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Ética y estética en el liderazgo político


Por Miguel Antonio Molina Picazo, @miguelmolinapcz Experto universitario en Liderazgo Político

El liderazgo político es más necesario que nunca. En los tiempos actuales de desafección y fragmentación del voto se echa en falta la figura del líder, que sigue siendo fundamental en nuestra civilización dado que el ciudadano aspira a estar representado y dirigido por cargos electos carismáticos y creíbles cuidadosos todos ellos de la ética y, también de la estética. La desafección que ha irrumpido en la agenda de todos los partidos políticos ha propiciado la búsqueda de nuevos perfiles que se aproximen al de sus votantes. La lucha por el voto no se gana exclusivamente en las redes sociales o en la calle, sino que también la imagen del líder juega un papel relevante a la hora de obtener el respaldo de la mayoría de la ciudadanía.

Con el paso del tiempo, los políticos se han transformado y adaptado al contexto de cada momento. Las características de los líderes evolucionan progresivamente al tiempo que las nuevas tecnologías imponen en el día a día de las Administraciones Públicas nuevos patrones. Por lo tanto, se llega a la conclusión de que el liderazgo es una de las piezas determinantes del tablero político actual o al menos en momentos puntuales donde el distanciamiento entre sociedad y política es una realidad.

La importancia de ser un líder permite que representantes de partidos políticos cuenten con un importante apoyo en las urnas. Hay casos de políticos que llevan más de 30 años al frente de una institución. Personas con carisma, con inquietudes, con vocación hacia el servicio público y capaces de voltear situaciones psicológicas surgidas por la crisis o por los actuales casos de corrupción, que dañan especialmente la confianza del elector.

Pero, para llegar a ser un líder, se requiere un recorrido previo por los diferentes ámbitos de la sociedad, puesto que “un líder no nace sino que se hace”. El liderazgo se adquiere, principalmente, con la experiencia y con determinadas actitudes que cuadran con las perspectivas de los votantes. La confianza y la credibilidad juegan un papel crucial en este complicado mundo del liderazgo. Los políticos tienen que echar mano de su formación, de su preparación y de su experiencia personal para saber hacia dónde deben ir dirigidas sus políticas. Saber escuchar al ciudadano y saber atender sus necesidades son piezas tan cruciales como sus propias dotes de persuasión.

Como ya se sabe, la vida política es, en algunos casos, efímera y el desgaste al frente de una administración es incuestionable. Tampoco se debe olvidar la importancia de entender el entorno, el contexto sociocultural que afecta tanto directa como indirectamente a nuestros políticos y ciudadanos. Por todo ello, es crucial entender ese modelo de causalidad en la relación entre líderes políticos, votantes/seguidores y contexto (Natera, 2001), para sostener el liderazgo de un político: bien sea alcalde, concejal, diputado, conseller, ministro o presidente de un Gobierno, por citar algunos cargos.

Todo líder que se preste debe tener una motivación personal y unos impulsos por obtener un objetivo común, siendo la cualidad personal uno de los motores de impulso de la actividad de un líder: “La actividad personal viene movida por el impulso para satisfacer unas necesidades o lograr unas metas” (García y Lucas, 2009:200).

Hay que tener muy presente que el candidato -a la vista de los votantes- puede ser un dechado de virtudes, el mejor de todos. Los liderazgos se amoldan a nuevas tendencias que marcan los ciudadanos y los contextos socioeconómicos o de otra índole, como puede ser la comunicación y la presión social por causa de la crisis. Quienes “encuadran” con éxito sobre lo que quiere indicar una crisis, saben que tienen la llave para desgranar las estrategias apropiadas para su resolución eficiente (Boin, Hart, Stern y Sundelius, 2007). Y es que cuando surge una crisis, se espera liderazgo.

