, sino lamentablemente como parte de la regla. Aun hoy vemos fotos de gabinetes de gobierno en los que no hay una sola mujer. En nuestra profesión encontramos techos y paredes de cristal, nos enfrentamos a obstáculos derivados de prejuicios. Hay que visibilizar el problema. Y, sobre todo, tenemos que educar desde la infancia en el valor de la igualdad. No solo igualdad de oportunidades en el acceso a la educación, sino en el aprendizaje de habilidades: exponer del mismo modo a niños y niñas al deporte, a la ciencia y a la tecnología. Tenemos que cambiar las concepciones actuales de feminidad y masculinidad, eliminar la idea de que la feminidad es incompatible con una carrera política o empresaria porque las mujeres son más débiles o propensas a ciertas funciones “naturalmente” femeninas y, por ende, se puede confiar menos en sus capacidades de liderazgo. No es justo que para ser tenidas en cuenta se les exijan cualidades excepcionales que no se exigen a los hombres. La valoración del desempeño de un liderazgo debería ser la misma se trate de un líder hombre o mujer, sin sesgo de género.</p>
<p><strong>¿Puede darnos algún ejemplo de hombres candidatos políticos que hayan confiado en una mujer consultora de comunicación política para su campaña? ¿Qué aconsejaría a las mujeres que nos dedicamos profesionalmente a la comunicación política e institucional?</strong></p>
<p>Para seguir siendo honesta, la verdad es que tengo clientes hombres que me han confiado y me confían su comunicación. Mi percepción, además, es que con el correr del tiempo las generaciones más jóvenes de nuevos políticos no tienen tantos prejuicios en ese sentido. Creo que también es importante que nosotras, las mujeres, dejemos de sentir vergüenza o pudor por mostrar nuestros logros y autopromocionar nuestro trabajo. Tenemos que perder el miedo de ser ambiciosas y abrazarlos desafíos. Y en el camino de hacerlo, debemos sumar a más mujeres a nuestros equipos para ayudar a las demás, para abonar a la diversidad, y para no sentirnos tan solas o aisladas en este mundo profesional de la comunicación política que aun tiene, aunque cada vez menos, un resabio a club de hombres.</p>
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<p>La entrada <a href="https://compolitica.com/entrevista-a-virginia-garcia-beaudoux/">Entrevista a Virginia García Beaudoux</a> se publicó primero en <a href="https://compolitica.com">ACOP | Asociación de Comunicación Política</a>.</p>
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