Un líder debe ser un gran motivador para el grupo, “ayudando a alcanzar y mantener niveles óptimos de rendimiento y satisfacción en el trabajo” (Canales y Romero, 2014:250). Estos líderes tienen que resolver los problemas al tiempo que deberán tomar unas decisiones adecuadas en cada momento. Tal y como se puede apreciar, estos términos son similares al de un líder empresarial o más bien al de un jefe, pero con la salvedad de que no todos los jefes son líderes.

Liderar también supone crear unas expectativas que con el paso del tiempo se deben cumplir. Los políticos se acostumbran a lanzar mensajes y promesas que vienen reflejadas en programas electorales aunque algunos aseguren que “los programas electorales están para incumplirlos”.

Todo político que salta al aura política o a la vida pública debe aprender a relacionarse y a saber atender las demandas de sus vecinos independientemente de su ideología. El liderazgo no es sólo el resultado de una persona, sino que hay otros elementos -de carácter más organizacional-, que están jugando también un efecto en la capacidad de liderar (Canel, 2010:119-120).

Hay que tener claro que quien llega a liderar un ministerio, una alcaldía o un gobierno, sólo cuenta con cuatro años para consolidarse en el poder. Y la aplicación de su estrategia política y comunicativa no puede extenderse más allá de ese plazo (Canel, 2010:20), por lo que el trabajo en equipo, los factores externos y el contexto, juegan un papel no menos importante que el propio liderazgo.

Por ello, los medios de comunicación de masas y sociales (redes sociales) han cambiado por completo costumbres, hábitos y formas de entender la política y la forma de gestionar una administración. Con el paso de los años la sociedad se ha ido adaptando a esos nuevos modelos y cambios provocados por la tecnología digital. Dicha tecnología se adapta con eficacia y comodidad a una sociedad abierta, relacional y móvil que pasa muchas horas en la calle, en contacto con otras personas (Gutiérrez-Rubí, 2011:114), y que ha sido la culpable de que nuestros terminales sean ya una extensión más de nuestro cuerpo. La dependencia es absoluta y cualquier líder sabe que su mensaje debe pasar por la red para llegar a un público amplio y disperso. “La red no permite anular las diferencias entre partidos grandes y pequeños o entre candidatos con muchos medios económicos y candidatos sin recursos. La capacidad de invertir permite desarrollar mejor su presencia y llegar a públicos más amplios” (Giansante, 2015:25).

En otras palabras, el líder inventa, crea caminos y administra para lograr la meta deseada a medio y largo plazo bien sea a través de los medios tradicionales, medios digitales u otras estrategias. Todo evoluciona máxime si se tiene en cuenta que el liderazgo se ejercía desde la prehistoria, teniendo como fundamento las palabras, los sonidos y las imágenes (Arroyo, 2014).

El líder tiene que ser capaz de mirar el presente, pero también el futuro. “En la democracia actual, dominada por lo inmediato -algunos la llaman democracia consumista-, la mayor dificultad del liderazgo reside, principalmente, en convencer a los ciudadanos de que los proyectos que se proponen responden a la doble dimensión de las preocupaciones por los problemas de hoy y su trascendencia para las generaciones futuras” (González, 2013:26-27).

Por lo tanto, el liderazgo en política viene muy ligado a la comunicación persuasiva del individuo. La promoción de sus políticas, sus discursos y su gestión tiene que ser trasmitida por algún canal que impacte en la sociedad, de lo contrario, un líder silenciado tendría muchas más dificultades para ser conocido por la masa de su municipio. “Los líderes refuerzan diariamente su papel de referentes políticos mediante su capacidad de hacerse ver o, lo que es igual, llamando la atención de los profesionales de la comunicación” (Delgado, 2004:17).

También el líder se hace fuerte y se consolida a base de sortear diferentes momentos de tensión o crisis de gobierno, que provocan puntos de inflexión o, incluso, momentos de cambios (Mora, 2014). Pero las crisis no solo afectan a los representantes electos y a los partidos, sino también a la propia la ciudadanía. La falta de confianza en partidos e instituciones se hizo patente en estos últimos años (Sanders, 2014). La corrupción política creó un punto de inflexión hasta ahora nunca visto. El surgimiento de nuevos partidos y nuevos rostros al panorama político favorecieron un cambio de actitud en un votante degastado por los incumplimientos.

Los nuevos líderes acuñan, por tanto, una nueva forma de gobernar más transparente y participativa. Se valora el hecho de que democracia y liderazgo vayan unidos. Sin democracia no habría liderazgo, puesto que la persona que ejerce esa cualidad debe contar con el respaldo de los ciudadanos a través de su participación en unos comicios democráticos y plurales. Pero no sólo hay que quedarse con el liderazgo ético del que se ha hablado al inicio sino que, resulta necesario que dicho liderazgo sea al mismo tiempo estético tanto en las formas como en el fondo. No hay mejor líder que aquél que cumple con las expectativas, que transmite seguridad, que sea leal con los ciudadanos y con la administración, pero, en especial, que sea responsable y viva con pasión su compromiso con las urnas.

Programa Liderazgo

Desde el pasado mes de octubre de 2014, la Universidad Miguel Hernández de Elche emite en su programación de radio universitaria un espacio dedicado al liderazgo político, presentado y dirigido por el periodista e investigador predoctoral de la Universidad de Alicante, Miguel Molina. En sus dos años en antena ha conseguido llegar a la final de los Premios “Micrófono UMH” y recientemente se ha alzado con el Victory Award a la Excelencia en Periodismo Político. Liderazgo es un programa mensual que ha contado con entrevistas de destacados líderes políticos internacionales, empresariales y profesionales de la comunicación política.

Bibliografía

ARROYO, L. (2014). Del Storytelling al storydoing. En E. GUTIÉRREZ, y J. RODRÍGUEZ, El futuro de la comunicación. (págs. 105-113). Madrid: LID Editorial.

BOIN, A., HART, P., STERN, E., y SUNDELIUS, B. (2007). The Politics of crisis management. [La política de la gestión de la crisis: el liderazgo público bajo presión]. Traducido por ALMEDO, J. Madrid: INAP.

CAMPILLO, C. (2011). Comunicación Pública y Gestión Estratégica Municipal. Un estudio exploratorio sobre la agenda temática. España: Instituto Andaluz de Administración Pública.

CANALES, J. M., y ROMERO, A. (2014). El liderazgo político. En J. M. CANALES, & J. J. SANMARTÍN, Introducción a la Ciencia Política. (pág. 410). Madrid: Editorial Universitas.

CANEL, M. J. (2010). Comunicación de las instituciones públicas. Madrid: Tecnos.

DELGADO, S. (2004). Sobre el concepto y el estudio del Liderazgo Político. Una propuesta de síntesis. Psicología política., 7-29.

GARCÍA, M., y LUCAS, A. (2009). La comunicación personal. En A. LUCAS, La nueva comunicación. (págs. 191-214). Madrid: Trota.

GIANSANTE, G. (2015). La Comunicación Política Online. Barcelona: Editorial UOC.

GONZÁLEZ, F. (2013). En busca de respuestas. El liderazgo en tiempo de crisis. Barcelona: Debate.

GUTIÉRREZ-RUBÍ. (2011). La política vigilada: La comunicación política en la era Wikileaks. Barcelona: Editorial UOC.

MORA, J. (2014). Cultivar la reputación con ayuda de la comunicación. En E. GUTIÉRREZ, & J. RODRÍGUEZ, El futuro de la comunicación. (págs. 117-124). Madrid: Lid Editorial.

NATERA, A. (2001). El liderazgo político en la sociedad democrática. Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

SÁNCHEZ, R. (2014). La comunicación política. En J. M. CANALES, & J. J. SANMARTÍN, Introducción a la Ciencia Política. (págs. 375-383). Madrid: Editorial Universitas.

SANDERS, K. (2014). La academia ante los retos de la comunicación pública. En E. GUTIÉRREZ, & J. RODRÍGUEZ, El futuro de la comunicación (págs. 95-104). Madrid: Lid Editorial.

 

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